De sobornos, zanahorias y citas en línea

blogeditor · 9 de enero de 2014

De sobornos, zanahorias y citas en línea

A finales del año pasado, en una de esas comidas cada vez menos frecuentes en las que la sobremesa dura y dura, conversé con un grupo de amigos nacidos y criados en Estados Unidos sobre los rituales del cortejo en este país. Quise saber qué tan distinta había sido su experiencia –noviazgos, rutinas- en contraste con la mía y la de mi generación en México. Para nosotros (hasta donde recuerdo, porque ya ha llovido de aquello), el acercamiento romántico en la juventud incluía, por ejemplo, una suerte de declaración formal. Uno no “era novio” de alguien hasta que no encontraba la valentía para “llegarle” a la chica en cuestión.

Y luego estaba, claro, la manera misma cómo conocíamos a la pareja. Mis padres se vieron por primera vez en una fiesta. Mis abuelos, en un baile. Yo conocí a mi esposa gracias al azar más caprichoso, en el Mundial de Alemania. Para mi sorpresa, la experiencia de muchos de mis amigos estadounidenses resultó similar. Quizá podría resaltar una suerte de mayor informalidad: en Estados Unidos no era -y mucho menos es- necesario el romántico gesto de la declaración. Más allá de eso, todos vivimos noviazgos -y desilusiones- parecidas.

Después de celebrar nuestras coincidencias, uno de los invitados me dijo algo que me pareció interesante. “Si quieres encontrar diferencias, averigua cómo se relacionan los jóvenes ahora”, me sugirió. “Puedes empezar por OkCupid.

Al día siguiente aproveché un rato de ocio para investigar un poco sobre las tendencias de lo que acá se conoce como “online dating”, o sitios de internet dedicados a gestionar citas. OkCupid es la (digamos) red romántica más popular entre los jóvenes en Estados Unidos. Es un auténtico catálogo para solteros. El servicio es gratuito, aunque por 5 dólares al mes es posible obtener acceso al “A-List”, el “acceso premium” que ofrece más filtros de búsqueda además de eliminar la presencia de anuncios. El sitio tiene casi 4 millones de usuarios.

[contextly_sidebar id=”a35c2b335f1f4913a1629242bde795bb”]Las cifras de OkCupid son reveladoras sobre todo si se agregan a otras, más generales, sobre el fenómeno del romance por internet en Estados Unidos. De acuerdo con un estudio del Centro Pew, 10% de los estadounidenses dicen haber usado un servicio de citas en línea, mientras que un 5% de los casados o en una relación de largo plazo conocieron a sus parejas a través de la red. Otra: entre aquellos que llevan juntos diez años o menos, 11% se conocieron gracias a un servicio de Internet. Casi 40% de los solteros que buscan pareja lo hacen a través de un sitio dedicado específicamente a ello. Me parece todavía más interesante que aquellos que participan activamente en lugares como OkCupid de verdad encuentran, en muchos casos, una pareja. De acuerdo con la encuesta del Pew, 23% de los usuarios dice haber contraído matrimonio o establecido una relación estable con alguien que conocieron en línea.

Es, en efecto, un mundo completamente diferente al que conoció mi generación: parece que lo importante ya no es el “verbo” y la valentía para pedir un teléfono en una fiesta, sino la habilidad para crear un buen perfil acompañado de una buena foto y, claro, la habilidad para contestar inteligentemente los mensajes que llegan al “in box”.

El fenómeno también ha dado lugar a otros servicios más polémicos. Mi favorito se llama Carrot dating. Creado por Brandon Wade, un ingeniero graduado del MIT, el sitio tiene una premisa, digamos, singular: el usuario tiene acceso al catálogo de usuarios, escoge a una candidata (o candidato) y le ofrece una “zanahoria”: un soborno en especie para que acepte una cita. Así es: usted puede registrarse, encontrar a una chica de buen ver y decirle: “si sales conmigo a cenar te pago el tanque de gasolina durante una semana”. Si la señorita (o joven) en cuestión se pone rejega(o), siempre hay la opción de ofrecer algo mejor. ¿Qué tal un viajecito, por ejemplo? Después de que el usuario y la candidata (o) se ponen de acuerdo en la naturaleza del bien a intercambiar, el sitio ofrece una suerte de carta compromiso para que luego no haya malos entendidos.

Evidentemente, ni a Wade ni a su sitio les faltan críticos. “Es prostitución”, dicen algunos. Pero Wade ni se inmuta. Hace un par de días lo entrevisté y le pedí una reacción. Me explicó que Carrot dating no es una ocurrencia: tras una exhaustiva investigación, Wade descubrió que los usuarios de otros espacios sugerían precisamente la creación de un sitio que se dejara de hipocresías y aceptara que, aunque no le guste a las buenas conciencias, el juego de las citas por Internet es “superficial” y transaccional. ¿Qué mejor que dejarse de rodeos y poner sobre la mesa lo que uno está dispuesto a dar con tal de salir con la persona en cuestión?

“¡Espléndido es el mundo nuevo!”

 

@Leon_Krauze