blogeditor · 4 de marzo de 2011
This past two years I´ve really changed.
-Señorita el autobús de las 10:15 de la noche se ha ido.
-¡¿Qué?! – ella exclama con los ojos desorbitados y el Icee de chamoy a punto de derramarse sobre el mostrador.
Por un momento, un millón de pensamientos le vuelan la cabeza: el sermón de su madre, los treinta pesos que le quedan en el bolsillo, la noche y el frío, la soledad…
-Veré qué puedo hacer por usted-. La mujer revisa en la computadora la disponibilidad de asientos en otro autobús. Ella corre con suerte. Todavía queda un camión, el de las 11:30 de la noche con destino a la Ciudad de México.
Con una sonrisa piadosa la mujer despide a la chica y se voltea a ver el juego de beisbol en la televisión.
En un arrebato de ira, ella patea la pared y lanza con enojo el Icee al bote de basura más próximo.
El boleto de la chica indica que el autobús saldrá a las 10:15 de la noche, sin embargo, ha llegado muy temprano a la central. Sin saber por qué, trae el humor deshecho. Los juegos de los niños y las miradas de la gente la irritan sobremanera.
Hora de escapar, piensa. Saca de la mochila el libro que le prestó su amigo Fernando, el fotógrafo. Triste domingo, Ricardo Garibay, lee.
El olor a cemitas de mole la fastidia y alza los ojos lanzando miradas de fuego a sus alrededores. ¡Ay de quien se atreva a mirarla!
Al leer las primeras líneas de Garibay, ella se da cuenta que se enfrentará a una lectura difícil: amor, amor, amor. Y la protagonista se llama Alejandra, ja-ja-ja, piensa con una sonrisa cuya ironía la flagela.
El reloj corre. Me voy acercando a la sala de espera.
Sentada y con libro en mano, como si se hubiera fugado a otro planeta donde no existen los extraños, ni el beisbol ni el olor a cemitas de mole, ella comienza a recordar cómo era cuando estaba enamorada de #Aquel. Pffff, hace ya más de un año.
Las cosas con #Aquel eran siempre una aventura en la que la mayoría de las veces los rasguños la complacían. Después de tanto tiempo de intentar entender por qué diablos lo amó tanto, había llegado a la conclusión de que era cosa del destino y obra del karma. El misticismo nunca fue lo suyo, pero a falta de entendimiento, se acurrucó en explicaciones mágicas. Además, muy dentro de sí, intuía que algún día tendría que pagar el daño que profirió en tiempos pasados a otro #Aquel. Huele a castigo, se dijo mil veces.
Hoy, ella estaba segura de que ya no amaba a #Aquel. El amor por él se le había ahogado bien hondo en el alma. Aun así, algo andaba mal.
Lo que llegó a sentir por #Aquel era equivalente al correr de cataratas cálidas por todo el cuerpo, con una intensidad hasta el momento desconocida. Con #Aquel había descubierto lo que era nadar en los ojos transparentes de un hombre. There´s a great pair of eyes, and they´re resting in your pretty head.
Cuando a uno lo dejan de amar y, sin embargo, uno sigue amando, ¿a dónde se va todo ese amor?, se preguntaba una y otra vez desde que #Aquel había pronunciado las palabras clave: “Ya no te amo”. Someday you´ll realize that you needed me once or twice, when I needed you to stay, I´ll always remember these summer days.
Ese amor se instala en las entrañas, quiero pensar. Lo absorbes. Se implanta en la piel, en los huesos, en la sangre, en los músculos, en los nervios. Nunca sale. Se vuelve tímido y pretende ser invisible. Hasta que se ahoga en el ser. De pronto uno ya no distingue el amor propio del amor por el hombre. Se vuelve un espejismo, un recuerdo que te toma desprevenido y vuelve a brotar tan vivo como ayer.
Lo que ella extrañaba de verdad no era a #Aquel, sino el cómo sentía cuando se encontraba con él. Durante las múltiples charlas femeninas que sostuvo con sus amigas se dio cuenta que probablemente nunca volvería a sentir lo mismo. I´ll never express how I feel.
Una de sus maldiciones, según ella, era conocerse enamorada hasta los huesos. A veces era tan rígida consigo, que aseguraba que si no volvía a enamorarse de esa manera no podría soportar enamorarse de otra.
Suena el celular.
Mamá.
-¿Hija?
-Sí mamá, llego a las 12:00 al DF.
-Te vienes en taxi porque nosotros no pensamos pasar por ti.
-¿En taxi? Pero…
-Adiós. Buen viaje.
Ella voltea a ver la sala de espera y se percata de que es la única mujer en la estancia. Por un segundo sonríe porque se siente toda una mujer independiente, capaz de intimidar las miradas masculinas. Sin embargo, pasan unos minutos y la sonrisa se le desvanece porque empieza a sentir el frío de la soledad.
Ni mis padres quieren ir por mí, piensa.
De pronto, todos los hombres desaparecieron de la sala de espera.
Ahí estaba ella, sola. Recordaba lo bueno que era llegar de viaje y encontrar a #Aquel en la sala de espera con una sonrisa. Subirse al auto y platicar qué tal le había ido, a quiénes había conocido, qué había escrito. Escuchar discos camino a casa, estacionarse frente a ella y besarse hasta la media noche. Despedirse y pelearse y decirse adiós para siempre. Las llamadas en la madrugada y las lágrimas suplicantes de perdón. El regreso, el sexo de reconciliación, y así sucesivamente…
Hoy no tenía nada. Ni sonrisas, ni peleas, ni besos, ni llamadas, ni sexo. Ni a sus padres para ir por ella a la central de autobuses. A nadie. La mujer independiente de hace unos segundos se había desvanecido y ahora era como un feto friolento a la luz del mundo.
Ella llora. Mira el reloj. Son las 10:18 de la noche.
Los hombres de la sala de espera están idiotizados por el televisor. El autobús salía a las 10:15, sin embargo, nadie se ha movido de su lugar.
-Disculpe, ¿ésta es la salida para la Ciudad de México por ADO?
-No reina, ésta es Autobuses Unidos.
Me lleva la reputísima madre.
-Gracias.
Ella coge sus cosas y corre por toda la central buscando su ADO.
-Señorita el autobús de las 10:15 de la noche se ha ido.
-¡¿Qué?! –exclama la chica con los ojos desorbitados y el Icee de chamoy a punto de derramarse sobre el mostrador. Por un momento, un millón de pensamientos le vuelan la cabeza: el sermón de su madre, los treinta pesos que le quedan en el bolsillo, la noche y el frío, la soledad…
Son las 10:18 de la noche y perdió el autobús por estar pensando en mamadas que tienen nombre y apellido: #Aquel. Quién mierdas pierde el autobús por estas chingaderas, ella lloriquea de coraje. Sólo yo.
A las 11:30 de la noche, ella logra abordar el autobús medio vacío. En cuanto se apagan las luces del interior del camión, reclina el asiento y se arropa.
Ve pasar las luces de la ciudad. Ella y sus pensamientos. Las luces la hipnotizan. Una hipnosis húmeda, porque no puede dejar de llorar. And all I want is another try, yes all I want is to just feel the same…
Bien se lo dijo uno de sus #Aquellos: “Las travesías exageran la melancolía del amor”.