Cuatro años de impunidad: ¿dónde está Vicente?

Redacción Animal Político · 6 de agosto de 2025

Cuatro años de impunidad: ¿dónde está Vicente?

A cuatro años de la desaparición del defensor del territorio Vicente Suástegui Muñoz, integrante del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras de la presa La Parota (CECOP), las autoridades no han dado con su paradero. Las investigaciones de la Fiscalía General del Estado de Guerrero (FGE) permanecen estancadas y sin pistas, dejando el caso en la impunidad.

De acuerdo con las investigaciones de la Fiscalía, basado en un testimonio, la única pista es que Vicente Suástegui lo fueron a dejar a un corralón en la zona rural de Acapulco. Sin embargo, no ha avanzado para obtener el cateo para realizar la búsqueda y descartar el lugar. La actitud de las autoridades es confusa, como si ocultaran la verdad. Lo inaudito es que a pesar de que el comandante Pino, quien formaba parte de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) y principal responsable, tiene orden de aprehensión desde el 2021, pero no ha sido detenido.

Las sórdidas autoridades dejaron que el grupo delincuencial que desapareció a Vicente Suástegui en la noche del 5 de agosto de 2021 se esfumaran sin que les siguieran el paso. Es importante recordar que el defensor iba a su domicilio en el taxi colectivo número 2342 de la ruta Renacimiento que conducía, cuando fue interceptado por tres personas armadas que iban en una camioneta roja, lo golpearon y con un disparo lo forzaron a subirse para llevándoselo rumbo a Tres Palos.

Su hermano Marco Antonio Suástegui de inmediato lo empezó a buscar por las tenebrosas calles cercanas donde permanecía el taxi. Se interpuso la denuncia en la Fiscalía, pero sin avances para dar con el paradero del defensor del territorio. Las búsquedas fueron impulsadas por la familia en medio de la ola de violencia, pero con la esperanza de encontrarlo. Realizaron marchas y pega de fotografías en las colonias para difundir y exigir la presentación con vida de Vicente.

Cartel de búsquedad del defensor del terriotrio, Vicente Suástegui Muñoz

Vicente creció jugando en el arenal del río Papagayo. En los terregales de los bienes comunales de Cacahuatepec junto con Marco Antonio le ayudaban su papá Pedro Suástegui en la siembra de maíz, frijol, calabaza y otras labores del campo. Cambió sus vidas cuando la Comisión Federal de Electricidad amenazó a las comunidades con imponer una presa hidroeléctrica que quedarían sepultadas decenas de comunidades. Los principales emprendieron el camino de la resistencia para no ser despojados de sus tierras.

Al grito de ¡tierra y libertad!, en el 2003 estalló el movimiento con un plantón en el lugar conocido como El Fraile, en la ribera del río Papagayo, para detener las maquinarias que estaban empezando a realizar los trabajos para la presa. Marco Antonio Suástegui, recién graduado de su carrera en arquitectura, se sumó al plantón. En una asamblea los principales se dieron cuenta de su liderazgo y lo nombraron vocero del CECOP. Un poco más joven Vicente estaba presente en las reuniones siempre escuchando. En primera fila defendieron las tierras y no dejaron que se construyera la presa a pesar de que fueron encarcelados por las autoridades estatales y federales.

Vicente sale al frente cuando Marco Antonio es encarcelado en el penal de máxima seguridad de Tepic, Nayarit. La gente ya lo conocía, por eso lo siguieron en las marchas y plantones, hasta que lograron la libertad de su hermano, junto con los abogados de Tlachinollan. Los gobiernos no quedaron conformes con la lucha que estaban dando para los campesinos y afros no quedaran sin tierras, así que empezaron a cooptar a algunos líderes para dividirlos con el objetivo de socavar la resistencia a costa de vidas. Por eso en enero de 2018 Vicente y Marco Antonio volvieron a las rejas por un delito que no cometieron, pero después de unos meses lograron su libertad demostrando ante los tribunales su inocencia.

Vicente estuvo unos días en su comunidad, pero decidió irse al puerto de Acapulco con su familia para vivir en tranquilidad. Con dificultades pudo conseguir un trabajo de taxista en la colonia Renacimiento. Nunca imaginó que el Ejército y la Marina lo fueran a hostigar, pero siempre los encaró con su temple de acero y valentía. Nunca se arredró por las amenazas de las autoridades. Días después fue desaparecido cuando regresaba a su casa.

El líder histórico del CECOP, Marco Antonio, resintió su ausencia de su hermano. Con su sombrero y su machete lo buscó en las colonias donde la miseria y la violencia marcan el ritmo de la vida de las familias. Realizó más de 8 jornadas de búsqueda en las barrancas, cerros y el río Papagayo, y en las sombras del horror. Cada mes demandaba a las autoridades la presentación con vida de su hermano en los mítines en el Asta Bandera. Sin embargo, tras el huracán Otis y John las actividades se suspendieron, pero cuando recorría las comunidades donde las familias habían perdido sus casas y sus cosechas iba atento. Nunca terminó su búsqueda porque tenía la esperanza de encontrarlo hasta su último suspiro.

“A cuatro años de la desaparición de Vicente hay mucho dolor, incertidumbre y sentimientos encontrados. Vicente hace falta como padre, como esposo y como ser humano. La insistencia de encontrarlo sigue siendo la misma que desde el 5 de agosto del 2021 cuando lo desaparecieron”, señala su esposa Samantha Valeria Colón.

En una entrevista abundó que “la Fiscalía no nos ha dado otra línea de investigación, no nos ha propuesto puntos para buscar a Vicente. Como familiares hacemos un plan de búsqueda con la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas (CEBP) y por lo regular nosotros ponemos los puntos para buscar. La CEBP gira oficios para que la Fiscalía, la policía estatal, guardia nacional acompañen y en ocasiones va la Marina. La Sedena desde el año pasado no ha participado. A partir de junio del 2024 las búsquedas han sido positivas porque hemos encontrado restos, cuerpos y fosas clandestinas, pero nada de Vicente”.

El grito de exigencia es por la presentación con vida de Vicente y justicia para Marco Antonio Suástegui, en un Acapulco sumido en la violencia delincuencial.  Las imágenes de calles y banquetas bañadas de sangre es el pan de cada día en Guerrero. Las desapariciones no cesan. La autoridad estatal y federal no le importa el dolor y la incertidumbre de las familias que buscan a sus seres queridos, al contrario, no las ven, ni escuchas miles de voces. ¿Dónde están? ¿Dónde está Vicente?