blogeditor · 16 de agosto de 2017
Por: Adrián López (@Adrianlm11)
Hoy vivimos dentro de un flujo constante de datos que todos generamos como seres de la era digital. Queremos comprender qué dicen de nosotros y qué mundos posibles podrían crear.
Yuval Noah Harari en Homo Deus: Breve historia del mañana nos cuenta cómo es que se encuentra gestando un nuevo teísmo o credo, el de los datos o Datismo. Para el autor existe un efecto ideológico producido por la ciencia de los datos y el auge digital –data science, inteligencia artificial, realidad aumentada, etc.- al suponer que en un determinado momento todos los datos aprendidos sean integrados y se alcance a predecir el futuro, o por lo menos escenarios futuros, o realizar una personalización hiperdetallada del deseo.
En la sociedad digital se ha rodeado a los datos de una promesa y se ha creado un mito alrededor de ellos. Así como en cada época ha existido un mito y una metafísica que lo estructura y le dota de sentido, el Dataísmo podría ser una posibilidad de ello para nuestro tiempo.
Por otro lado, se encuentra el libro de Martin Lindstrom, Small Data, que apunta al estrato de lo micro de la vida y del ser humano, los detalles, la escucha, la mirada y la conversación constante con el otro. Lindstrom ve al deseo psicoanalíticamente como falta o pulsión humana que nunca es colmada. Frente a un mundo volcado a la comprensión de “la big data” se dedica a escuchar lo que producimos los seres humanos, deseos y narrativas que se traman en ellas.
Al final concluye que el mejor camino es la integración de ambos paradigmas, small y big data y mezclar las identidades online / offline y real / virtual como lo está marcando a la tendencia en distintas estrategias de marcas, retail y la misma práctica de la consultoría basada en insights.
El reto para aquellos que nos encargamos de comprender al ser humano sigue siendo el de ¿cómo integrar los métodos cualitativos y cuantitativos para generar nuevos modelos de comprensión? Una de las respuestas se encuentra en la constante implementación del pensamiento crítico al diseño de los métodos. Realizando diseños ad hoc en un diálogo intenso entre la profundidad de la palabra y la del número.
La pregunta al final sigue siendo la del sentido y el lenguaje.
Sin embargo, la pregunta de fondo de la que nacen ambas posturas de pensamiento sigue siendo la pregunta por el sentido, aquella que cavila sobre el lenguaje y lo expresado, aquella que intenta atrapar el elemento vivo de toda palabra o todo dato.
El nuevo credo del Dataísmo supone que es capaz de comprenderlo todo y de colmar la pregunta por el sentido, genera un modelo de lenguaje en donde el sentido es un estado de plenitud, un demiurgo digital.
Lo que propone Lindstrom basado en su concepción del deseo como ligado a un relato y a un hueco por llenar se acerca más a la práctica que hacemos en LEXIA, permanecemos en escucha y conversación constante para comprender el sentido de lo que dicen las personas.
Si el sentido es el elemento vivo del lenguaje y de la expresión entonces es algo que nace y muere y que no es posible comprenderlo del todo. Entonces para comprender el sentido, se requiere del pensamiento y de un aprender constante, es decir de un acto frente a una serie de problemas y no tanto de un saber culminado o de la posesión de todas las respuestas.
No podemos tener todas las respuestas porque la condición humana es pregunta constante, inquietud e incompletud que se compensa creativamente.
Nos queda confiar en la acción del pensamiento, en nuestra capacidad crítica y hermenéutica. Una machine learning o la inteligencia artificial se encuentra lejos de historizarse o de crear mundos; podrá generar significados y clasificar, pero no podrá comprender su propia historia y analizarse como sujeto de su propia época y episteme.
La responsabilidad de construir nuestro mundo y crear los posibles que deseamos, sigue siendo nuestra.