Al final del ciclo: el arte de cuidarse para volver a acompañar

Redacción Animal Político · 12 de julio de 2025

Al final del ciclo: el arte de cuidarse para volver a acompañar

Termina el ciclo escolar en las aulas de educación básica en México. Un año más de agendas saturadas, ajustes en las planeaciones, evaluaciones y reuniones imprevistas. Un año de escuchar con atención no sólo los saberes de las niñas y niños sino también sus miedos, sus dudas, sus ausencias.

El fin de curso no solo se marca en el calendario: es un alto en el camino donde se siente el cuerpo cansado, el ánimo frágil, la mente inquieta. ¿Cómo no estar así, si en la labor docente se pone en juego mucho más que una simple transmisión de contenidos? Ahí se deposita la responsabilidad —a menudo no reconocida— de sostener emocionalmente a grupos enteros de niñas, niños y adolescentes que viven sus propias tormentas.

El Informe Mundial sobre la Profesión Docente (UNESCO & Fundación SM, 2024) señala que diversas condiciones laborales dificultan la vida cotidiana del personal docente y pueden llevarles a abandonar la profesión: largas jornadas laborales, clases numerosas, falta de recursos y ausencia de apoyo y reconocimiento, que afectan su bienestar físico, psicológico, emocional y social. 

Altos niveles de estrés son particularmente preocupantes: según la encuesta TALIS 2018, las y los docentes que reportan «mucho» estrés tienen más del doble de probabilidad de querer dejar la profesión en los próximos cinco años. 

Además, la sobrecarga de tareas administrativas y la dificultad para mantener un equilibrio entre la vida laboral y personal emergen como fuentes centrales de malestar. De hecho, una encuesta global a 128 sindicatos de 94 países reveló que el 60 % de las personas encuestadas no consideraba posible mantener dicho equilibrio, reflejando un panorama de trabajo intenso, presiones constantes y una creciente dificultad para sostener condiciones saludables en la docencia”.

Hemos normalizado esta entrega como vocación pura, como si la vocación justificara la sobrecarga y la falta de descanso digno. Pero los salarios son insuficientes y los apoyos institucionales escasos. Las y los docentes cargan con el peso de “sacar adelante” generaciones enteras, mientras deben incluir todo tipo de quehaceres desde ofrecer escucha y consejos, pasando por enfermería, usar la mediación, ser técnicos y técnicas en plataformas digitales y, en muchas ocasiones administrar carencias sociales.

Desde las prácticas narrativas podemos detenernos a mirar esto de otra forma.

A veces el problema se narra como “falta de compromiso” o “falta de capacidad para adaptarse”. Pero separar a la persona del problema implica ver que la sobrecarga no es un defecto individual, sino un efecto de condiciones estructurales: jornadas dobles, grupos numerosos, falta de materiales, demandas contradictorias.

En lugar de culpabilizar al docente agotado, preguntémonos: ¿Qué historias sostenemos como sociedad para que sea normal exigir tanto con tan poco cuidado?

El descanso y el cuidado no son lujos: son condiciones para poder acompañar a otras personas. Un docente cansado, una docente cansada, con miedo o tristeza no puede acompañar con escucha profunda, ni ofrecer la presencia respetuosa que la educación merece. Y no hablamos solo de vacaciones o recesos en el calendario: hablamos de generar espacios donde las y los docentes puedan nombrar su experiencia, compartir sus miedos y logros, reconocerse en sus habilidades y reimaginar caminos posibles.

El cuidado, desde una mirada narrativa, no es solo autocuidado. Es cuidado mutuo. Es generar comunidades escolares donde se pueda hablar de lo que duele sin miedo a la sanción. Donde se compartan recursos y estrategias. Donde haya lugar para la alegría y la celebración de los pequeños logros.

Al cerrar este ciclo escolar, quizás el mayor acto pedagógico sea detenernos a escucharles, no para evaluarles, sino para acompañarles. Preguntar: ¿Qué necesitas? ¿Qué has logrado? ¿Qué ha sido difícil? ¿Qué sueñas para el próximo ciclo escolar?

Reconocer que detrás de cada lección hay una persona que siente y se cansa. Y que si aspiramos a una educación transformadora, también debemos transformar el modo en que cuidamos a quienes la hacen posible.

Hoy, más que nunca, que el descanso sea reivindicación y no concesión. Que el cuidado sea un derecho, no un privilegio. Que las y los docentes puedan descansar no para ser más productivos, sino para poder volver a acompañar con humanidad y esperanza.

*Analuci Ayora Vázquez, maestra ABC.

Referencias:

Amorós-Teijeiro, M. (2021). Resiliencia y agotamiento laboral en docentes de secundaria. Cuaderno de Investigación del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE), 12, 61–67.

López Sandoval, M. A., García Pesantez, M. J., Lorenzo Benítez, R., & Herrera Navas, C. D. (2024). Revelando las causas cotidianas del estrés en docentes de educación básica: caso de dos instituciones ecuatorianas. Revista Uniandes Episteme, 11(2), 216–230.

UNESCO y Equipo Especial Internacional sobre Docentes para la Educación 2030. 2025. Informe mundial sobre el personal docente. Afrontar la escasez de docentes y transformar la profesión. UNESCO y Fundación SM. 2024