Las 40 horas: por fin, tiempo para vivir

Redacción Animal Político · 13 de mayo de 2025

Después de décadas con una de las jornadas más largas del mundo, México se prepara para dar un paso histórico: avanzar hacia una semana laboral de 40 horas. El anuncio oficial, hecho por el nuevo gobierno el pasado 1 de mayo, fija como meta el año 2030. Es un horizonte esperanzador, pero también un compromiso que no puede quedarse en el discurso.

Bajo la promesa de “devolver ocho horas a la semana y a los trabajadores”, el gobierno federal ha convertido esta reforma en una de sus banderas. Y aunque aún faltan detalles técnicos, el mensaje político es potente: el trabajo digno incluye también el derecho al descanso.

Menos horas, más vida

Durante años, millones de personas en México han trabajado jornadas excesivas, sin ver reflejado ese esfuerzo en su salud, en su calidad de vida o en su salario. Quienes laboran en maquilas, call centers, cadenas de producción o servicios saben que trabajar seis días a la semana deja poco espacio para cuidar hijos, atender enfermedades o simplemente descansar.

Reducir la jornada legal a 40 horas semanales sin bajar el sueldo no es un lujo: es una medida de justicia, y no es una idea nueva ni descabellada. Países como Bélgica y Japón han iniciado pruebas piloto con semanas laborales más cortas, demostrando que la productividad puede mantenerse o incluso mejorar si se garantiza el bienestar. En España, por otro lado, pequeñas empresas de tecnología ya aplican modelos de cuatro días laborales, con buenos resultados.

Un cambio que debe construirse con diálogo

Esta transición requerirá ajustes y acuerdos. No será suficiente con modificar la ley; hará falta voluntad de todas las partes. Por eso será clave el diálogo entre empleadores y personas trabajadoras para diseñar esquemas de horarios que funcionen en cada empresa, sin sobrecargas ni simulaciones.

Las personas trabajadoras no deben pagar el costo de este cambio. No puede permitirse que las ocho horas “liberadas” se recuperen con horas extra disfrazadas o con recortes de salario encubiertos. Esa trampa quitaría sentido a la reforma.

El reto está en los detalles

La meta del 2030 obliga a una planificación seria. ¿Cómo se implementará la medida en sectores con alta rotación o sin horarios fijos? ¿Qué tipo de acompañamiento recibirán las pequeñas empresas? ¿Qué papel jugarán los gobiernos estatales? ¿Habrá medidas para que también en el sector informal —donde trabaja más de la mitad del país— se empiece a reconocer este derecho?

La experiencia nos dice que las mejores reformas laborales se construyen con participación, no solo desde el poder. Hasta ahora, por ejemplo, muchos sindicatos grandes han permanecido al margen de esta discusión. Es hora de que se sumen y respalden este cambio con propuestas y vigilancia.

Desde CEREAL, lo decimos con convicción: el tiempo también es un derecho

Durante más de 25 años hemos acompañado a personas trabajadoras en sectores donde las jornadas largas y los turnos rotativos son la norma. Sabemos que el cansancio crónico, la ansiedad y el abandono del hogar no son problemas individuales, sino consecuencias directas de un modelo de trabajo que exprime cuerpos y tiempo.

La posibilidad de trabajar menos y vivir más no es una utopía. Es una exigencia razonable y alcanzable. Pero requiere compromiso, vigilancia y una voz activa de las personas trabajadoras. Que esta promesa no se quede en el archivo de reformas pendientes. Que se convierta en un verdadero parteaguas para quienes llevan años sosteniendo al país con jornadas que no dejan espacio para la vida. La cuenta regresiva ha comenzado.

* Centro de Reflexión y Acción Laboral A. C. es una organización que, desde el servicio de la Fe, la promoción y la formación de los derechos humanos laborales busca construir un mundo incluyente, hospitalario e igualitario, en donde se respete la dignidad de todas las personas y se promueve su desarrollo humano integral. Proporcionan servicios gratuitos de asesoría legal, formación y organización en la promoción y defensa de los derechos humanos laborales a toda persona trabajadora que lo requiera, así como la formación de personas promotoras y defensoras de derechos humanos laborales.