blogeditor · 20 de enero de 2012
Diez mujeres frente a una cámara. Están solas para contarle al espectador su pequeña historia de amor en menos de 15 minutos. A todas ellas las marcó un hombre. Todas ellas fueron, alguna vez, amadas, rechazadas o maltratadas.
El cineasta colombiano Rodrigo García, quien, por cierto, es hijo del escritor colombiano Gabriel García Márquez, escribió y dirigió una película honesta que abre el alma de estas diez mujeres.
Cada una cuenta su pequeña historia de amor, cada una revela una cicatriz producto de la experiencia amorosa en monólogos salpicados de felicidad, tristeza, melancolía, arrepentimiento, coraje.
Hace unos años, El País escribió que “Rodrigo García exhibe siempre su capacidad para retratar el alma femenina y su talento como narrador y director de actrices. Los monólogos, ricos en detalles, fluyen con naturalidad y pasan con elegancia de lo frívolo a lo grave, de lo alegre a lo triste, de lo onírico a lo dolorosamente real”.
Aquí, cuatro de las “10 pequeñas historias de amor” (Ten tiny love stories, 2002):
Ella camina por la calle de la mano de su novio y en compañía de unos amigos cuando de pronto lo ve. Es el mismo, Martin: El cabello un poco más largo, los hombros caídos, los brazos grandes, las manos peludas. Se ven, se abrazan, se dan sus teléfonos, prometen verse para desayunar a la mañana siguiente y esa mañana nunca llega, porque ella sabe que pasará la primera noche con su nuevo novio: Eddie.
“Una vez dijimos nuestros nombres. Juntos. Y lloré. El tiempo es implacable, ¿verdad?”
Y llegó el día en que ella estuvo lista para hacer el amor con Erick. Su primera vez, la primera vez que vería a un hombre completamente desnudo. Los dos acostados en la cama, la piel expuesta, agarrados de la mano. Él, fascinado con sus senos, ella, concentrada en cada detalle de la experiencia para después pensar en el perro que siempre quiso, en su madre, en delfines a punto de morir…Así las cosas.
Llegar a otro país y conocer a un hombre. El mar griego azul, el cielo violeta, una luna transparente y una belleza de sujeto. Llegó el momento de decidir: ¿Se va con él o no?, ¿pasarán la noche o no? Es que llegar a Grecia y no fugarte con un mesero griego es casi un pecado, así que lo toma de la mano y caminan por un sendero empedrado. Ella no sabe a dónde van y eso le excita. Llegar a un refugio, coger e irse cada uno por su camino.
Habían estado casados por 17 años. Ella tuvo algunos hombres antes y después de Roy, pero nunca nadie como él. Roy le dio raíces, le dio alas. Este hombre le enseñó a construir un puente entre sus sueños y quien ella era. Un día Roy murió. Cayó de un edificio de 16 pisos y fue como si ella hubiera muerto con él. Durante todo el luto, ella deseó haber tenido hijos con su esposo. Ahora tendría con quién compartir el horror de haber perdido al amor de su vida. La muerte seguida de un cuadro depresivo, y luego…la resurrección.