blogeditor · 21 de octubre de 2013
Han pasado casi 20 años desde que se celebrara la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en la que se firmó la Plataforma de Acción de Pekín en 1995, y acaba de concluir el pasado viernes 18 de octubre la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe en República Dominicana en la que se aprobó el Consenso de Santo Domingo.
El camino a favor de la igualdad y la equidad no ha sido plano y los logros alcanzados –considerando que aún falta mucho por hacer- valiosos.
[contextly_sidebar id=”a886ae65add00cd563987828f4ba91bf”]El encuentro de Santo Domingo tiene importancia por varias razones, además de ser una de las reuniones regionales de mayor relevancia en la materia y constituir uno de los órganos permanentes auxiliares de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) estuvo dedicada este año a la igualdad de género y las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Se trató de un reconocimiento doble a una realidad ineludible de nuestro tiempo: permanecen las desigualdades de género en nuestra región y se considera que las TIC son una herramienta incomparable para trascender este vergonzoso hecho.
El Consenso de Santo Domingo destaca entre sus considerandos:
“Que la autonomía de las mujeres es un factor esencial para garantizar el ejercicio de sus derechos humanos en un contexto de plena igualdad y, en particular, que el control sobre su cuerpo, su salud integral y el derecho a una vida libre de violencia (autonomía física), el acceso a la tierra y la capacidad de generar recursos propios (autonomía económica) y la plena participación en la toma de decisiones que afectan su vida y su colectividad (autonomía en la toma de decisiones) constituyen tres pilares que se apoyan mutuamente y son fundamentales para lograr una mayor igualdad de género y favorecer el acceso de las mujeres a las tecnologías de la información y las comunicaciones”.
“Que la libertad, la capacidad y el derecho a tomar decisiones informadas empoderan a las mujeres para desarrollar su potencial y participar plenamente en los ámbitos económico y social”.
“La creciente brecha entre los países desarrollados y los países en desarrollo en el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones, así como las nuevas dimensiones de la brecha digital, que vulneran la autonomía de las mujeres y limitan su pleno desarrollo”.
En otras palabras, las tecnologías de la información y la comunicación pueden contribuir al empoderamiento de las mujeres para fortalecer su autonomía en diversas esferas: física, económica, en materia de toma de decisiones, y yo añadiría en el ámbito político y emocional también.
Los acuerdos y propuestas se centraron en 6 ejes:
A esto se añaden algunas otras recomendaciones hechas por los países firmantes tales como dar seguimiento a los compromisos asumidos por los países desarrollados en materia de cooperación al desarrollo; fortalecer el enfoque de género en los procesos de integración para el desarrollo; fortalecer la cooperación científica y tecnológica en la región con perspectiva de género, y promover el tema de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en la agenda para el desarrollo post 2015. Algo muy importante: instar a las oficinas nacionales de género y a las oficinas para el empoderamiento de las mujeres para que participen en la próxima reunión Ministerial de la sociedad de la información de América Latina y el Caribe.
Los resultados de este Consenso, si bien no son obligatorios para los países a menos que sean ratificados por sus legislaturas, sí marcan una posible ruta de navegación para los mismos y mientras más personas y líderes le conozcan al interior de los países, mayores las posibilidades de difundir el contenido, generar debate, ampliar su difusión y generar conciencia sobre la importancia de incorporar la agenda digital a la agenda género y la agenda de género a la agenda digital.
Lo he dicho, y lo reitero, las mujeres “no somos un tema”, somos la mitad de la población y los asuntos “de mujeres” nos conciernen a mujeres y hombres por igual. En la medida en que las desigualdades se reduzcan lograremos juntos y juntas mejorar la condición de vida de las personas –independientemente de su sexo- y seremos capaces de brindarle a las futuras generaciones oportunidades para un futuro promisorio, no simplemente un futuro de subsistencia.