De las justas demandas de las trabajadoras de hogar

blogeditor · 30 de marzo de 2021

De las justas demandas de las trabajadoras de hogar

El trabajo del hogar, como otros servicios de cuidado, se encuentra al frente de la línea de batalla contra el covid19 ante el incremento en las necesidades de limpieza y cuidado al interior de los hogares. Sin embargo, esto no ha significado estabilidad o seguridad laboral para el sector. Por el contrario, las condiciones de precariedad y vulnerabilidad se han acrecentado.

Como sociedad, desde el gobierno hasta los mismos hogares, nos queda pendiente el cómo vamos a saldar la deuda histórica con el trabajo del hogar, pues aún con la relevancia que implica para el sostenimiento de la vida y el tiempo propio, las condiciones precarias en las que se ejerce sigue representando un doloroso y cuestionable subsidio al bienestar de los hogares.

Como personas empleadoras asumamos la responsabilidad de contratar trabajo del hogar firmando un contrato escrito, pagando un salario justo e inscribiéndoles al IMSS. Como gobierno, que las puertas estén abiertas para escuchar y atender sus demandas y que lo escrito en ley sea una realidad para las 2.3 millones de trabajadoras del hogar en México.

De acuerdo a datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en América Latina y el Caribe un 70.4%1 de las trabajadoras del hogar han tenido algún tipo de afectación por las medidas de confinamiento, ya sea por la pérdida de sus empleos, la disminución de sus ingresos o el aumento en sus actividades laborales, sin que esto signifique un mayor ingreso o el pago de horas extras. Y en México, antes de la pandemia, ya un 51.9% de las trabajadoras del hogar se encontraba en situación de pobreza.2

Y es que el dedicarse al trabajo del hogar implica enfrentar varias capas de desigualdad y discriminación ya sea por género, clase, etnia, condición migratoria, entre otras.

Como ejemplo de ello, el 87.7%3 de las personas que se dedican al trabajo del hogar en el país son mujeres, ya que se sigue asociando a las actividades domésticas como un rasgo de lo femenino que no requiere profesionalización, conocimiento o experiencia. Y aunque el trabajo del hogar es una ocupación altamente feminizada, existen importantes brechas de género al interior.

De las mujeres ocupadas en el trabajo doméstico, 47% tiene ingresos de hasta un salario mínimo, en tanto que en los hombres la proporción es de 27%.4 En cuanto a prestaciones, 75.0% de ellas no tiene ninguna prestación laboral, mientras que en los hombres la proporción asciende a 64.9 %5. Este fenómeno también se ha visto en los registros del programa piloto del IMSS, en donde hasta junio del 2020 un 29% de las personas inscritas eran hombres, porcentaje que no es proporcional al total de hombres (5%) que se dedican al trabajo del hogar de acuerdo a la ENOE I/2020.6 Estas brechas pueden deberse a una mayor negociación por parte de los hombres o bien, a la desvalorización de las actividades que son realizadas por mujeres.

Por otro lado, históricamente el origen de la mayoría de las trabajadoras del hogar es rural e indígena y esto refleja el desarrollo desigual donde el campo ha proporcionado alimento y mano de obra baratas a las ciudades7. Sabemos que de las más de 2 millones de trabajadoras del hogar en México, aproximadamente el 28.43% es de origen indígena y 28.6%8 nacieron en una entidad federativa distinta a la de su residencia actual.

Estos son solo algunos de los ejemplos por los que hoy 30 de marzo, Día Internacional de las Trabajadoras del hogar, muchas organizaciones y trabajadoras del hogar en México y alrededor del mundo se estarán movilizando con diversas acciones para seguir colocando en la agenda pública la reivindicación de sus derechos, una agenda que adquiere mayor urgencia y relevancia ante la crisis económica y sanitaria que atentan con los avances logrados hasta el momento y advierte el recrudecimiento de las condiciones de desigualdad existentes.

Sin embargo, queda en la memoria que los avances hasta ahora logrados, como las reformas a la Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social, la creación de un Programa Piloto de incorporación al IMSS y la ratificación del Convenio 189 de la OIT, no han sido fortuitos, sino resultado de la organización y la lucha colectiva para denunciar las condiciones de violencia, discriminación, abuso y explotación. Una lucha mucho más ardua que, a diferencia de otros sectores laborales, no solo ha tenido que reclamar condiciones de trabajo justas o salarios dignos: ha tenido que partir desde el reconocimiento mismo de que su actividad es trabajo y, por tanto, merece los mismos derechos que cualquier otro, así como demandar ser nombradas con dignidad y sin sobrenombres despectivos.

* Indra Rubio (@Indrarub) es coordinadora del programa de género y derechos económicos, sociales, culturales y ambientales del @ISBeauvoir.

 

 

 

1 ONU Mujeres, OIT, CEPAL, Trabajadoras Remuneradas del Hogar en América Latina y el Caribe frente a la crisis del Covid-19.

2 ENIGH 2016 en OIT, Perfil del trabajo doméstico remunerado en México. 2019.

3 INEGI. Estadísticas a propósito del día internacional del trabajo doméstico 2020.

4 Ídem.

5 Ídem.

6 OIT, La Prueba piloto para la incorporación de las personas trabajadoras del hogar al Instituto Mexicano del Seguro Social. Estudio de resultados y recomendaciones para el régimen obligatorio, 2020.

7 Goldsmith, Mary. De sirvienta a trabajadoras. La cara cambiante del servicio doméstico en la Ciudad de México.

8 Organización Internacional del Trabajo (OIT). Perfil del Trabajo Doméstico Remunerado en México, 2019.