Jorge Avila · 17 de marzo de 2026
La iniciativa de reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum y respaldada únicamente por Morena (y algunos diputados suyos incrustados en el Partido Verde) en la discusión en comisiones en la Cámara de Diputados, es un documento que testimonia no solo obcecación hegemónica y autoritaria, sino la clara negación de dos de los valores y principios esenciales de las democracias: la verdad y la pluralidad.
En la exposición de motivos, la presidenta Sheinbaum —pues ella firma la iniciativa— afirma que los “escandalosos fraudes electorales” de 2006 y 2012 “son parte de esta historia accidentada de transición a la democracia en México. A pesar del espíritu autoritario del régimen y de la represión, las fuerzas verdaderamente democráticas perseveraron. México tardó 40 años en llegar a la democracia; incluso se estableció una alternancia que fue en realidad una simulación democrática”. En otros términos: para la presidenta y Morena, los fraudes electorales existen no porque las fuerzas políticas que los denuncian los prueben y demuestren siguiendo los procedimientos que establece la norma electoral, no porque así lo considere el tribunal electoral, última instancia en la materia… sino simplemente porque ellos perdieron. No es algo menor que la titular del Poder Ejecutivo justifique una reforma electoral con una mentira que ignora las normas, los procedimientos y las autoridades electorales que dieron a este país elecciones confiables en todos los órdenes de gobierno.
Pero hay más en la exposición de motivos de la iniciativa. Refiriéndose a los gobiernos electos en 2018 y 2024, la presidenta dice: “Nunca se había tenido un gobierno verdaderamente democrático en donde la voluntad popular fuera respetada de manera irrestricta”. Este desplante lo avalan la presidenta y Morena, quienes hoy tienen una sobrerrepresentación en el Congreso de 20 %, lesionando la voluntad popular de quienes no votaron por su coalición.
No es la intención repetir los bien fundamentados argumentos, hechos por exconsejeros del INE, por académicos y por organizaciones civiles, que explican i) que la única reforma electoral que tendría sentido en México no es una que desaparezca la representación proporcional (como hace la iniciativa de Sheinbaum para el Senado), sino una que garantice la representación exacta: los partidos deben tener el mismo porcentaje de curules en el Congreso que el porcentaje de votos recibido; ii) que la reducción presupuestaria al INE afecta funciones esenciales que garantizan elecciones confiables, certidumbre y escasos conflictos poselectorales; y iii) que la reducción del financiamiento a los partidos abre aún más la puerta a financiamiento ilegal y reduce sus posibilidades de competir en condiciones de equidad, lo que afecta el pluralismo.
Ante una iniciativa de reforma que niega cualquier contribución democrática de fuerzas políticas que no sean Morena; que niega la existencia de la democracia si no es bajo regímenes morenistas; que afecta la pluralidad política del país y el funcionamiento de las autoridades electorales y de los partidos políticos no mayoritarios, vale la pena analizar lo que dice la Constitución sobre la pluralidad.