¿De chilena o a la mexicana?

Centro de Análisis de Políticas Públicas · 22 de julio de 2011

¿De chilena o a la mexicana?

Por: Mariana García, Investigadora de México Evalúa.

 

En las últimas semanas, con seguridad los mexicanos hemos estado más atentos al fútbol en los diferentes torneos internacionales, en que la selección nacional ha participado, que a temas como las elecciones en el Estado de México, la renovación postergada (ad  infinitum) de los consejeros del IFE o la situación fiscal de los estados.

 

Me parece curioso que muchos mexicanos veamos el desempeño de México en el balompié comparado con otras naciones como una señal de lo mal que está el país. Pero sería interesante que hiciéramos un ejercicio para evaluar aquellas fortalezas en lo económico y lo institucional que hacen a esos países, naturalmente, ser más competitivos en el fútbol.

 

Hay algunos estudios a nivel mundial que relacionan precisamente desempeño en el fútbol con desarrollo económico. Por ejemplo, veamos una conexión tan clara y simple como la que señalaba mi querido amigo Juan Pardinas, director del IMCO hace unos meses: “la fórmula del éxito para estos equipos de fútbol –Pumas y Barcelona- es semejante a la clave del desarrollo económico de las naciones. La educación es destino. Los países que invierten recursos en la educación de sus “escuadras infantiles” y la formación superior de sus selecciones sub-17 y sub-22 tienen mejores niveles de crecimiento y competitividad…” (Reforma, 29 de mayo).

 

Tomemos el caso de Chile, por dos razones: la primera (para justificar mis referencias futbolísticas) el enorme gol “de chilena” que llevó a nuestra selección Sub-17 a vencer a Alemania, pasar a la final del torneo, y finalmente resultar ganador de la Copa contra Uruguay; porque ese gol y esos triunfos hicieron a muchos mexicanos maravillarse y volver a confiar, por unos instantes, no sólo en nuestra selección sino en el país. La segunda, la enorme solidez institucional de Chile que le ha permitido ser uno de los países con mayor crecimiento económico y menor pobreza en la región, más eficaz en la acción pública y una de las democracias con mayor aprobación general por parte de sus ciudadanos en Latinoamérica.

 

Esta semana tuve la oportunidad de conversar con un profesor chileno que me compartió la experiencia sobre los pasos que ese país tuvo que dar para hacer más eficiente al Estado. Podría sintetizar la fórmula del éxito chileno, para simplificar las cosas, en: generación de incentivos y alineación de intereses entre actores relevantes, por un lado; y claridad y consenso en el país sobre el rumbo y el tipo de país en que querían convertirse.

 

En estos días en que está a discusión, por enésima vez en esta administración, la posibilidad de avanzar una reforma política para el país,  me queda claro que nuestro problema es que no se han generado los incentivos para que los actores políticos lleguen a un consenso para cambiar el statu quo. Los beneficios de mantener el “equilibrio mediocre (pero, ojo, cada vez más inestable)” son enormes para ellos, mientras los costos reales de la disfuncionalidad los pagamos los ciudadanos. La clave está en: ¿Cómo logramos alinear los incentivos para que los políticos cambien este statu quo que les ha sido tan favorable?

 

En Chile, el proceso de socialización entre actores políticos, sociales y privados sobre las virtudes de las reformas en materia política y la labor de coordinar intereses divergentes entre actores se resolvió iniciando reformas institucionales clave desde los años noventa y fortaleciendo el consenso en torno a los objetivos de desarrollo económico y político. Por cuestiones de espacio, me reservo para otra colaboración un análisis más detallado del tipo de reformas emprendidas en Chile, así como las que se plantean en la iniciativa de reforma política votada en el Senado mexicano recientemente.

 

Aunque no siempre es posible importar fielmente la experiencia ni los casos exitosos de otro país. En el caso particular del proceso de socialización de la reforma política, ¿por qué en México no empezamos por hacerlo un poco más a la chilena?

 

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