Maricela Rosales · 7 de mayo de 2012
Escrito el domingo a las 16:00 hrs.
Y llegó el día del debate o batidillo, las expectativas de muchos de nosotros se centran en prácticamente las cifras de triunfos que uno de los candidatos manejará y nada más, del esfuerzo que la única mujer candidata hará por parecer la “number one” pues representa al partido que se encuentra al frente del gobierno y del morbo o “interés” que gira alrededor de aquel que parece cambiar de posición y aún a pesar de los años cuenta con simpatizantes muchos… del cuarto, bueno de ese mejor ni hablar, bueno si, quizá del look desaliñado condechi que lucirá.
El fútbol no solamente es negocio sino pasión, esperanza; aspectos que para serles sincera no creo que el debate ofrezca a muchos de los mexicanos, sin embargo creo y ya saben que me declaro una optimista incurable, ser parte de este ejercicio democrático como observador nos integra de manera política a nuestra sociedad.
En fin creo que no tenemos la sociedad que nos merecemos sino que creamos a partir de nuestras responsabilidades que nos tocan cumplir como miembros de esta.
Peña que forma parte del partido político más antiguo ya que desde los tiempos de Alí Baba ya contaba con 40 afiliados encaja perfecto para un chiste que me contaron hace tiempo y el cual transcribo a continuación:
Un día, mientras caminaba por la calle, Peña Nieto, candidato a la presidencia, es trágicamente atropellado por un camión y muere.
Su alma llega al Paraíso y se encuentra en la entrada a San Pedro en persona.
– Bienvenido al paraíso, le dice San Pedro. Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un político importante ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo.
– No hay problema, déjame entrar, le dice Peña.
– Bueno, me gustaría, pero tengo órdenes desde lo más alto. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir donde pasar la eternidad.
– De hecho, ya lo he decidido. Prefiero estar en el paraíso, dice Peña.
– Lo siento, pero tenemos nuestras reglas. Y con esto San Pedro acompaña al candidato al ascensor y baja, baja hasta el infierno.
Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. A lo lejos hay un club y de pie delante de él están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que trabajaron con él en el Estado de México. Juegan un agradable partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el club con un extenso bufete de sushi y deliciosos postres. Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando. Se está divirtiendo tanto que, antes de que se dé cuenta, ya es hora de irse.
Todos le dan un apretón de manos y lo saludan mientras sube al ascensor. El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso donde San Pedro lo está esperando.
– Ahora es el momento de estar en el paraíso. Ahí el candidato pasa las 24 horas sucesivas brincando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. Se divierte mucho y, antes de que se dé cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.
– Entonces, has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora debes elegir tu eternidad.
Peña reflexiona un momento y luego responde:
– Bueno, no lo habría dicho nunca, quiero decir, el Paraíso ha sido precioso, pero creo que he estado mejor en el infierno, con todos mis amigos.
Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno.
Cuando las puertas del ascensor se abren se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de porquería y desperdicios. Ve a todos sus amigos, vestidos con trapos, que están buscando qué comer entre la basura y metiéndolos en bolsas negras.
El Diablo lo alcanza y le aprieta el cuello con la mano.
– No entiendo, balbucea Peña. Ayer estaba aquí y había un campo de golf y un club y comimos sushi, postres… y bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es una tierra desierta llena de basura y mis amigos parecen unos pordioseros.
El Diablo lo mira, sonríe y dice:
-¡Ayer estábamos en campaña mi amigo! Hoy,.. ¡¡¡Ya votaste por nosotros…!!!
Vamos a ver que tal les va a estos candidatos en el debate, pero haremos bien en tener muy presente este chiste además de tener presente la encuesta que refiere a un hecho alarmante y es que el 95% de los políticos se declaran ateos. Tras un análisis detallado de la muestra se ha llegado a descubrir la causa: les resulta imposible creer que después de esta vida pueda existir otra mejor.
Nos leemos la próxima…y no se le olvide que el que debate…bate el chocolate…Ahí les dejo un video para que empiecen su semana de…batiendo.