Cuenta Pública 2025: del Paquete Económico a la realidad

Jorge Avila · 14 de mayo de 2026

Cuenta Pública 2025: del Paquete Económico a la realidad

Por Mireya Mondragón

Cada año, el gobierno federal publica la Cuenta Pública, documento que detalla cuánto se recaudó, cuánto se gastó y cuánto se quedó a deber durante el ejercicio fiscal. Esta información permite comparar qué tan distinta fue la realidad del desempeño las finanzas públicas frente a lo que se aprobó en el Paquete Económico, así como identificar qué áreas recibieron más recursos, cuáles pierden prioridad y qué tan sostenible es el manejo de las finanzas públicas.

Los resultados de la Cuenta Pública 2025, el primer año de la administración de Claudia Sheinbaum, muestran que aunque el gobierno recaudó más dinero del esperado, también gastó y se endeudó más de lo planeado.

Para empezar, hay que decir que la economía no creció como se esperaba. Mientras el mundo avanzaba a un ritmo moderado, México apenas alcanzó un crecimiento anual del 0.6%. A pesar de este bajo crecimiento, la Cuenta Pública menciona que los ingresos fueron 2.1% mayores de lo aprobado en la Ley de Ingresos.

A primera vista, podría parecer una buena noticia que los ingresos públicos hayan superado lo previsto, pero ¿de dónde salieron esos recursos adicionales? Principalmente de los ingresos petroleros, los cuales dependen en gran medida de factores externos como el tipo de cambio y el precio del petróleo, no necesariamente de una economía sana y productiva, lo que hace más difícil sostener este crecimiento de los ingresos en el largo plazo. Y ahí aparece uno de los principales problemas, pues las necesidades de gasto crecen más rápido que la capacidad del Estado para financiarse.

El gasto público terminó siendo 5.1% mayor al aprobado originalmente en el Presupuesto de Egresos. Por ello, un aumento de gasto superior al aumento en los ingresos llevó a un inevitable mayor endeudamiento. 

En ese sentido, los Requerimientos Financieros del Sector Público se ubicaron en 4.3% del PIB, mayor al 3.9% que fue aprobado. Asimismo, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público fue 52.7% del PIB, cuando el aprobado fue 51.4%.

Ahora, en cuanto al gasto, este no se distribuyó de manera uniforme. Mientras algunas áreas recibieron aumentos importantes, otras registraron ejercicios menores a los previstos.

El sobreejercicio más visible fue el de la Secretaría de Energía, que gastó 189% más de sus recursos aprobados. El gasto adicional de este ramo fue causado principalmente por mayores recursos para Pemex, infraestructura energética y proyectos relacionados con hidrocarburos. 

En contraste, el gasto destinado al bienestar social tuvo un comportamiento mucho más moderado. Salud terminó el año con 9% más recursos de los aprobados, mientras que educación apenas tuvo un sobreejercicio de 1.7%.

Este desequilibrio nos dice que las prioridades reales no siempre están en el bienestar diario de las personas, sino en mantener a flote estructuras y empresas del Estado cuyos resultados no siempre son los esperados.

Incluso en los programas sociales, que son el estandarte de esta administración, hubo señales de alerta. Aunque los recursos de las pensiones para adultos mayores se ejercieron al pie de la letra, otros apoyos fundamentales para futuras generaciones, como la vivienda social o los apoyos educativos, presentaron subejercicios notables.

Al mismo tiempo, los nuevos programas prioritarios, presentaron sobreejercicios relevantes durante su primer año de implementación. La Pensión Mujeres Bienestar gastó 44.3% más del aprobado, mientras que Salud Casa por Casa duplicó su gasto aprobado, pues ejerció 102% adicional. La creación de nuevos programas no es un problema por sí mismo, sino que esto ocurre en un contexto de recursos limitados, donde fortalecer unas áreas suele significar quitarle recursos a  otras.

México enfrenta hoy una presión creciente sobre sus finanzas públicas. El envejecimiento de la población, las necesidades de salud y educación y la expansión de programas sociales requieren cada vez más recursos. Pero al mismo tiempo, el país sigue teniendo una baja capacidad recaudatoria y depende, en parte, del endeudamiento para cubrir algunas de sus necesidades.

En este contexto, resulta fundamental fortalecer la estructura de ingresos para que sea más sostenible, y revisar no sólo el monto de los recursos ejercidos, sino también su destino, es decir, mejorar la planeación y ejecución del gasto para garantizar que los recursos públicos generen un impacto positivo en el bienestar de la población.

BIO DE LA AUTORA CON CUENTA DE X: Mireya Mondragón (@mireyamc__) es investigadora en Finanzas Públicas en Ethos Innovación en Políticas Públicas (@EthosInnovacion).