blogeditor · 29 de diciembre de 2021
Con el fin de festejar el Día Mundial de la Filosofía, el encuentro del Observatorio Filosófico de México (OFM) celebró la autognosis. Bajo el título “¿Cuáles son los problemas más importantes que obstaculizan a la filosofía mexicana hoy?”, se reflexionó sobre dicha pregunta, que contiene en sí misma una afirmación: existen dificultades (y serias). Hablar de ellas requiere por lo menos dos aclaraciones: 1) las compartimos en buena medida con otras disciplinas y sus representantes profesionales, y 2) los filósofos, en ejercicio autocrítico, reconocemos nuestra responsabilidad en el atolladero (un sector de filósofos, más bien; desconozco el parecer de otros colegas en campos distintos).
Una cuestión vigente —ya tiene rato— es la de los libros especializados, las memorias de congresos, coloquios y conferencias, producto de una labor académico-filosófica enclavada en la academia misma; es decir, de ahí no salen. Incluso entre pares es prácticamente inexistente la lectura mutua de textos aportados, ya sea por considerarlos impropios para una corriente especializada o por falta de tiempo, debido a los tejes y manejes de la productividad que absorbe y aísla.
Si bien es preocupante la incomunicación entre pares (ubicados en “capillas” o ensoberbecidos con el prestigio individual), añadamos el apartamiento de la sociedad, de la vitalidad social y sus múltiples conflictos, los cuales se podrían intentar resolver desde una (ausente) orientación filosófica. ¿Cómo hacer llegar la Filosofía, se dice ahora, a la plaza pública? No lo sabemos bien, y además estamos en el centro de estructuras adversas a la divulgación y la dilatación de la Filosofía, ahogada en los medios de comunicación y colocada, dentro de las redes sociales, entre millones de imágenes comerciales, etcétera, que la hacen desaparecer en una galaxia de estulticia y superficialidad.
A propósito de Internet, se han creado en el sector educativo las denominadas “clases virtuales”. Algunos sostienen que representan una oportunidad para aprovechar las tecnologías de la información y la comunicación en favor de la enseñanza de la Filosofía; otros denuestan el uso de la técnica por reproducir más radicalmente la educación disciplinante e individualista. La moneda está en el aire. Faltan discusión y precisión del fenómeno, particularmente en el tema de la propagación de la Filosofía.
Asimismo, los filósofos, en su mayoría, viven la precarización laboral. Serio riesgo. Plazas de tiempo completo y vacantes por jubilación, fallecimiento o renuncia del titular se desgranan en horas-asignatura bajo contrataciones temporales, amén de una paga misérrima. Con el tiempo, a estos colegas “temporales” se les podrá despedir sin miramiento y, en tales condiciones, la Filosofía podría desaparecer de la escuela donde se imparte o verse reducida a su mínima expresión, debido a la cancelación de las clases respectivas, aduciendo la reglamentación laboral que no implica obligación de recontratación por parte de la autoridad en turno.
Antes de continuar, anotemos la necesidad, apuntada en este ciclo de mesas de debate, de agruparse, colectivizarse, hacer fuerza común los filósofos, como un modo de alcanzar soluciones frente al egocentrismo fomentado en la academia; frente a los ataques constantes del poder contra la Filosofía; frente a las pésimas circunstancias académico-laborales. Y como suele acontecer, la manera de hacerlo (cohesionarse) resulta difícil de ver. Sin embargo, la problemática ha quedado asentada, lo cual ya es ganancia.
No se puede dejar de mencionar, por lo doloroso e injusto que es, el factor de género: hay menos filósofas mujeres en los campos laborales de la docencia y la investigación. E igualmente constituyen la minoría en las promociones ganadas (por ejemplo, en el Sistema Nacional de Investigadores).
Es un hecho que hay un embate (sea abierto o encubierto) contra la Filosofía por parte de la política educativa neoliberal. Éste parece ser el riesgo mayor. Por ejemplo, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García —al menos 100 unidades prometidas para el sexenio actual de la Cuarta Transformación— borraron toda huella de la Filosofía en su plan de estudios. La dimensión utilitaria del mundo capitalista asume el dogma de que sólo la ciencia y la técnica tienen prioridad, pues dan lugar a inventos productivos, rentables y benéficos para la población. Las humanidades y la Filosofía quedan, si acaso, en segundo término, en este panorama. Ahora bien, si se demuestra la justificación de que, como realmente sucede, provocan la crítica, la libertad, la proporción justa de los acontecimientos, entonces, como propone el liberalismo económico a ultranza, se les deberá desterrar.
En resumen, el evento organizado por el OFM propició un paso en la comprensión del estancamiento de nuestra disciplina; pero aún faltaría más autocrítica, y también, además, soluciones ¿Qué hemos estado haciendo para llegar a una situación como la actual? ¿Y las respuestas concretas a los problemas, dónde están? Quizás no sea consuelo decir que otros intelectuales (historiadores, literatos, psicólogos) padecen múltiples dificultades semejantes a las apuntadas, pero resaltémoslo: sí deberíamos abrir un espacio de solidaridad más amplia (¿interdisciplinaria?).
* José Alfredo Torres es doctor en Filosofía y profesor del Posgrado en Pedagogía y en la Facultad de Contaduría y Administración, todo por la UNAM. Es autor de los libros Bartolomé de las Casas, utopía vigente; Educación no violenta; México y su moral; y Educación por competencias ¿lo idóneo?, así como editor de los textos: “Políticas educativas y las transformaciones de la universidad pública: El desmantelamiento del gobierno universitario y de la autonomía”, “Realismo político y utopía” y “Lógica(s), argumentación y pensamiento crítico”.
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