Redacción Animal Político · 14 de julio de 2025
Desde GIRE, y como parte de nuestra labor en la búsqueda de justicia reproductiva, los cuidados constituyen uno de los ejes de trabajo primordiales. Hemos puesto sobre la mesa los obstáculos para conciliar la vida laboral y la vida reproductiva como consecuencia de los roles de género impuestos socialmente, visibilizando la carga desproporcionada que enfrentan las mujeres y personas con capacidad de gestar al tener que cubrir las responsabilidades relacionadas con el trabajo de cuidados y otras labores domésticas no remuneradas.
¿Qué relación existe entre el trabajo de cuidados y la justicia reproductiva? ¿Qué consecuencias tiene la carga desproporcionada que el trabajo de cuidados representa para un sector de la población?
Por un lado, el trabajo de cuidados abarca todas aquellas actividades dirigidas a sostener la vida en sus múltiples dimensiones; incluyen desde la alimentación y el aseo personal hasta el acompañamiento emocional, la educación informal y el mantenimiento de los vínculos familiares y comunitarios. Tradicionalmente invisibilizados y feminizados, los cuidados han sido relegados al ámbito privado y doméstico, y considerados una actividad “propiamente de las mujeres”, limitando sus oportunidades de desarrollo en el ámbito público, laboral y político.
Por otro lado, la justicia reproductiva implica un conjunto de factores sociales, políticos y económicos que permiten que las mujeres y personas con capacidad de gestar tengan poder y autodeterminación sobre su destino reproductivo. Para que esto sea posible, es indispensable tomar en cuenta las desigualdades estructurales que afectan la toma de decisiones de manera plena y autónoma.
Entre esas desigualdades se encuentran las que se derivan de la asignación del trabajo de cuidados principalmente a las mujeres y personas con capacidad de gestar. En este sentido, las decisiones reproductivas están influenciadas por las cargas de cuidado existentes: quienes ya cuidan a familiares dependientes, carecen de redes de apoyo o enfrentan dificultades económicas, además de trastocar sus proyectos personales y oportunidades laborales remuneradas, pueden ver limitada su capacidad de decidir sobre su reproducción. Y a la inversa: el nacimiento de un hijo o una hija implica una mayor carga, lo cual perpetúa ciclos de dependencia económica y limita el desarrollo profesional.
La intersección entre cuidados y justicia reproductiva revela y reproduce desigualdades estructurales profundas y se manifiesta de manera más aguda en contextos de pobreza y marginalización. Quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad enfrentan más obstáculos para acceder a servicios de salud reproductiva de calidad y tienen menores recursos para afrontar las responsabilidades del trabajo de cuidados, es decir, enfrentan barreras adicionales tanto para el ejercicio de sus derechos reproductivos como para acceder a redes de apoyo para el cuidado. Por ejemplo, las trabajadoras del hogar enfrentan obstáculos específicos por el hecho de que su trabajo remunerado consiste en cuidar a otros, mientras que sus propias necesidades reproductivas y de cuidado quedan invisibilizadas; las migrantes enfrentan la separación forzada de sus hijos e hijas mientras cuidan a los de otras familias.
Esta compleja relación entre cuidados y justicia reproductiva es una agenda en construcción que no sólo pone sobre la mesa las desigualdades, sino también genera espacios de transformación. Desde los movimientos feministas, con base en el reconocimiento de las múltiples formas en que se materializa esta intersección, estamos exigiendo políticas públicas que aborden simultáneamente los derechos reproductivos y el derecho al cuidado. Tomar en cuenta dicha intersección implica considerar las determinantes sociales de la salud (escolaridad, ingreso, empleo, vivienda, transporte, alimentos, agua, entre otras) y la obligación del Estado de crear condiciones óptimas para la toma de decisiones libres e informadas y, con ello, construir una sociedad corresponsable.