blogeditor · 3 de noviembre de 2012
Por: Carlos Muñoz Vázquez
¿Qué hace tan especiales las películas de Wes Anderson?
Algo innegable es que, nos gusten o no, tenga altas o bajas, las películas de este director tejano suelen tener elementos que nos emocionan automáticamente.
Lo primero que invariablemente salta a la vista es la particularidad del diseño de producción de cada uno de sus filmes. Las paletas de colores, las estilizadas líneas y formas, la calidez de sus atmósferas, el detallado diseño de vestuario y las magníficas pinturas escénicas hacen que nos sintamos en un mundo de fantasía; en ese tipo de realidades alternas con las que soñábamos de chiquitos: desde la espeluznante mansión de Los excéntricos Tenembaum hasta el ingenioso submarino de Steve Zissou en La vida acuática.
Anderson tiene actores fetiche que, en gran medida gracias a él, se han vuelto favoritos de esta generación como Bill Murray, quién comenzó a revivir su carrera como el Sr. Blume en Rushmore; Anjelica Houston, Owen Wilson y Jason Schwartzman, que interpretaron a los Whitman, una de las familias más atípicas pero entrañables de los últimos años en Viaje a Darjeeling; o Adrien Brody quien le da voz a Rickity en El fantástico Sr. Zorro, el fabuloso primer largometraje de animación del realizador. Un poco como sucede con Almódovar, cada vez que se anuncia una nueva película suya, empiezan las quinielas para adivinar a qué estrellas volveremos a ver y posteriormente nos asombramos por la capacidad del director de alejarnos de los personajes anteriores para presentarnos a los mismos actores en facetas completamente diferentes.
También es experto en crear llamativas situaciones que rayan en lo bizarro y que, abriendo bien los ojos, podemos reconocer como interesantes metáforas de nuestra realidad. Sus personajes lucen por sus propios defectos y se vuelven divertidos por sus incongruencias. Al final resultan tan humanos que no podemos evitar identificarnos con ellos y abrazarlos.
Moonrise Kingdom: un reino bajo la luna, su más reciente película estrenada en Cannes y que ahora forma parte de la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, además de ser la película de clausura del Festival de Morelia, reúne todas estas características y le agrega una espectacularidad nunca antes vista a la filmografía de Anderson. Se convierte en una producción de grandes dimensiones en la que hay hermosas locaciones, llamativos efectos especiales, animación de gran calidad y un poderoso reparto coral conformado por sus actores acostumbrados (Murray y Schwartzman) pero complementado por súper estrellas de Hollywood como Bruce Willis, Edward Norton, Tilda Swinton y una espléndida Frances McDormand.
Sin embargo la fuerza de la película no radica en la espectacularidad; el elemento que la convierte en una de las obras maestras de Anderson es un grupo de niños exploradores y el objeto del afecto del más inteligente de ellos: la vivaz Suzy Bishop.
El puberto romance entre Suzy y Sam Shakusky mueve la historia, mueve a todos los personajes y nos conmueve a nosotros. Para llegar al reino bajo la luna, que representa la culminación de su amor, Sam y Suzy cruzan la isla de Nueva Inglaterra en la que viven, mientras son perseguidos por los scouts, sus padres y la policía.
Durante hora y media somos testigos de emotivos momentos y emocionantes secuencias en las que el romance, la ternura, el suspenso y la comedia sutil se reúnen para entregarnos una deliciosa película. La colorida representación escolar de El arca de Noé en la que Sam queda flechado por una radiante Suzy disfrazada de cuervo nos enamora desde el principio y delinea un par de entrañables y decididos protagonistas que nunca terminan de luchar por su amor.
En esta fábula moderna, los adultos actúan con torpeza mientras los enamorados niños evaden con soltura y eficacia desde los más ingeniosos obstáculos generados por los scouts hasta los más terribles fenómenos naturales.
Mientras nos enamora de sus personajes, Anderson también nos expone su posición ante la vida mediante un ya tradicional discurso agridulce. Para él, nuestra sociedad no es más que una manada de scouts que se deja distraer por insignificancias, que no reflexiona y que no logra detectar las maravillas de su propia condición humana. Se vuelve consiente únicamente cuando dos valientes guerreros aparecen y luchan contra todos y contra todo para salvar lo que ellos consideran realmente importante: el amor, la pasión y ese desgastado reino que encontramos debajo de la luna.
Moonrise Kingdom: un reino bajo la luna es uno de los largometrajes que componen la 54 Muestra Internacional de Cine, próxima a exhibirse en los circuitos de Cineteca Nacional. Visita nuestro sitio: http://www.cinetecanacional.net/
*Carlos Muñoz Vázquez es parte del área de programación de la Cineteca Nacional. Es programador invitado en el Cineclub Condesa y el Cineclub Revolución de la Ciudad de México.