Animal Político · 2 de octubre de 2026
En política, llamar “delincuentes” a los adversarios es un golpe duro. Pero ¿basta esa palabra para cometer calumnia electoral? La Sala Superior del Tribunal Electoral respondió que no: para sancionar un mensaje no es suficiente que sea áspero o molesto. Importa qué se dijo, cómo se dijo y si se atribuyó un delito o un hecho falso concreto.
La discusión surgió de un promocional del PRI para radio y televisión. Morena lo denunció por presunto uso indebido de la pauta y calumnia. Entre otras expresiones, el spot afirmaba: “prometieron acabar con la corrupción y terminaron siendo los más corruptos de México”; “hoy son un movimiento de delincuentes”; “lo están saqueando y lo están destruyendo”; y “ahora son la mafia del poder”.
Al resolver el procedimiento especial sancionador SUP-PSC-37/2026, la Sala Superior determinó por unanimidad que las infracciones denunciadas eran inexistentes. ¿Por qué permitir expresiones tan severas?
La libertad de expresión tiene una protección reforzada en el debate político. La ciudadanía necesita escuchar posiciones contrapuestas, incluso cuando los partidos recurren a palabras incómodas, exageradas o provocadoras. De ahí que una restricción deba estar plenamente justificada y que los mensajes electorales se examinen en su contexto, no a partir de frases aisladas.
Decir que quienes prometieron acabar con la corrupción “terminaron siendo los más corruptos” expresa una valoración política sobre una promesa y su supuesto incumplimiento. La palabra “corrupción” puede aludir a delitos, pero en ese mensaje no identificó una conducta delictiva específica ni presentó un hecho falso concreto como cierto.
La frase “movimiento de delincuentes” fue, sin duda, la más agresiva. Sin embargo, dentro del promocional operó como un calificativo general del adversario, no como la acusación de que Morena o alguno de sus integrantes cometió un delito determinado. Su dureza, por sí sola, no la convierte en calumnia.
Algo semejante ocurre con “lo están saqueando y lo están destruyendo”. En el lenguaje político, “saquear” no siempre describe un tipo penal: también se usa para censurar una forma de gobernar. Y “mafia del poder”, expresión recurrente en la confrontación partidista, admite varios sentidos; no equivale necesariamente a imputar un delito concreto.
Leído en su conjunto, el promocional contiene una crítica peyorativa y deliberadamente intensa. No alcanzó, sin embargo, el grado de precisión necesario para atribuir a Morena un hecho o delito falso. Por eso la Sala Superior concluyó que no hubo calumnia ni uso indebido de la pauta.
La decisión no da carta blanca para inventar delitos y difundirlos. Traza una frontera: la acusación falsa y concreta puede sancionarse; la opinión política, por feroz que resulte, merece protección. A la democracia se le hace un flaco favor cuando se pretende resolver en los tribunales cada insulto de la contienda. Los partidos deben poder responder a las palabras con palabras. La justicia electoral interviene cuando se cruza el límite jurídico, no cuando el debate deja de ser amable.