De las agresiones en redes social (o coman más verduras)

blogeditor · 27 de mayo de 2019

De las agresiones en redes social (o coman más verduras)
Foto: http://www.feedingzgz.com/

A veces creo que me estoy volviendo loca, tengo una enfermedad crónica, o debo comer más verduras, Twitter por estos días es un hervidero y lucha de clases. Sí, mis queridos lectores. Así como lo leen. Si no te dan ganas de llorar cuando sales de Twitter, fallaste como tuitero.

Deberíamos de hablar más de la paz que sentimos estando en pijama y sabiendo que tienes una camita y comida en el refri, o que puedes abrazar fuerte a tu mascota para ver si se te pega algo de inteligencia, que de lo que se habla todo el día en las redes sociales.

Incluso en los grupos a los que pertenezco y que tienen como política no hablar de política, hay sombrerazos. Decía Jorge Luis Borges que existe una amargura en el hombre que ha mirado mucho tiempo la luna solitaria y yo creo que esa amargura es la que se vive detrás de la pantallita de mi celular.

Las agresiones verbales en las redes sociales se están convirtiendo en algo habitual, tanto que ya no nos extrañan, e incluso nos divierten… siempre que no seamos nosotros los agredidos…

Facebook, Instagram, Twitter, YouTube son un foco continuo de discusión y agresividad. El hecho de que muchas personas con intereses, ideas y gustos diferentes se junten en un mismo espacio para opinar y debatir, ya es una causa suficiente para que puedan generarse conflictos.

Pero si, además, le agregamos que «no se ven las caras» y no pueden leer el lenguaje no verbal de la otra persona… el conflicto está asegurado.

¿Cómo sería la vida en redes sociales sin agresiones? Oigan, que yo soy una tuitera de la vieja escuela, de esas que iban a las reuniones tuiteras a conocer a los que terminaron siendo twittstars y que en su momento me desilusionaron pues resultaron ser seres como cualquier otro ser humano. Incluso hubo desilusiones magnánimas (siempre quise usar esa palabra), pues resultaban ser incluso seres sin ningún chiste, aun platicando con ellos.

Por eso ahora cuando veo tanto perfil montado en su macho ofendiendo y encarando, lo primero que imagino es un ser chiquito. Sí, así como cuando el Chapulín Colorado se tomaba su pastillita y se hacía chiqui-mini-chiquito, a muchos me gustaría decirles: “si no les gusta su vida, hablen con el autor”.

Porque sé que simplemente creando un perfil falso en una red social, algo que es lamentablemente bastante sencillo, puede una persona dañar a otra sin problema alguno (mediante el insulto, calumnia, menosprecio, etc.) Además, en algunos casos, es muy difícil seguir el rastro del agresor, por lo que este se siente protegido por la red.

Pero aunque no sea creando un perfil falso, el agresor verbal puede utilizar un simple «alias» (o nick), por lo que se siente “libre” de ser fácilmente descubierto por la víctima o su entorno. Un alias es como colocarse un antifaz que le permite realizar fechorías sin poder ser identificado de forma sencilla.

Este anonimato hace al agresor más «valiente», por lo que sus agresiones verbales son más fuertes y frecuentes, ya que piensa que no podrá ser descubierto.

Me da gusto leer a los que crean estrategias para defenderse de las agresiones en redes, yo simplemente les diría “déjame tu opinión en la recepción que yo paso al rato a recogerla”.

Y si hablo de los grupos de Facebook, no amiguitos, está muy cabrón. Algunas de las relaciones entre “amigas” mujeres con una pasividad-agresiva que para qué les cuento.

Quizá deberíamos de recordar que la vida se nos escapa, y hay que darle contenido, pero del bueno. Acuérdense que es posible amar sin ver a quién y sin saber por qué. O coman más verduras.

Hasta la próxima.

@maricelarosales