Lady Mossad · 8 de abril de 2011
Hoy es miércoles 6 de abril de 2001, esto lo leerán luego del viernes, supongo…
Me han ido llegando invitaciones vía FB para integrarme a la marcha nacional por la paz, que han titulado: “estamos hasta la madre”.
La marcha en otras ciudades, Tijuana, curiosamente, no la encuentro incluida en la lista que publican los medios nacionales. Debe ser porque Tijuana no ha sufrido los estragos de la inseguridad… Sí, es ironía, y obvio, uno de mis tantos malos chistes negros. Y no, no sé si la hubo.
Medito en el sentido de la marcha: motivaciones, significación, implicaciones pero sobretodo en la trascendencia. Leo y escucho comentarios sueltos: que si el actual gobierno ha sido incapaz de cumplir con su obligación de proveer seguridad y estado de derecho, que si el exhorto de la marcha pugnaba por apelar no sólo a las autoridades sino también a la delincuencia organizada como equiparándolas a un punto de igualdad; que no se trata del hijo de un destacado poeta, sino de más de 40,000 “daños colaterales”; que si desde cuándo las marchas brindan soluciones o salidas viables a las carencias y/o debilidades de las políticas públicas; o que si el avivamiento de la ciudadanía por confrontar su perenne y sempiterna pasividad; and so on… Me quedan en el aire dos preguntas:
¿Qué es estar hasta la madre? ¿Y de qué estamos hasta la madre?
Luego de años de escuchar a mi familia, concluyó que el estar hasta la madre es la forma en que los mexicanos denominan ese punto de inflexión en que son dominados por la indignación y el hartazgo producido por su propias incapacidades y miedos. Sí, es de mexicanos estar hasta la madre.
Los mexicanos hemos encontrado en la inseguridad pública que provoca la guerra contra el narco el epítome perfecto para justificar –aquí y ahora- nuestras fallas como sociedad. No logramos avanzar nada en la década que se nos fue, al contrario, retrocedimos; y sin embargo seguimos creyendo que el problema más grande que enfrentamos es la inseguridad y lo es, pero la inseguridad entendida como el miedo a no reconocernos como individuos, seres capaces de resolver y proveer nuestras propias vidas. Como seres incompletos llenos de miedo, que sólo miedo manifiestan y con miedo se relacionan.
Estamos enloopados con el narco, como estuvimos alguna vez con las crisis económicas, igual que con la idea de la construcción de la democracia y los fraudes electorales, con la corrupción, y como seguro lo estuvimos antes con otras cosas.
Estamos acostumbrados a señalar culpables, mientras los culpables de la falta de certidumbre en todos los ámbitos somos nosotros mismos, que conformamos instituciones chungas con valores obsoletos desde la familia.
El conservadurismo, el autoritarismo, el paternalismo, la carencia de sentido común, la carente autoconciencia de responsabilidad que nuestras referencias de educación no nos han provisto, ni tampoco nos han permitido crecer. Somos una sociedad de niños inseguros que no termina de madurar, desarrollarse, hacerse cargo de sí misma. No hay desarrollo sin madurez, y aquí interprétenlo en sentido amplio. Hay que re-construir desde el modelo de familia porque desde ahí estamos agotados.
México está indignado y harto, pero de sí mismo.
Cuando argumentan que hay que “reconstruir el tejido social”, suelto un poco el cuerpo y me río, está bueno eso de tener la capacidad de burlarse de uno mismo. Porque no hay que reconstruir nada, eso que llaman tejido social no es más que un remedo de alegoría a la mexicanidad; y la “mexicanidad” también está rebasada.
Ése, el “ser mexicano”, al que la retórica de muchos políticos e intelectuales nacionales apelan, no sirve, hay que botarlo, hay que hacerse uno acorde a la realidad. Y hasta eso nos conflictúa, no sabemos mediar entre asirnos del sentido común y nuestros idealismos. La pasamos fantaseando como recurso de arropar nuestros miedos.
Y les tengo una noticia peor, la identidad nacional, esa alma de lo mexicano que tanto nos gusta alardear cuando nos exponemos ante lo exterior: ES la chingada, la chingada madre de la que ya estamos hartos. Vivimos entonces atrapados en la mismísima chingada. ¿Verdad que ahora sí me entendieron?
La violencia, la inseguridad, es el melting pot que saca a flote el fallo de nuestra identidad nacional al no encajar con las demandas globales, y que durante la década casi agotada perdimos una oportunidad enorme de reconstruir. Y esa oportunidad la hemos perdido una y tantas veces a lo largo de toda la historia del país.
Si volteamos a ver la narcocultura, porque el narco también es cultura, nos topamos con una serie de valores refriteados que emanan de nuestro mexicanismo: machismo, autoritarismo, conservadurismo, paternalismo, apego una bizarra forma de religiosidad culpígena, ego, etc; más de lo mismo, de lo de siempre. Cultura que se ve reforzada entre medios, iglesia, gobiernos corruptos, educación retrógrada y demás bonitas instituciones que hemos conformado para educarnos como sociedad; y así, los narcotraficantes termina siendo héroes, sublimaciones. Y en México tenemos avidez de héroes, de salvadores, de mesías, de quién venga a poner orden porque nosotros no podemos.
Ante nuestras instituciones nos mostramos suspicaces, ellas ya no construyen modelos a seguir, están agotadas y nos han pasado por encima como trenes; suplicamos roles, porque nos encanta que nos manden y no solucionen la vida porque de otra manera no sabemos resolver nuestros problemas. Acceder al narco es fantasear con una cuota de poder y de sentirse menos impotente, menos humillado.
Al paso que vamos el narcotráfico será la vía, aunque equivocada, a la que miles de mexicanos terminarán sucumbiendo porque les aporta eso que no encontraron en la legalidad: reconocimiento, plenitud. Mientras no reiniciemos el disco y entendamos que los que nos identifica está jodido y todos los nacionalismos no son más que miedo, nunca vamos a superar la inseguridad nacional.
Nuestra inamovilidad, ese querer permanecer siempre los mismos por no traicionar nuestras “raíces y esencia”, es un impasse caduco que nos tiene sometidos en su yugo de terror, más que 40,000 muertos.
Este gobierno, la estrategia de combate a las drogas, la militarización paulatina, etc, todo pasará; hundiéndonos más en la miseria y podredumbre de nuestras contradicciones y necesidades insatisfechas; recuerden que México, nosotros, seguiremos siendo la chingada que nos tiene hasta la madre.