Custodiando la Casa Turca

blogeditor · 7 de marzo de 2016

Custodiando la Casa Turca

Curiosa es la vigilia permanente del despótico jefe máximo; el líder indiscutible –especie de cancerbero actualizado- que se esmera en ‘proteger’ la casa grande de su feudo, hoy República de Turquía, en guerra consigo misma. Epítome del despotismo con alcances permanentes, cuya reciente intervención, cierre y reciclaje de un popular e incómodo medio robustece sus pretensiones de obtener poder ilimitado. La restauración autoritaria de democracias en ciernes en sociedades ‘bisagra’ no es fenómeno privativo de México o el continente Americano. ¿Serán capaces de producir sus efectos, por imitación, réplicas locales?

El término cacique tiene su origen aparente en la palabra taína kassiquan, que quiere decir protector(a), que mantiene o conserva su casa.

Trasladando el concepto a otras latitudes, nos encontramos con graves variaciones de este síndrome en la persona del actual presidente de Turquía.

¿Aspira acaso Recep Tayyip Erdogan, primer magistrado de su país y líder indiscutido del mayoritario AKP: Partido Justicia y Desarrollo, agrupación que lo ha llevado a la cúspide del poder, a convertirse en un híbrido de sultán laico (y posmoderno), en combinación con resabios ataturkescos -por el denominado Padre de los Turcos Mustafá Kemal (1881-1938)- al que en el caso de Erdogan deben añadirse ribetes religiosos ajenos al secularismo del fundador de la república moderna turca en 1923?

Para observadores y comentaristas de la realidad actual turca, la delación se ha venido conformando –muy al estilo de la opinión de Peña, en el tema de nuestra corrupción ‘insalvable’– en cultura.

[contextly_sidebar id=”IC1QGuRw0mKEUJN1Jfs7HPa89EOB4583″]Tomemos el caso de Ali Dinc, casado, camionero de profesión y singular protector de su hogar, enemigo de las ideas peligrosas. Hace no mucho, en febrero, el señor Dinc demandó a su esposa ante tribunales por haber insultado al actual presidente de Turquía. No le perdonaba las ‘ofensas’ proferidas por ella cuando Erdogan aparecía en la televisión, fenómeno frecuente, que como en México alcanza límites de saturación. No consiguió nada con reconvenirla y recordarle que el líder era –en sus propias palabras- ‘un buen hombre, que ha hecho el bien por nuestra nación’. Se abocó a grabar subrepticiamente los dichos y expresiones particulares de su mujer, y los presentó como evidencia contundente ante el juez especializado de la causa. Su cónyuge le ha pedido el divorcio; Dinc no se arrepiente y reitera que de existir nuevas oportunidad de demandarla, volvería a hacerlo para castigar su atrevimiento y evitar reincidencias preocupantes. La satisfacción personal es clara, y la defensa irrestricta de los valores relacionados con Erdogan una muestra adicional de la lealtad que puede concitar este personaje en estos tiempos convulsos.

Hoy por hoy, en Turquía un simple tuit puede llevar a los ‘infractores’ a la cárcel, o a acusaciones directas de posible incitación al terrorismo, o al cierre definitivo de negocios de la comunicación súbitamente etiquetados como enemigos de la investidura presidencial (en México, una postura similar entraña la pérdida del trabajo, la estigmatización del gremio y el ostracismo como principal respuesta). La disidencia, para Erdogan y su camarilla, equivale a traición y a delitos de lesa majestad. El culto a la personalidad sin límite incluye obras monumentales, edificadas para realzar el control que pretende ejercer sobre la población inerme y sin contrapesos institucionales.

Foto: AFP / Adem Altan
Foto: AFP / Adem Altan

Delirante, fastuoso y elefantiásico Palacio Blanco de Erdogan.

A los delatores de poca monta se les lleva a juicio. Cuando se trata de medios masivos que no comparten la línea gubernamental, el castigo es frontal. El diario Zaman, opositor a las políticas de Erdogan, estaba vinculado a la corriente guleniana o gulenista, enfrentada con el gobierno (y con su líder espiritual y guía purgando un exilio autoimpuesto en los Estados Unidos, desde 1999); pertenecía, hasta su súbita intervención judicial, a este grupo vinculado aunque su página en inglés conserva notas críticas hacia su gestión. Como era de esperarse, la edición inmediatamente posterior al golpe propinado a los opositores, abunda en loas almibaradas a Erdogan; a las glorias suyas, de su partido y su familia (una que para él, en sintonía con su paleoreformismo, abarca a todo el país bajo su cuidado).

Estambul, 4 de marzo. La Policía Antiterrorista (sic) toma el diario Zaman por asalto. // Foto: AP
Estambul, 4 de marzo. La Policía Antiterrorista (sic) toma el diario Zaman por asalto. // Foto: AP

Consuma el atentado contra la libertad de opinión una fuerte dosis de brutalidad policiaca y detenciones arbitrarias. Las fuerzas del orden dispersan, con gases lacrimógenos y cañones de agua, muestras sociales de solidaridad y apoyo a los periodistas defenestrados. No tardan en aparecer noticias en apoyo del gobierno en ese mismo diario ocupado por las huestes de Erdogan, y en aquellos otros que acompañan la afirmación de sus reivindicaciones nacionales.

‘Los medios libres no pueden ser silenciados’. Detención del editor en jefe. // Foto: NBC
‘Los medios libres no pueden ser silenciados’. Detención del editor en jefe. // Foto: NBC

Su campaña caciquil de limpieza doméstica tampoco descarta la directa intimidación de periodistas extranjeros, y eventuales expulsiones injustificadas, o el estrangulamiento financiero de otras plataformas, igualmente críticas de Erdogan y su intentona por avasallar a los pocos y contados medios convencionales dispuestos a enfrentársele.

En la calle, represión y amedrentamiento. Lacrimógeno, agua, balas de goma para acallar la protesta. // Foto: vía The Independent
En la calle, represión y amedrentamiento. Lacrimógeno, agua, balas de goma para acallar la protesta. // Foto: vía The Independent

Los embrollos geopolíticos: su posible impacto en la opinión pública, no parecen importarle. En la Clasificación del Índice de Libertad de Prensa publicado por Reporteros sin Fronteras para el año 2015, Turquía ocupa el lugar 149 de un total de ciento ochenta países. (México es el número 148 de la lista). La coalición que sostiene a Erdogan promueve leyes draconianas e intimida a la prensa más crítica, enemiga de la domesticación, con litigios y cárcel para quien se siga atreviendo a cuestionar su liderazgo, o poner en duda sus políticas. Hablar mal de su persona se ha vuelto delito.

Estas condiciones no pueden olvidarse aquí, con un estado de guerra oficial y de los cárteles contra el periodismo comprometido; sobre todo ahora, en este año de 2016, cuando se cumplen exactos cuarenta del golpe echeverrista al diario Excélsior.

En su momento, ¿fue el Zaman mexicano?

 

@alconsumidor