blogeditor · 29 de julio de 2014
Como muchas cosas en la vida, a veces sólo hace falta un pequeño empujón para que mejore la situación.
La Ciudad de México, nuestra Gran Capital (sí, con mayúsculas), tiene un enorme potencial cultural y educativo, donde jóvenes creadores y niños maravilla viven esperando una oportunidad para desarrollar al máximo este potencial. Sin embargo, hasta el momento tanto las expresiones artísticas y de difusión cultural, como las herramientas educativas que podrían ser la chispa que desencadene esas habilidades hasta ahora ocultas en los niños y jóvenes chilangos han carecido del suficiente apoyo.
Para muestra, un botón. Tan sólo en el 2010, por dar un ejemplo, el presupuesto destinado a la Secretaría de Cultura del Distrito Federal fue de poco más de 540 millones de pesos. Este monto puede parecernos una lanota, sin embargo, si la comparamos con los 406 millones de pesos que se dieron en cortesías del Metro en ese mismo año, el monto ya no parece ser tanto. Sobre todo, si consideramos que apenas la quinta parte de esos 540 millones son con los que efectivamente contó la Secretaría de Cultura en ese año para financiar su operación y los pocos programas que operó, ya que el resto tuvo que dárselo a las delegaciones del Distrito Federal.
Ok, podríamos decir que está bien, que es una buenísima idea descentralizar el gasto en materia cultural y mandarlo a donde “realmente se tiene más contacto con la gente” y en teoría, “se pueden percibir de manera directa las demandas sociales”. El meollo del asunto es que las delegaciones carecen de un plan ya no digamos estratégico o integral en el tema cultural (eso sería mucho pedir), sino de una idea mínimamente coherente sobre qué es cultura y sobre todo, qué tipos de actividades la pueden promover más allá de ocurrencias de algunos funcionarios (sobre todo, de los más imaginativos).
[contextly_sidebar id=”cDrG3tUDBli8zMKD4w2ku8QPKh41PBtx”]Entonces, vale preguntarnos si es posible seguir careciendo de un modelo integral de cultura en la Ciudad de México o si es muy importante empezar a armar uno a la de ya, en donde se integren de manera clara mecanismos que permitan garantizar y hacer realidad de forma coherente los derechos culturales de sus habitantes (chilangos, defeños y anexas), no sólo en acuerdos y compromisos internacionales firmados en eventos rimbombantes y de fufurufu, sino que realmente se diseñen políticas públicas que permitan que estos derechos (a la propia identidad, a la memoria, a la educación, a la formación artística, y al acceso y el disfrute de bienes y servicios culturales) pasen del papel a la realidad, de la teoría a la práctica. Diría ese gran filósofo guatemalteco Ricardo Arjona: “cultura es verbo, no sustantivo”.
Algo que repito una y otra vez, ya casi como mantra, es que no basta con que el Estado mexicano reconozca cada vez más derechos a los ciudadanos (inclusive si los pone en la mismísima Constitución) si es incapaz de crear las instituciones, los mecanismos y asignar el presupuesto necesario para materializarlos. No hacerlo, además de ser una actitud puramente demagógica genera desconfianza en los ciudadanos y sobre todo, mina la credibilidad y por qué no, la legitimidad de la autoridad (luego por qué ya no le creen a los políticos).
Invertir en la cultura y en la educación no sólo nos permitirá contribuir a generar mejores personas y en conjunto, una mejor sociedad, sino que también contribuye a plantear alternativas reales a los niños y a los jóvenes, ya que apuestas como ésta no sólo les permite formarse como personas, sino encontrar una forma de vida alejada de la violencia. Por eso es que se han considerado las actividades culturales, educativas e inclusive deportivas, como un instrumento valioso para prevenir la violencia.
Sin embargo, para que esto jale, no basta con que la autoridad le haga al tlatoani cambiando reglas, diseñando grandes estrategias y proyectos y asignando carretadas de dinero, también es casi igual de importante que los ciudadanos (la sociedad civil, organizada o desorganizada) se ponga las pilas y haga su parte, ya que crear un mejor país es como bailar un danzón, se necesitan al menos dos: sociedad y gobierno. Una banda pasiva, que espera que el “papá gobierno” venga a resolverle los problemas (sus propios problemas) no sólo dice que estamos hablando de una sociedad menor de edad, sino que es incapaz de asumir sus responsabilidades y sobre todo, incapaz de cambiar su realidad. La solución es simple, para que México cambie, mejore, crezca debemos entrarle todos y todas y no hablo sólo con “likes” en Fecebook o retwits en twiter, hablo de realmente doblarse las mangas y ponerse a pensar, a trabajar.
Un ejemplo de ello son las propuestas en materia de cultura y educación que un grupo de ciudadanos entusiastas presentaron casi como un reto a la autoridad hace ya unos tres años. Banda que habita en el sector cultural y educativo chilango abandonaron el espacio de confort que la protesta fácil concede y transitaron a la incertidumbre de la propuesta. Es decir, pasaron del mitote y la confrontación con la autoridad, a aportar ideas concretas, útiles y viables que permitan que esta Gran Ciudad, nuestra ciudad, sea un poquito o un muchito mejor; dejaron de preocuparse para pasar a ocuparse.
El resultado, tres iniciativas de reformas en materia de cultura y educación que fueron retomadas en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF pa los cuates) y aprobadas.
Este jueves 31 de julio, a las 7:30 pm se presentará el Observatorio Ciudadano por la Cultura y la Educación en la CDMX. Su principal objetivo, es además de darle seguimiento a la implementación de las tres propuestas ciudadanas en materia de cultura y educación, ser un espacio para crear nuevas propuestas que permitan transformar, siempre en colaboración con la autoridad, la realidad de nuestra Gran Ciudad. Se lo merece, nos lo merecemos.
Si quieren conocer las tres propuestas y participar con nosotros en esta impresionante y apasionante tarea, la cita es en Córdoba 100, Colonia Roma. La cosa será de hoy en adelante, siempre sumar, no restar.
La Miscelánea de Don Marce
Aprovechando que me puse bastante sentimental y emocional en la sección anterior, les cuento que me invitaron a formar parte de un grupo técnico que evaluó los perfiles de las distintas candidatas a ocupar el cargo de comisionada del Instituto de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Distrito Federal (InfoDF, pues) quien ocupará el espacio dejado por Oscar Guerra, actual comisionado del IFAI.
Les debo confesar que fue una experiencia además de interesante, bastante gratificante, no sólo por las maravillosas colegas que me acompañaron en el maratónico proceso (Lourdes Morales y Cecilia Azuara), sino por el reto de evaluar a una de las futuras funcionarias cuya chamba será garantizar nuestro derecho a acceder a información pública (en el caso que seamos de aquellos pocos curiosos y “empoderados” que lo podemos hacer), así como también garantizar que nuestros datos personales estén bien protegidos.
El encargo no era nada fácil, sobre todo porque debimos armar una terna conformada con las mejores candidatas en poco tiempo. Lo que hicimos es reutilizar la metodología que usaron en el Senado para elegir a los comisionados del IFAI, pero tratando de resolver algunas “áreas de oportunidad”. Esto nos permitió tener un proceso mucho más ágil, transparente y eficiente.
Sin embargo, debemos reconocer que si bien la conformación de un grupo técnico de esta naturaleza es un acierto por parte de la ALDF, ello no garantiza que la nueva comisionada salga de esa terna propuesta por éste comité. Por esto fue necesario enfatizar que, si bien la resolución realizada por el grupo técnico no era de carácter obligatorio (vinculante) para los señores y las señoras legisladoras, sí existe el compromiso político de su parte de considerarla con seriedad y en caso de que la candidata seleccionada no formara parte de dicha terna, la ALDF deberá justificar a los ciudadanos su decisión (justifique y grafique, dirían en mi clase de economía).
La ALDF tiene hasta el día 8 de agosto para elegir a la nueva comisionada. Esperemos que honren su palabra (confío en que así será) y que sea la mejor candidata la que se quede con el cargo.
La Panza es Primero
Por increíble que parezca, las tortas de chilaquil son una realidad, al menos en Chilangolandia.
Una mezcla que parecía imposible tiene su expresión más sublime en la esquina de Tamaulipas y Alfonso Reyes (dirán que siempre recomiendo tragazón en la Roma o en la Condesa), pero más allá de quejas territoriales, les recomiendo que las prueben, verán que con la primera mordida les llegarán de súbito aquellos recuerdos de “su primera vez”. Así de plano.
Contrario a su experiencia adolescente, les sugiero que lleguen temprano (sólo están por la mañana), porque se acaban. Sólo no me culpen de su lonja.