Dealers: actores clave en la reducción de riesgos y daños

Redacción Animal Político · 8 de agosto de 2023

Según la gente y los medios de comunicación, los dealers son malos, despiadados, sólo buscan hacer mucho dinero, tienen poder y hacen daño sin importarles nada más. Con ellos no se puede hablar, no tienen nada qué aportar ni están dispuestos a hacerlo, son peligrosos, no puedes ni debes acercárteles. Sin embargo, mi experiencia como operador de un dispositivo comunitario de reducción de riesgos y daños en la ciudad de Cali, Colombia, me ha mostrado otra realidad.

El poder de las redes

Ingreso al barrio Sucre a través de la calle 18, que es reconocida en la ciudad de Santiago de Cali (Colombia) como la calle del “H”, debido a la dinámica de venta y uso de heroína inyectada en el espacio público. Cuatro manzanas de este barrio configuran la comunidad local en la que nuestro Dispositivo Comunitario de Reducción de Riesgos y Daños realiza sus acciones bajo el Modelo de Tratamiento Comunitario. Mientras camino, reconozco a muchas personas y ellas me identifican a mí: comerciantes, recicladores, trabajadoras sexuales, usuarios de drogas inyectadas, vecinos del barrio y dealers, etc. Estos últimos me saludan y tomo consciencia de que ahora estoy más seguro. Camino con tranquilidad porque sé que aprueban mi presencia en el lugar, que no represento una amenaza y que tanto yo como mis compañeros y compañeras significamos una oportunidad de apoyo para usuarios de drogas –como para cualquier otra persona de la comunidad– y que, si respondo una llamada telefónica, no temen que sea un policía infiltrado. Además, camino con la seguridad de que nadie me va a robar el teléfono, lo cual es bastante raro en esta ciudad. Entonces pienso que el dealer no es tan malo como la gente lo cree. Me pregunto si nuestro trabajo en torno a la reducción de riesgos y daños sería posible si ellos fueran como la gente piensa que son o como nos lo dicen en los medios. Y no romantizo al dealer, pero me es difícil verle quitándole su humanidad.

En una charla informal, JJ me comenta cómo, tras no lograr encontrar empleo, decidió empezar a vender drogas en el barrio Sucre. MA por su parte, un joven “duro” y que controla tres puntos de venta de droga, llora mientras me narra su historia, un telón de fondo en el que converge el conflicto armado del país y donde claramente se ve cómo opera la política prohibicionista. Hablo con PP y veo que lleva una carga moral, pues considera que lo que hace causa daño a los demás y que algún día pagará por ello, “aquí o en el más allá”. Pienso en los tres y agradezco que hayan confiado en mí para contarme sobre sus vidas, pero no dejo de pensar que también son víctimas dentro de todo este sistema y se me desdibuja el relato que oficialmente se ha construido en torno a ellos.

Los dealers como actores clave en la reducción de riesgos y daños

Los dealers no asisten a una reunión si los invitas –como sucede con otros actores de la comunidad–, pues al final sería algo que los movería de su lugar de poder. Generalmente tienen poco tiempo si deseas conversar con ellos. Sin embargo, en el barrio Sucre, los dealers nos reconocen y permiten que cumplamos nuestra función en torno a la reducción de riesgos y daños. Es significativo saber que algunos de ellos custodian la Naloxona 1 y la entregan a quien la necesite si se presenta un caso de sobredosis por uso de heroína. Algunos de ellos son los primeros respondientes y han salvado vidas, nos llaman si se requiere o se comunican con los servicios de urgencias. Hoy en esta comunidad existe un récord de cero muertes por sobredosis de heroína en la calle desde el año 2021.

En las actividades comunitarias, los dealers facilitan nuestro acceso y el de las instituciones públicas al territorio para dar respuesta a las necesidades de las diferentes personas de la comunidad. En un mundo donde las salas de consumo supervisado cobran cada vez más sentido, en la ilegalidad algunos dealers manejan espacios donde proveen seguridad a las personas usuarias de drogas mientras se inyectan heroína y son capaces de actuar para ayudar si se presenta una emergencia. En otras latitudes, algunas organizaciones de personas usuarias de sustancias trabajan con vendedores de drogas ilegalizadas convirtiéndoles en agentes clave de promoción de la salud entre comunidades de usuarios.

Reflexiono sobre esta realidad que describo que no es la misma que conocí en el 2018 cuando, por primera vez, con miedo y con mis propias representaciones sociales, entré al barrio Sucre. Así que considero que quedarnos en un solo lugar, un punto fijo donde nos sintiéramos seguros y facilitar el intercambio de jeringas/agujas sería un camino fácil. Caminar la calle, tejer relaciones de confianza con cada persona, el líder formal, con el comerciante, con usuarias y usuarios de drogas inyectadas y con actores que, en algún momento –al menos en mi mente– eran impensados, como los dealers, nos lleva a que hoy ese tejido social les incluya. Y pienso que tanto ellos como las personas usuarias de drogas llegan a los lugares a los que nosotros no podemos llegar; que participan de rituales alrededor del uso de sustancias para los cuales otros estamos vetados y, por lo tanto, reafirmo que la reducción de riesgos y daños es con ellos; que entablar relaciones con cada actor que habita el territorio es clave, y que este asunto necesariamente debe incluir a dealers y usuarios. El dealer que atiende un caso de sobredosis, que ayuda en algo, como lo plantean Serrano, Oliveira, Milanese y Gussi (2020) está “poniendo en común su tiempo, motivación, inteligencia, etc. Esto constituye el capital de todos: el capital social, el poder”, el cual permite dar respuestas oportunas a las necesidades de las personas.

Comentario final

Las políticas prohibicionistas han perfilado a las personas usuarias de sustancias ilegalizadas y a los distribuidores de dichas sustancias como enemigos de la sociedad. Así que no es gratuito que existan representaciones sociales alrededor de ellos que les señalan como peligrosos, malos y carentes de emociones, entre otras. No obstante, reconocer a las personas como sujetos de derechos, teniendo presente su humanidad, permite acercarse a su esencia. Hacer reducción de riesgos y daños desde una estrategia de redes que tiene por filosofía que cada actor comunitario puede participar y con ello tiene algo qué aportar, ha sido fundamental para que más allá de los liderazgos formales en la comunidad (que son muy importantes) cualquier persona se involucre: los comerciantes, los vecinos, los usuarios de drogas, los actores, las instituciones y, por supuesto, los dealers. Atender casos de sobredosis, custodiar naloxona, facilitar el trabajo de otros, brindar un marco de seguridad para quienes aportamos a la respuesta frente a necesidades y acercarse a comer de la misma olla durante la actividad comunitaria, son manifestaciones que claramente permiten incidir en el cambio de representaciones sociales que se han construido en torno a ellos y, a la vez, decir que pueden participar y que la reducción de riesgos y daños –aunque muchos no sepan aún qué es–, debe hacerse con ellos.

* Jaime Alberto Marulanda Ospina, Corporación Viviendo. Contacto: [email protected].

 

Referencias:

Southwell, Mat (2010). “People Who Use Drugs and Their Rol in Harm Reduction”, en Tim Rhodes & Dagmar Hedrich, (eds.). Harm Reduction: Evidence, Impacts and Challenges (101-104). Luxemburg: Publications Office of European Union.

Lima, M. Silva, R. Oliveira, M. Milanese, [et. al.] (2020). “Tratamiento Comunitario. Experiencias de un paradigma de transformación social”, en: Relaciones y poder en la comunidad: horizontalidades, complementariedades, simetrías y participaciones (134). Brasilia, DF: Technopolitik.

 

1 Medicamento esencial para revertir sobredosis por uso de opioides.