Dani V.

Mala Madre · 9 de agosto de 2011

Dani V.

Todos los años, miles de jóvenes de todo el país presentan examen para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México. Todos los años, miles de ellos no alcanzan a entrar. Todos los años, los datos estadísticos comprueban que no hay suficiente oferta ante la demanda.

Todos los años, los “rechazados” se movilizan. Cada vez mejor organizados (ya cuentan con el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior, MAES) exigen la ampliación de la matrícula en las instituciones públicas de educación superior y se oponen a la cancelación del pase automático en la UNAM.

Todos los años, el debate es el mismo: que si los de pase automático tienen menor rendimiento que los que presentan examen y es una injusticia que les quiten el lugar a los que están mejor preparados, que si la política educativa del gobierno en turno cancela las oportunidades de la juventud mexicana, que si todo es culpa de Elba Esther Gordillo, que si es hora de aceptar que la desigualdad es el problema central.

Tengo mi propia opinión al respecto, pero hoy no se las voy a platicar ni disertaré sobre quienes no pudieron ingresar y se exponen a no poder continuar con sus estudios. Hoy les quiero contar de una estudiante que sí fue aceptada: Dani V.

Resulta que esta chiquilla de 15 años presentó el pasado 25 de junio el examen único de ingreso al bachillerato. De 128 aciertos, obtuvo 109. Si el examen se calificara de la manera tradicional habría obtenido una calificación de 8.5. Quedó inscrita en el plantel que escogió de la Escuela Nacional Preparatoria, en el turno matutino.

De los 310 mil aspirantes a ingresar a uno de los plantes de las nueve instituciones representadas en la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (entre ellas la UNAM), fue de las pocas aspirantes que obtuvo más de cien aciertos. Todo un logro, si consideramos que el puntaje promedio alcanzado por la totalidad de los sustentantes fue de 64 y que el puntaje mínimo para ser aceptado era de 31.

En realidad, ella se había preparado para obtener más de 120 puntos (sólo cuatro estudiantes obtuvieron entre 125 y 127 puntos), pero le fallaron 19 preguntas de física, de lógica y de información general. Por ejemplo, no supo contestar “qué situación grave sucedió durante el gobierno de Ernesto Zedillo que afectó a los mexicanos”.

El pasado jueves 28 de julio a la medianoche esperaba con ansia la publicación de los resultados en la página de Internet de la UNAM. Después quiso llamar a todos sus seres queridos para darles la noticia, de lo contenta que estaba (qué bueno que no lo hizo a esas horas). Ella sabía cómo le había ido, pero desconocía como le había ido a los demás, de ahí su angustia.

El resultado de su examen no fue un golpe de suerte, pero sí es producto de la buena fortuna. Dani ha tenido la oportunidad de estudiar en una escuela privada con buen nivel académico que le permitió aplicarse. Con objetivos claros y un buen plan para alcanzarlos, la consecuencia lógica era más o menos previsible. Y en esto, la madre de Dani ha tenido mucho que ver. Con mano de hierro y toneladas de amor, ha invertido hasta el último quinto que no tenía en la educación de su hija y la ha guiado como tal vez le hubiera gustado que la guiaran a ella. Criticadísima entre la familia por esta estrategia, hoy duerme a pierna suelta con la tranquilidad y la satisfacción del deber cumplido.

Como buenas estrategas, Dani y su mamá tenían un plan b en caso de no quedar en este primer intento: estudiar la preparatoria en la escuela privada donde había cursado desde preescolar y presentar dentro de tres años su examen a la licenciatura en la UNAM. Clasemedieros, una universidad privada habría puesto en aprietos la economía familiar, así que esto se consideraba un escenario extremo. Ya no será.

Dani quiere estudiar Medicina o alguna carrera relacionada con Ciencias Biológicas y de la Salud. Sabe que tiene que mantener su ritmo de estudio para obtener un buen promedio que le permita refrendar su pase automático a la profesión que finalmente escoja. Todos los que la conocemos estamos ciertos que honrará la oportunidad que le han dado, porque todo en el proyecto de vida de esta chiquilla gira en torno al sacrificio de su madre y a su propio potencial.

Dentro de tres años, Dani formará parte de los 20 mil alumnos que pasarán de forma automática de las prepas y los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) a estudiar su licenciatura en la UNAM. Si no fuera el caso y tuviera que concursar por alguno de los 16 mil lugares que la UNAM ofrece actualmente en dos periodos cada año, estoy segura que Dani lo obtendría sin problema.

Ojalá éste fuera el escenario de los 181 mil 118 jóvenes que este año no consiguieron matricularse en la UNAM. De acuerdo con el estudio Cobertura de la Educación Superior en México. Tendencias, Retos y Perspectivas, auspiciado por la ANUIES, se tendría que incrementar unos 50 mil lugares la matrícula en todas las universidades públicas del DF para poder alcanzar una cobertura del 60 por ciento en el ciclo escolar 2012-2013 (les daría el link de Reforma, pero hay que pagar. Para los que tienen suscripción, busquen la nota de Mirtha Hernández del 22/07/11 “Piden Extender Educación”).

Ojalá todos los aspirantes tuvieran las mismas oportunidades que tuvo Dani de estudiar en una escuela de buen nivel académico, de preferencia pública, con la disponibilidad de recursos y tiempo para aplicarse. Y que llegaran al siguiente examen de admisión con más de cien aciertos. Tengo la impresión que un mejor resultado obligaría a la sociedad y a la gente indicada a tratar con la importancia debida el tema de los mal llamados “rechazados”.

Porque la vara baja no está en los puntajes del examen, sino en la política pública que no se esfuerza por brindar las opciones suficientes y necesarias para que las Danis de este país puedan aprovechar todo su potencial sin poner en riesgo el patrimonio familiar ni tener que intentarlo veinte veces, porque la UNAM no tiene campus repartidos en todo el territorio nacional. Estamos atentando contra nuestro propio futuro al bloquear las opciones educativas de nuestros jóvenes. No les cancelemos la vida, que hay muchas Danis allá afuera buscando una oportunidad.