Decisiones compartidas

blogeditor · 27 de agosto de 2021

Decisiones compartidas

Nota de la editora: en esta entrada de En la Madre, Bárbara Hoyo cede el espacio al Dr. Raymundo Canales de la Fuente, su médico de cabecera, ante las dudas recibidas por distintas lectoras sobre el proceso de la histerectomía.

 

La miomatosis uterina es la aparición de tumores benignos en la matriz, que en la mayoría de los casos no causan incomodidad y por lo tanto no requieren tratamiento; pero en los casos en los que provocan molestias, los médicos debemos ofrecer solución.

Durante mi formación como ginecólogo escuché decir a mis maestros, en múltiples ocasiones, que quien debería escoger el mejor tratamiento para cada mujer, ponderando los riesgos y beneficios, es el médico. Dicha actitud es bienintencionada, pero resulta incongruente con los tiempos modernos, además de ser paternalista y despreciar la capacidad de reflexión, análisis y decisión del personaje más importante en el acto médico: la paciente.

He de decir que en aquellos tiempos las opciones terapéuticas eran pocas: se podía brindar tratamiento con el único medicamento disponible, o se podía extirpar el tumor, con enormes posibilidades de fracaso, ya que resultaba difícil contener el sangrado o la extirpación del órgano completo.

Hoy, gracias a los avances técnico-científicos, tenemos un amplio abanico de posibilidades: existen tratamientos con ondas térmicas de ultrasonido que pueden disminuir las dimensiones de algunos miomas, medicamentos de elevada eficacia que provocan la disminución del tamaño de los tumores, cirugías de invasión mínima para algunos tumores que se encuentran en el interior de la cavidad uterina y son susceptibles de ser extirpados por vía vaginal, la extirpación de los tumores mediante cirugía abierta abdominal, o la extracción de la matriz completa junto con el tumor, con mejores posibilidades de éxito, ya que hoy contamos con fármacos que provocan que los vasos sanguíneos que irrigan la matriz se contraigan durante un lapso corto de tiempo.

A diferencia de lo que proponían mis maestros, la actitud moderna consiste en hablar sobre estas opciones con la mujer que padece el problema, para que sea ella quien decida el camino a seguir. El papel del médico es, entonces, de acompañante y articulador de las técnicas modernas para llevar a cabo el tratamiento.

Es importante decir que, a pesar del sorprendente progreso de la medicina, no hay garantía bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia. Los riesgos existirán con todo y las precauciones que tomemos, por supuesto con diferencias intrínsecas relativas a cada uno de los tratamientos.

A la luz del panorama que describo podemos acudir a algunos ejemplos. Imaginemos a una mujer de 27 años, sin hijos y sin intención de tenerlos pronto, que se presenta con síntomas claros de un mioma de 10 centímetros de diámetro. Mi primera obligación consiste en mostrarle las evidencias de la existencia del tumor para posteriormente comentar las opciones de tratamiento. Lo que se antoja de sentido común es que seguramente escogerá algún tratamiento con medicamentos que disminuyan el tamaño del tumor en tanto pasa el tiempo necesario para decidir uno o varios embarazos, pero eso no es automático en la sociedad contemporánea.

Me he encontrado con mujeres jóvenes convencidas de que nunca tendrán hijos, que no los desean hoy y están seguras de que no cambiarán de idea en el futuro. Parece difícil, pero las circunstancias existen hasta la evidencia de personas jóvenes que solicitan ser esterilizadas quirúrgicamente. Para seguir con el ejemplo, la mujer solicita que se le extirpe la matriz junto con el tumor, lo que le brindará la anulación de la capacidad para gestar, la ventaja de no tener sangrado menstrual y la solución al mioma. Por supuesto, el médico debe asegurarse de que la decisión se fundamenta en datos reales, que nace de ella misma y que no se encuentra sujeta a ningún tipo de presión externa; si esos requisitos se corroboran y el médico está convencido de que ella no presenta ni el menor asomo de duda, su obligación es actuar en consecuencia y extirpar el órgano, independientemente de su sentir respecto a la decisión.

En el extremo contrario, imaginemos a una mujer en sus cuarentas con un tumor similar, con los hijos que deseaba tener, para la que se antoja, con base en el sentido común, la extirpación del órgano con el tumor y, por el contrario, decide el camino de los medicamentos a pesar de la posibilidad del crecimiento ulterior del mioma. Aquí, de nueva cuenta, la obligación del médico gira en torno a la libertad de la paciente.

Como médico quizá cuesta trabajo la adaptación a las circunstancias modernas, pero resulta inevitable porque presupone el progreso y el crecimiento de la sociedad en su conjunto. No existe ninguna otra solución razonable, debemos dar pasos firmes y decididos hacia el respeto absoluto de todas las mujeres en todos los ámbitos, y la atención sanitaria es un campo muy sensible.