Redacción Animal Político · 2 de septiembre de 2025
En el marco del mes patrio en México, es necesario destacar la violencia en la que todo el país se ha visto sumergida, enfatizando a una ciudad pequeña, pero histórica: Cuautla, Morelos.
¿Cómo celebramos a una patria que todos los días sangra? ¿Cómo nos orgullecemos de unas tierras que todos los días se roban? ¿Cómo se conmemora los días de independencia cuando las personas se sienten atadas de pies y manos ante la violencia?
Cuautla es el claro ejemplo de que la historia muchas veces se funda en el horror del día a día; el día de mañana no será solo recordada por ser haber sido un día la “Heroica e Histórica”, si no por ser el lugar donde la violencia se instauró en un nuevo nivel.
Cuautla se caracteriza por ser una tierra de “mucha historia”, un lugar clave en la independencia de México y la capital histórica del estado de Morelos.
Durante años ha celebrado con gran ímpetu el 30 de septiembre, declarando en esta ciudad día asueto: no hay escuela, no hay trabajo, no hay servicios porque todos quieren reunirse en las calles de la Heroica e Histórica para ver pasar el desfile más esperado del año en conmemoración del natalicio de José María Morelos y Pavón.
Cuautla, también conocido como el “Lugar de las Águilas”, lamentablemente hoy se impregna en la memoria histórica como una de las ciudades más violentas en el país, convirtiéndose en un pueblo fantasma donde todos los días es Día de Muertos.
Y a propósito del 30 de septiembre: ¿quiénes desfilan en las calles que han atestiguado tantas muertes, secuestros, y huidas?
No desfilan las madres buscadoras, tampoco los comerciantes escondidos por las extorsiones, mucho menos van a desfilar los asesinados, y no vendrán a mirar con alegría el espectáculo de caballos los niños secuestrados.
¿Entonces quiénes desfilan? ¿A propósito de qué? ¿De celebrar un natalicio cuando todos los días la muerte respira en la nuca de sus ciudadanos?
Desfilan las escuelas, las mismas que han resguardo a sus alumnos de tiroteos fuera de ellas, con maestros que toman acciones tras los ataques en los alrededores de las escuelas.
Desfilan los paramédicos, los primeros en llegar en cada emergencia, escasos ellos y muchas de ellas.
Desfilan los militares, los mismos que rondan a todas horas por todas las calles de Cuautla, pero que ni aún así evitan que se haya convertido en una ciudad que huele a muerte.
Desfilan los policías, los mismos que, se lee en las noticias de todos los días, “no lograron capturar al asesino”: los agresores huyeron en un taxi.
¿Y quienes miran el desfile? Los hijos del comerciante asesinado por falta de pago en cobro de piso; los padres de la mujer encontrada encobijada cerca de una barranca; las familias destruidas, las familias escondidas, las familias que huyeron.
Cuautla se ha convertido en la ciudad del último aliento, en donde todos los días se desfila en incógnito, con la cabeza gacha y miedo de que “te toque” lo que a otros les toca.
Walter Benjamin utilizaba el símbolo del ángel de la historia como algo que daba vida a la memoria, lo que traía de vuelta a los muertos, como la unión de las ruinas. El ángel de la historia mira hacia atrás para ver la catástrofe y no olvidar que el mañana se funda en la injusticia y en el horror.
Hoy, el ángel de la historia no puede marcharse de Cuautla, porque sobre las ruinas se continúa destruyendo la patria, porque sobre los muertos se sigue asesinando la vida, porque nadie quiere recordar estos últimos años donde la ciudad entró en una disputa de crimen organizado que la ha llevado a un abismo.
El impacto de la violencia en la vida diaria del cuautlense es incluso siniestro: no hay paz para nadie, porque el progreso está aquí a costa de la vida de todos. ¿Y quién es el progreso? El crimen organizado que se ha encargado de instaurar una “nueva” forma de progresar. Esta no se trata precisamente de ir “hacia delante”, sino de adaptarte a las nuevas condiciones: la tierra no es tuya, es de ellos; tu trabajo no es tuyo, es de ellos, y si tienes la peor de las suertes, tu vida tampoco es tuya, es de ellos.
¿Por qué celebrar el 30 de septiembre una historia que ya no le pertenece a Cuautla? Ya no es la tierra donde se lucha por un mañana de libertad, es la tierra carmesí donde las personas se tienen que esconder para no ser vistas.
Un desfile de muertos se vive todos los días en el Lugar de las Águilas. No es una celebración, sino una procesión perpetua, silenciosa y solemne, un desfile que parece no llegar a su fin, que pasa por todas y cada una de sus calles, que irrumpe en sus hogares. Es un desfile de memorias vivas porque en esta ciudad la muerte ya no es ausencia, es historia viva.
* Zaira Nápoles es licenciada en Filosofía y escritora de tiempo completo. Actualmente funge como investigadora cualitativa en Lexia y se especializa en temas de filosofía, cultura, sociedad, género y violencia.