blogeditor · 5 de julio de 2016
Por: Sergio Leyva Ramírez (@LeyvaSergio)
Desde su origen en 1989, el PRD no había experimentado la estridencia pública por la conformación de algún colectivo interno como lo tuvo en meses recientes el surgimiento de Iniciativa Galileos: La no corriente. Tal vez, el único referente comparable en la historia interna de la oposición y el sistema de partidos en México es la aparición de la Corriente Democrática (CD) del PRI en 1986.
No es menor la comparación entre ambos agrupamientos políticos en el contexto nacional y partidario. El 14 agosto de 1986 el periódico Unomásuno publicaba algo insólito: el carácter monolítico del PRI se rompía con la aparición de un agrupamiento interno que planteaba públicamente reformar al “partido de Estado” para democratizarlo y devolverle el carácter revolucionario, y a sus gobiernos.
Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, entre otros, se atrevieron a correr los riesgos de la lucha política por acabar con el carácter anti democrático del tapadismo y reorientar la política económica implementada por Miguel de la Madrid.
La CD que irrumpía con singular sex appeal político como una bocanada renovadora en un partido en evidente crisis, era también (y principalmente) una afrenta pública interna, un desafío que fue estigmatizado, acosado y rechazado por el circulo rojo priista.
Sin haber violado sus estatutos, programas y principios; es decir, “sin haber existido materia de sanción por discutir, invitar al debate, recorrer el país, así fuera discrepando con otros miembros”,[1] el 22 de junio de 1987 la Comisión Nacional de Coordinación Política del PRI condenó los actos y pronunciamientos de la CD, afirmó que no podía tolerar la indisciplina dentro del partido, y solicitó la expulsión de las y los integrantes.
La historia tiñó de razón a aquella iniciativa política que posibilitó la amalgama de fuerzas opositoras “injuntables” en el Frente Democrático Nacional (FDN), que enfrentó electoralmente a Salinas y cimbró al sistema político nacional en 1988; fundó un partido político de oposición en 1989 (PRD) y cimentó el camino de la alternancia en el país.
Hoy 2016, treinta años después, en el contexto de la amenaza de la reinstauración autoritaria a cargo del PRI surge al interior del PRD la iniciativa de una “No corriente” llamada Iniciativa Galileo.
El PRD convocado en el Llamamiento al pueblo de México a fundarse en la pluralidad política, formalizó en él un sistema de corrientes que, después de 27 años de vida institucional (como pesadilla Kafkiana) derivó en grupos con carácter tribal: corrientes que han antepuestos sus intereses a los del país y del partido como un elemento funcional para la democracia.
De la metamorfosis tribal del PRD ha derivado un sentido patrimonialista del partido: sus recursos, sus gobiernos, el territorio, las candidaturas y la política que se hace en él. Para las tribus la mejor línea política no es la que fortalece al partido y su utilidad pública, sino la que deja satisfecha al conjunto de grupos aunque sea poco o nada eficaz. Se volvió más importante la disputa y el conflicto interno, que confrontar públicamente a los auténticos adversarios.
La no corriente irrumpe como confrontación a la línea política del PRD: balcanizada, amorfa y sumisa a los intereses de corrientes que por estrategia propia y beneficio muy particular deseaban el carácter testimonial del PRD en los trece procesos electorales locales 2016, posibilitando en el terreno de los hechos el triunfo del PRI.
El debate a favor de la política de amplias alianzas para derrotar al PRI, propuesta por Agustín Basave Benitez, se pretendió dar en la oscuridad de la secrecía hasta darle un carpetazo de inviabilidad por el autodenominado “Bloque” de tribus del PRD. Situación que puso al borde su renuncia con tan sólo 2 meses en el cargo.
El debate público despertado por Iniciativa Galileos posibilitó las alianzas del PRD con el PAN en cinco entidades, principalmente en Veracruz frente a Javier Duarte Ochoa, terminando con 87 años de gobiernos priistas. En Oaxaca denunciamos la intervención del gobernador Gabino Cué para elegir al peor candidato en detrimento del más competitivo, lo que llevó al triunfo de Alejandro Murat. Y a pesar de que no superamos a las tribus perredistas para lograr alianzas en Puebla, Hidalgo, Aguascalientes, Tamaulipas y Chihuahua, logramos ser la izquierda democrática que sumara para lograr la alternancia en estos dos últimos, principalmente en la candidatura de Javier Corral Jurado.
Al igual que la CD, la no corriente confronta el status quo y no se saluda desde el interior del PRD como un grupo y un esfuerzo por recuperar a la izquierda y su carácter opositor. La solicitud el 23 de marzo del Comité Ejecutivo Nacional de comparecencia pública de algunos de sus integrantes para “disciplinarnos” y la amenaza de un proceso de expulsión como a Cárdenas, Muñoz Ledo y Martínez es prueba de ello.
De cara a la historia cabe un planteamiento: en 1988, aquel colectivo de vanguardia tuvo que dar un paso a un lado frente a un partido que se resistía a cambiar; será esta la oportunidad del PRD para sacudirse su tribalismo y llevarlo a ser una izquierda opositora y funcional para el país, o persistirá el ensimismamiento de sus grupos por maniatarlo a su beneficio particular.
Los alcances de La no corriente aún son impredecibles, lo que es un hecho es que ya es parte ineludible del destino de la democracia de México. Un fenómeno político indispensable para un PRD muy castigado por el sectarismo de sus tribus. Iniciativa Galileos es ya un punto de quiebre y partida para que se debata el futuro de la izquierda democrática en México.
* Sergio Leyva Ramírez es Secretario Nacional de Jóvenes del PRD.
[1] Porfirio Muñoz Ledo en La Corriente Democrática: Hablan los protagonistas; Ed. Posada, p. 38