Redacción Animal Político · 30 de octubre de 2025
El 29 de octubre se conmemora, por tercera vez, el Día Internacional del Cuidado y el Apoyo, proclamado por la ONU. Más que una efeméride, es un llamado urgente a repensar cómo organizamos socialmente el cuidado y quiénes cargan con sus costos. ¿Estamos listos y listas para priorizar el cuidado como un asunto público y colectivo?
Esta fecha nos recuerda algo tan obvio como urgente: cuidar es un trabajo esencial para la vida y, sin embargo, sigue siendo invisibilizado, precarizado y desigualmente distribuido. Desde que nacemos hasta que envejecemos, todas las personas necesitamos cuidados. Sin embargo, los beneficios del cuidado —salud, bienestar, productividad— se reparten socialmente, mientras los costos recaen casi siempre en las mismas manos: las de las mujeres.
En América Latina, las mujeres dedican hasta tres veces más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado de cuidados, según la CEPAL. Cocinar, limpiar, atender a niñas, niños, personas mayores o con discapacidad son tareas esenciales que permiten que la sociedad funcione. Aun así, rara vez se traducen en reconocimiento, salario, prestaciones o descanso.
Esa desigualdad tiene consecuencias profundas: limita la autonomía económica de las mujeres, perpetúa la pobreza y amplía las brechas de género. En lugar de ser una responsabilidad compartida entre familias, Estado, mercado y comunidad, el cuidado sigue viéndose como una “obligación femenina”.
El Día Internacional del Cuidado y el Apoyo busca justamente cambiar esa narrativa. Reconoce que cuidar no es un asunto doméstico ni una virtud individual, sino una cuestión pública, económica y de derechos humanos. Hablar de cuidados es exigir condiciones dignas para el ejercicio del derecho que tenemos todas las personas para cuidar, recibir cuidados y ejercer el autocuidado, sin que ello implique renunciar a estudiar, trabajar o participar en la vida pública.
Desde la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS) impulsamos un modelo que reconozca el cuidado como un derecho interdependiente de la seguridad social: que proteja y compense todas las formas de trabajo, remuneradas o no, y que garantice acceso universal a servicios y prestaciones que permitan cuidar y ser cuidado con dignidad.
Esta fecha ofrece una oportunidad crucial para alentar a los Estados a avanzar con mayor decisión y determinación en el diseño e implementación de políticas y sistemas integrales de cuidados. Reconocer y redistribuir el cuidado no solo es una cuestión de igualdad de género, sino también de sostenibilidad económica y democrática.
México ha dado pasos importantes. La Secretaría de las Mujeres, en coordinación con el Sistema Nacional DIF y el IMSS, trabaja en el diseño del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados. La creación del Anexo Transversal 31, que mide cuánto invierte el Estado en construir una sociedad del cuidado, representa un avance histórico en transparencia y planeación.
Además la propia Secretaría de las Mujeres ha presentado un marco conceptual de referencia común para todo el Gobierno de México sobre lo que se está considerando como programas y políticas de cuidados en las diferentes áreas de gobierno.
Sin embargo, aún falta lo más complejo: asegurar un financiamiento sostenido. La asignación de presupuesto específico para la implementación de políticas es lo que permitirá traducir el discurso en creación y ampliación de servicios de cuidados efectivos, prestaciones universales, capacidad real de ampliar la corresponsabilidad hacia los hombres (por ejemplo creando y ampliando licencias de paternidad y licencias parentales de financiamiento tripartito), el sector privado y la comunidad.
Construir una sociedad del cuidado implica reestructurar al Estado desde el principio de la sostenibilidad de la vida.
En un país que envejece, con menos nacimientos y más mujeres en el mercado laboral, los cuidados ya no pueden seguir resolviéndose en silencio ni dentro de los hogares. Lo que está en juego es el modelo de sociedad que queremos: una donde el bienestar dependa del esfuerzo individual o una donde el cuidado sea un derecho garantizado colectivamente.
Este 29 de octubre es una oportunidad para recordar que una sociedad que no cuida, no funciona, y que un Estado que pone el cuidado en el centro, garantiza derechos. Reconocer, redistribuir y financiar el cuidado es apostar por un futuro más justo, más igualitario y más humano.
* Lourdes Jiménez Brito es investigadora de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (@CISS_org) especializada en cuidados y seguridad social con enfoque de género y derechos; politóloga, maestra en Derecho Constitucional, especialista en Políticas de Cuidados y autora de más de 20 publicaciones sobre la agenda de cuidados.