Cumbre de Líderes de América del Norte, integración a regañadientes

blogeditor · 18 de noviembre de 2021

Cumbre de Líderes de América del Norte, integración a regañadientes

Desde inicios de la década de los noventa hasta la campaña presidencial de Donald Trump en 2016, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México abrazaron con inusitado optimismo la idea de una región de América del Norte. Esa vuelta de tuerca prometía, gracias al TLCAN, ir dejando atrás patrones de desconfianza y enemistad entre Estados Unidos y sus dos vecinos, pero al cabo de algunos años la historia regresaría a la normalidad. Actualmente, la integración regional en América del Norte no vive su mejor momento, pero en un mundo post-pandemia la reactivación de la Cumbre de Líderes anunciada por la Casa Blanca para el 18 de noviembre es una buena noticia.

Nos guste o no, la economía mundial se organiza en regiones, de modo que los tres países están destinados ¿o condenados? a fortalecer la cooperación e integración en América del Norte. Los hechos no mienten: con el ascenso económico de China, Estados Unidos ha perdido su predominio comercial en prácticamente todas las regiones del mundo excepto en su vecindario, que permanece como bastión de su poderío económico y del de sus vecinos: Canadá y México (sobre esto, en junio de este año el semanario The Economist publicó un mapa al respecto, la imagen es reveladora). 1

Sin embargo, los gobiernos no suelen seguir lo que parecen ser sus intereses más racionales. Es de suponerse que una América del Norte más competitiva, más segura, con menos pobreza, con migración ordenada, y con más cooperación sería conveniente para los tres países y sus habitantes. Sobre las bondades de la integración han comentado y escrito abundantemente académicos, embajadores y funcionarios de los tres países en las últimas dos décadas y media. No obstante, en los últimos años hemos visto el retorno del nacionalismo, el proteccionismo y la xenofobia –píldoras de cianuro para la noción de América del Norte–.

Washington D.C., Ottawa y Ciudad de México tienen razones de sobra para potenciar los mecanismos de cooperación regional. México y Canadá dan cuenta del 30% del comercio de Estados Unidos con el mundo; por su parte, Estados Unidos recibe el 80% de las exportaciones mexicanas y 75% de las canadienses.2 En términos poblaciones, más de 11 millones de mexicanos viven en Estados Unidos; la diáspora canadiense en este país se calcula en más de 3 millones;3 mientras que alrededor 1 millón de estadounidenses viven en México y otro tanto en Canadá.4 Hay más razones para profundizar la integración, por ejemplo: intensas dinámicas transfronterizas, así como industrias integradas de turismo, automotriz y acero, por mencionar algunas.

Entre las razones para cooperar también se encuentran los males en común, que en el caso de la relación México-Estados Unidos terminan por dinamitar la integración. De acuerdo con la DEA, las organizaciones criminales mexicanas son las principales proveedoras de cocaína, metanfetaminas, heroína y fentalino a los Estados Unidos;5 por otro lado, la violencia que se vive en México no podría explicarse sin los 3 millones de armas de fuego que en la última década han sido introducidas ilegalmente desde el vecino del norte, según datos del gobierno mexicano.6 Actualmente una crisis migratoria se vive a lo largo de la frontera entre ambos países agravada por la pandemia de Covid-19 y la crisis económica. Los males en común son los temas más espinosos en América del Norte; desafortunadamente, observan poca o a veces nula coordinación, aunque requieran de acciones conjuntas por su naturaleza interdependiente. El fracaso de la Iniciativa Mérida, creada en los años de George Bush y Felipe Calderón, es una muestra de lo complicada que es la cooperación en seguridad; hace unas semanas entró al relevo el Entendimiento Bicentenario, pero los expertos temen que sea el mismo vino en botellas nuevas.

La próxima reunión de los Three Amigos en Washington D. C. no es muy promisoria, pero es mejor tenerla a no tenerla. Joe Biden recibirá a Justin Trudeau y a Andrés Manuel López Obrador con el ánimo de “reafirmar los fuertes lazos” entre los tres países, pero sus vecinos arribarán temiendo un nuevo revés al comercio si el congreso estadounidense aprueba algunas cláusulas del Build Back Better Plan que incentivan la compra de vehículos eléctricos fabricados en Estados Unidos.

Por su parte, el presidente mexicano, al igual que otros actores políticos en la región, tampoco ha sido un entusiasta de la integración en América del Norte, como ha quedado de manifiesto con sus políticas energéticas. En general, no ha sido afecto a las relaciones internacionales por lo que su participación en la cumbre deberá entenderse en clave de política interna, es decir, para complacer a su base electoral. No obstante, comparte con Biden la voluntad de atacar de raíz las causas socioeconómicas de la migración y eso puede verse reflejado en los resultados del encuentro.

Probablemente, Justin Trudeau acuda a la reunión con pocas expectativas. En lo que va de la administración Biden poco o nada se ha avanzado en temas clave para Canadá como la conclusión del Oleoducto Keystone y la mitigación del proteccionismo estadounidense; no obstante, ambos países coinciden en el combate al cambio climático. En lo que respecta a asuntos estratégicos como la seguridad internacional o la contención de China, estos simplemente no conciernen al trilateralismo norteamericano –que más bien se caracteriza por ser un doble bilateralismo–.

En términos de su lugar en la historia, la IX Cumbre del Líderes celebrada en la capital estadounidense puede marcar el inicio de una nueva etapa de integración a regañadientes, donde los jefes de estado se sienten incómodos al tratar temas regionales pero tienen que hacerlo. Con esta reunión Biden busca seguir enterrando el legado de Trump, quien no creía en el espíritu de la cooperación regional y desactivó por completo este foro de alto nivel. Es cierto, los sentimientos nacionalistas y proteccionistas persisten y crecen en los tres países, pero al menos esta semana volvemos a hablar de la posibilidad de una América del Norte conformada funcionalmente por tres países.

* Miguel Sigala (@El_Sigala) es estudiante del doctorado en Transborder Studies en Arizona State University. Ha sido profesor de historia y relaciones México-Estados Unidos en la Universidad de Guadalajara y el ITESO.

 

 

1 Disponible aquí.

2 Datos del US Census Bureau para Estados Unidos y del Banco Mundial para Canadá y México.

3 Emma Israel y Jeanne Batalova, Canadian Immigrants in the United States, Migration Policy Institute, junio de 2015.

4 Parece no haber consenso sobre el número de estadounidenses que viven en Canadá; no obstante, después de México Canadá es el país que más población estadounidense recibe. Ver Migration Policy Institute aquí y  la consultoría MCA Crossborder Advisors acá.

5 U.S. Department of Justice, Drug Enforcement Administration, National Drug Threat Assessment 2020, Marzo de 2021. Disponible acá.

6 Entraron de forma ilegal 3 millones de armas en 10 años: SRE. La Jornada, 12 de octubre de 2020.