blogeditor · 21 de septiembre de 2015
Por: Mariana Roca (@SansSobriquet)
“En Colombia la vida privada suele respetarse”, leo en una nota del 15 de septiembre que refiere cómo suspendieron la solicitud de imputación contra Carolina Sabino por haberse sometido a un aborto voluntario, tan solo un día después del anuncio de su procesamiento.
¿Qué fue lo que pasó? Al parecer, el teléfono de la actriz y cantante Carolina Sabino está intervenido por motivos que nada tienen que ver con la autonomía reproductiva. Así, la fiscalía se enteró, por una llamada privada, que la actriz interrumpió su embarazo y abrieron un proceso en su contra. Al día siguiente todo el mundo sabía (y juzgaba), con nombre, apellido y curriculum vitae a una señora por algo que sólo a ella la incumbe.
¿Lo peor? En un comunicado publicado por Carolina Sabino, la actriz manifiesta su desconcierto pues nadie le había notificado que se abrió un proceso en su contra. Lo que sí se abrió fue la caja de Pandora y todos aquellos que tienen la certeza de que se vale juzgar a otros abrieron sus grandes bocas y desenvainaron sus grandes plumas y, decididos a corregir todo el mal que hay en el mundo, hablaron, contaron y comentaron lo que la actriz había hecho y lo que le ocurriría como consecuencia.
Lo siguiente son las exageraciones de los más temerosos, los más ignorantes y los más egoístas asegurando que todo es un ardid para legalizar el aborto en todo el país sin importar las causales.
¿Es esto real? ¡Por supuesto que no! El aborto en Colombia es legal en caso de violación, en caso de malformaciones no compatibles con la vida fuera del útero y cuando la salud de la mujer está en riesgo, y el argumento para procesar a Sabino fue que ninguna de estas tres causales aplica a su caso.
[contextly_sidebar id=”UmmZyWF5Is57q5T5YawotJmE0xRUsGDZ”]Lo que tampoco aplica es meter las narices en la alcoba ajena. El fiscal canceló el proceso contra la actriz porque no le quedó más opción, ante los reclamos de los grupos a favor de los derechos reproductivos de las personas en Colombia. No tuvo opción después de que alguien cometió el error de filtrarle a la prensa lo ocurrido. No tuvo opción cuando la opinión pública enloquecida tuiteó y tuiteó y tuiteó reclamando su opresión, su proceder y su indiscreción. El fiscal asegura que la indiscreción no fue suya. Supongamos que le creemos. Supongamos que con eso basta para que Sabino y su familia vuelvan a vivir una vida en paz. Supongamos que el periodismo de espectáculos y los grupos más conservadores van a soltar el tema.
En México, y probablemente en Colombia, cada vez que una mujer llega a los servicios de salud con una hemorragia, pidiendo que la atiendan de emergencia porque está asustada y su vida está en peligro, sepa o no sepa que está embarazada, se haya provocado o no un aborto, la condenen o no la condenen legalmente, su nombre con todo y apellidos aparece en los periódicos locales, exponiéndola al juicio de su comunidad. Suelen ser mujeres que no tienen un manager, ni un Twitter, ni a un periodista persiguiéndolas. Son mujeres vulnerables, como tal vez lo es Sabino, con la diferencia de que una actriz escribe 140 caracteres y el proceso en su contra se detiene. “Me sorprende que un episodio tan personal y doloroso sea expuesto a la ciudadanía, sin tener consideración con mi familia”, fueron sus palabras en Twitter.
— Carolina Sabino (@sabinocaro) septiembre 12, 2015
¡Pero no sólo eso! El mismo fiscal que abriera un proceso en contra de la actriz, el mismo que lo cerraría un día después, asegura que quiere “tener una discusión seria y académica en el país para presentar un proyecto de ley que avance en la protección de los derechos de la mujer a interrumpir el embarazo”. ¿Es necesario que la mujer víctima del sistema que pone en riesgo su salud y su vida sea una actriz con abogados, manager y una cuenta de Twitter para que los legisladores volteen a ver a las mujeres? Leo que la vida privada debe respetarse y no podría estar más de acuerdo. Sería necesario que, famosas o no famosas, deje de publicarse la historia más íntima y personal de las mujeres. Leo que “la vida privada se respeta independientemente de las discusiones filosóficas”, pero no veo a procuradores de salud ni de justicia respetando la vida privada de las mujeres. Si la decisión de una figura pública ayudara a colocar el tema sobre la mesa para salvar la vida, la salud y la autonomía de todas las mujeres, tal vez deberíamos pedir a las más famosas que hagan pública su vida privada. Pero lo único que se alcanza a ver, aquí y allá, es el escarnio y a muchos espectadores deleitándose del baño de morbo y lodo.
* Mariana Roca, Comunicación @GIRE_mx