Redacción Animal Político · 30 de abril de 2024
Crecimiento económico, empleo e inflación. Infraestructura y desarrollo. Pobreza y desigualdad. Cambio climático y desarrollo sustentable. 90 minutos. O lo que es lo mismo: 11 minutos por bloque. Este fue el formato y los temas que se trataron en el segundo debate presidencial del pasado domingo.
Y yo me pregunto cómo se puede tratar con profundidad temas tan prioritarios y diversos en tan solo 90 minutos. Si hacemos cálculos, cada candidato tiene aproximadamente tres minutos para hablar de la crisis climática por ejemplo. Si es que se deciden a responder las preguntas (cosa que no harán).
El debate del domingo evidenció el total desinterés por la crisis climática que enfrentamos y más inquietante aún, la falta de comprehensión (o cinismo) sobre conceptos básicos como sostenibilidad, acuerdos de París y qué es (y qué no es) energía limpia. La variedad de temas también demostró las fracturas que existen entre las propuestas de los candidatos para el crecimiento económico, la infraestructura, la pobreza y el cambio climático que muchas veces se contradicen, lo que debilita aún más las pobres propuestas ambientales que se mencionaron en el último bloque. Se discutió a punta de “verdes”, “sostenibles”, “sol y aire”, sin ningún sustento detrás de estos conceptos.
El agua fue el tema que más se mencionó por las obvias razones de escasez crónica a la que nos enfrentamos. Pero sorprende (e inquieta) el ángulo abordado: se habla sobre todo de infraestructura hidráulica para atenderlo. No se mencionan estrategias concretas para hacerle frente al problema de distribución, de fugas, de saqueo por parte de grandes corporativas; no se discutieron propuestas de ahorro de agua ni de los graves problemas de contaminación que nos acechan. La candidata Xóchitl Gálvez afirmó que “agua hay, pero se necesita una ingeniera para resolver el tema”; la candidata Claudia Sheinbaum sigue esa misma lógica y habla de nuevas fuentes de agua, como la desalación en Tijuana (con costos prohibitivos además de la alta cantidad de energía que se requiere para este tipo de proyectos). Presume que “logramos traer 1.5 metros cúbicos adicionales” y achaca el problema de escasez a “los tres años que hemos tenido de sequía muy prolongada que disminuyó el agua del Cutzamala”. De racionamiento, nada. Solo la infraestructura para traer el agua de cada vez más lejos y si ya no hay, o no alcanza, de desalar. La infraestructura como el centro de una estrategia que exige capas de complejidad.
La energía fue otro de los temas claves en este debate: los tres candidatos debatieron sobre energías limpias, renovables, de un México verde. Pero al momento de mencionar estrategias concretas la realidad empieza a resquebrajarse: Xóchitl habla de que “vamos a hacer de Pemex una empresa eficiente […] con un nuevo modelo de negocio que invierta dinero, de donde es rentable, que es Pemex-Exploración”. En pocas palabras: invertir en exploración de pozos de petróleo más profundos, con las subsecuentes emisiones de gases de efecto invernadero. Sheinbaum presume la “refinería Dos Bocas, que por primera vez va a permitir, junto con la repotenciación de las refinerías y la compra de la refinería Deer Park, disminuir la importación de gasolinas”. Xóchitl no cuestiona la sensatez de invertir en ellas, solo afirma que “no se instaló en un lugar estratégico”. Termina revelando su apuesta por el gas, mencionando que “la termoeléctrica de Tula tiene solución, pasémosla a gas natural y dejará de emitir demasiados gases de efecto invernadero”. Esto se alinea también con los proyectos de Sheinbaum por el gas como transición y el anuncio orgulloso de que “se están construyendo muchísimas plantas de ciclo combinado” (o sea, funcionando a punta de combustibles fósiles). Finalmente, todas parecen estar de acuerdo con que continúen los subsidios a los combustibles fósiles como quedó en evidencia en el primer bloque, en el que se defendió a capa y espada la estabilización y baja de los precios de la gasolina. Aún así, Xóchitl exclama, sin darse cuenta de las contradicciones: “¡Tenemos que dejar esta adicción a los combustibles fósiles!”. Vaya.
De ahí que todas se quedan calladas y evitan responder a la temible pregunta: “¿estamos en condiciones como país para responder y cumplir con los compromisos internacionales en materia ambiental? Siendo hoy 2024 y la meta es 2030”.
La realidad es que no. Pero nadie se atrevió a decirlo. Las magras propuestas de las candidatas no solo no son ambiciosas en la lucha contra el cambio climático, sino que están en contra de todos los compromisos climáticos internacionales que ha hecho México: el gas natural no es una energía de transición, es bloquear e invertir en activos que van en contra de la reducción de emisiones y complican la transición a energías más limpias. El gas natural, que es metano, calienta la atmósfera con un factor 80 veces superior al dióxido de carbono. Lo que las candidatas no quisieron decir es que actualmente los compromisos de México están evaluados como dramáticamente insuficientes: alineados con una trayectoria de calentamiento global de 4 grados (tendría que ser de 1.5). Las propuestas hechas el día de ayer refuerzan este camino.
Xóchitl termina proponiendo que “el 50 por ciento de energía sea renovable para el 2030, […] que tengamos cero neto de emisiones para el 2050”. Como si fueran propuestas suyas innovadoras y ambiciosas. Pero no son propuestas, son compromisos que ya hizo México en el cuadro del acuerdo de París y las COPs (y que están lejos de ser cumplidos).
Y así se suceden las propuestas utópicas, sin sustento, sin cifras detrás de los números que lanzan en los tres segundos que les quedan, sin valoraciones económicas sin estudios técnicos. Todas muy sonrientes van desgranando sus logros y proyectos: que vamos a tratar el 100 por ciento de las aguas residuales para 2040, que se va a financiar la instalación de dos millones de paneles solares para las familias (Xóchitl), que se va a desarrollar un Plan Nacional de Infraestructura Educativa que busca colocar paneles solares en todas las escuelas de este país, en todos los hospitales y Centros de Salud (Máynez). Sheinbaum no se queda atrás y presume del teleférico más grande del mundo, del trolebús elevado que es una obra única en el mundo, de la planta solar de la central de abastos, también la más grande del mundo, del programa Sembrando Vida, también el programa más importante de reforestación del mundo, con más recursos que todos los fondos verdes de cambio climático … (sin sorpresas) también del mundo. Máynez asesta el golpe final y menciona, todavía sonriente, que se va a hacer un fondo minero sustentable.
Todo parece ser lo más grande y lo mejor del mundo, lo más verde y más sustentable. Me pregunto de dónde saca la comunidad internacional que estamos en números rojos. Y en mi cabeza no dejo de repetirme lo que Daniel Moreno, director de Animal Político, nos dijo en la sesión de trabajo para verificar los debates presidenciales: “no debemos de acostumbrarnos a que los políticos mientan, por eso verificamos”. La información siempre tiene que ser confiable y verdadera, pues influye en elecciones.
Pero los candidatos siguen. Terminan concluyendo que “van a traer la vida donde hoy se pasea la muerte” y de que todo será “rock and roll y fútbol”. En fin.