Cuerpos tecnificados y los dilemas que supone

Redacción Animal Político · 24 de mayo de 2023

Cuerpos tecnificados y los dilemas que supone

Los avances tecnológicos de las últimas décadas han transformado significativamente nuestras vidas. Hoy por hoy todo lo que nos rodea es resultado de la innovación tecnológica. Dentro de la medicina, uno de los aspectos más interesantes de la simbiosis cuerpo-tecnología es la posibilidad de integrar técnicas vanguardistas al propio cuerpo para mejorar no sólo la salud sino también nuestras capacidades.

La idea de cuerpos modificados no es tan nueva como se podría pensar. En 1818, Mary Shelley escribió Frankenstein or The Modern Prometheus. Dentro de las múltiples interpretaciones de la novela, Victor Frankenstein es una versión moderna de Prometeo porque intenta emular a Dios al crear nueva vida a partir de una serie de técnicas y herramientas que permitan unir materia biológica en su laboratorio. El monstruo creado por Frankenstein es una criatura tecnificada, un ser hecho de partes cadavéricas humanas y animales que cobra vida por medio de electricidad galvánica, volviéndose un bioartefacto que funciona de manera orgánica.

La tecnificación de los cuerpos humanos puede tomar varias formas, desde dispositivos implantables que monitorean la salud y la actividad física, hasta prótesis robóticas que reemplazan partes del cuerpo lesionadas; en casos más recientes, la modificación genética de órganos porcinos para trasplantes en humanos o la impresión 3D de órganos. En todos los casos, el uso de la tecnología se integra directamente en el cuerpo humano, permitiendo mejorar o perfeccionar nuestra interacción con el entorno.

Esto puede parecer una idea emocionante y revolucionaria; podría ser que el mejor uso de la ciencia aplicada sea la tecnificación de los cuerpos humanos para mejorar significativamente la calidad de vida de las personas con discapacidades o enfermedades crónicas, como los marcapasos, dispositivos que se implantan en el corazón para regular el ritmo cardíaco. Además, se han desarrollado otros artefactos que se pueden implantar para controlar la diabetes, la epilepsia y otras enfermedades crónicas.

Sin embargo, también supone preocupaciones éticas legítimas sobre las implicaciones que ello tendría socialmente. De primera instancia nos lleva a cuestionarnos: ¿quién tendría acceso a estas innovaciones?

Jorge Linares 1 aborda el tema de la tecnificación del cuerpo humano en el contexto de la sociedad actual. En “Frankenstein y el proyecto moderno de dominación y transformación de la vida” argumenta que la tecnificación del cuerpo no es algo nuevo, sino que ha existido desde la antigüedad, pero que en la actualidad se ha intensificado debido a los avances tecnológicos y científicos. El autor sostiene que la tecnificación del cuerpo puede tener beneficios, como la mejora de la salud y el bienestar, pero también que puede tener efectos negativos, como la pérdida de la identidad y la autonomía.

La (hiper)tecnificación supone un factor de acceso al capital que podría aumentar la brecha entre ricos y pobres. La tecnología es costosa y sólo está disponible para quienes pueden pagarla; observado desde este eje podría surgir una clase de “superhumanos” tecnológicamente mejorados que tienen ventajas significativas sobre aquellos que no pueden acceder ni financiar estas mejoras por carecer de posibilidades económicas.

Además, la tecnificación de los cuerpos humanos también plantea cuestiones de privacidad y seguridad. El capítulo “Toda tu historia” de la serie Black Mirror ilustra las problemáticas alrededor de las posibles manipulaciones del repositorio gigantesco que contendría en forma de archivo todas nuestras vivencias, tanto en lo personal como en quien produzca el artefacto y tenga acceso a dicha nube. ¿Cómo se protegerá la información confidencial almacenada en los dispositivos implantables? ¿Cómo se protegerá el control de los dispositivos de la manipulación externa? ¿Quién tiene acceso a estas máquinas? ¿Operarían de manera autónoma o supondrían una vigilancia humana constante?

Otra preocupación importante es la pérdida de la humanidad y la individualidad. Si la tecnología se convierte en una parte integral de nuestro cuerpo, ¿cómo afectará esto la percepción de nosotros mismos?, ¿cómo afectará nuestra relación con los demás si algunos de nosotros estamos tecnológicamente mejorados y otros no?, ¿dónde quedaría el sentido de humanidad si hemos transfigurado lo humano? Thomas P. Hughes 2 propone que lo social y lo técnico se interrelacionan, el entorno de los sistemas tecnológicos está situado en contextos sociales y se retroalimentan mutuamente. Para él los sistemas de artefactos no son fuerzas neutrales, tienden a configurarse con intenciones y configuran el entorno. Entonces la tecnología de hoy es un espejo de nuestra realidad, del pensamiento que impera con respecto al desarrollo y los ideales que aspiramos; es decir, son el resultado de procesos tradicionales de pensamiento condicionado que provienen de individuos permeados de prejuicios y estereotipos. Lo mismo ocurre con las herramientas que nos ayudan a realizar actividades, e incluso es posible rastrear la ideología de la época en la cual se implementaron.

Desde una perspectiva crítica estamos en un momento en el cual no podemos seguirle el paso al cambio tecnológico; es decir, las revoluciones industriales marcaron un parteaguas en la innovación de técnicas y ha marcado una era. Actualmente la producción de conocimiento tecnológico es tan voraz que no podemos mantenerle el ritmo ni como comunidad ni como individuos.

La promesa del futuro puede ser un catalizador que dé paso a revoluciones ideológicas, así como a diferentes prácticas de vida; la tecnificación de los cuerpos humanos es un tema emocionante y prometedor, pero también presenta preocupaciones legítimas que deben abordarse cuidadosamente. El campo de lo científico-tecnológico se ha convertido en un sistema hipercomplejo que continuamente se reinventa en un intento de materializar nuevos Prometeos posmodernos, capaces de llegar al “perfeccionamiento”, aunque cada día se vaya alejando más y más la línea de meta.

Desde una perspectiva bioética, es necesario cuestionar la metáfora del cuerpo tecnificado como promesa del futuro y reconocer los límites éticos de la biotecnología y la medicina. La tecnología puede ser una extensión del cuerpo humano, pero no la que defina al cuerpo porque se interpelan mutuamente. Cada cuerpo humano es único y valioso, y tiene derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

* Daniela Rodríguez Espinosa es estudiante de Desarrollo y Gestión Interculturales que tiene interés por tópicos bioéticos, el arte como patrimonio cultural y la filosofía de la ciencia. Actualmente realiza el Servicio Social en el Programa Universitario de Bioética. Elizabeth Téllez Ballesteros es médica veterinaria zootecnista, maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVyZ), y doctora en Bioética, todos por la UNAM. Es profesora de asignatura del Seminario de Bioética en la FMVyZ y candidata a investigadora del Sistema Nacional de Investigadores del CONAHCyT.

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1 Linares Salgado, Jorge, 2020, “Frankenstein y el proyecto moderno de dominación y transformación de la vida”, en: La creación tecnológica de monstruos y quimeras. A 200 años de Frankenstein, México, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 39-61.

2 Hughes, Thomas, 1996 “El Determinismo tecnológico en la cultura de Estados Unidos”, en: Rescatar el cambio sociotécnico del determinismo tecnológico, Madrid, Alianza, 117-130.