Cuando ver es poseer

Redacción Animal Político · 23 de marzo de 2025

Cuando ver es poseer

“Ver viene antes que las palabras”, escribió John Berger. Pero esa mirada no es neutra: está formada por lo que sabemos, lo que deseamos y, sobre todo, por el poder que creemos tener sobre lo que miramos. En su obra Ways of Seeing, Berger explicó cómo la tradición visual occidental —incluso en su forma más elevada, como el arte— ha consolidado una mirada masculina donde observar es también dominar, y donde el cuerpo femenino es representado para ser visto, deseado y poseído.

Hoy, en la era digital, esta lógica no ha desaparecido. Solo ha cambiado de formato. Las imágenes íntimas compartidas sin consentimiento —lo que se conoce como Violencia Basada en Género Facilitada por la Tecnología (VBGFT)— continúan atrapando a mujeres en miradas que no eligieron, convertidas en objetos de intercambio dentro de entornos virtuales que las despojan de su humanidad.

Esto encontramos en un estudio sobre Violencia Basada en Género Facilitada por la Tecnología (VBGFT), en el que participaron hombres jóvenes en México y Guatemala. Magenta y Altazor queremos compartir un poco de lo que descubrimos, aprendimos y confirmamos con este estudio en conjunto, en el que estos jóvenes reciben y comparten sin consentimiento imágenes privadas o “nudes”, mediante chats grupales.

La masculinidad y la lógica de la propiedad

En los espacios digitales donde circulan estas imágenes, se reproduce un pacto implícito entre hombres jóvenes: compartir contenido íntimo de mujeres se convierte en una forma de validar la masculinidad frente a los demás. Lo que alguna vez fue un retrato al óleo para mostrar posesión, hoy es una fotografía compartida en un chat grupal. El contenido íntimo es transformado en un símbolo de poder, en un trofeo, en una demostración de estatus entre pares.

En este contexto, el cuerpo de una mujer no solo es visto; es clasificado, compartido y reducido. Es, en términos de Berger, una mercancía visual: su valor no está en su historia, su consentimiento o su dignidad, sino en lo que representa para quien lo exhibe.

Congelar una imagen es encerrar a una persona

El daño de esta práctica va más allá de la violación a la privacidad. Al viralizarse, una imagen íntima deja de ser una expresión personal para convertirse en una identidad congelada. Quien aparece en ella ya no tiene derecho a explicar, matizar, defenderse. Se convierte en una versión reducida de sí misma, repetida hasta el cansancio, comentada, juzgada, olvidada… y reenviada otra vez.

La víctima es arrastrada a una narrativa construida por otros, donde su imagen se disocia de su persona, y su cuerpo se convierte en prueba social de alguien más. Es la forma contemporánea de lo que Berger señaló en el arte clásico: el desnudo como un espejo en el que los hombres se ven a sí mismos con poder, no a la mujer como sujeto.

El riesgo de no cuestionar lo que vemos

Gran parte de esta violencia ocurre sin reflexión, amparada en una idea de “normalidad” entre varones que rara vez se interrumpe. Pero no se trata de ignorancia, sino de un sistema de reconocimiento masculino que premia el silencio, el consumo y la repetición. En ese sistema, los códigos de complicidad pesan más que el consentimiento, y las imágenes son vistas como algo disponible por default, como si no tuvieran historia ni implicarán consecuencias.

Frente a esto, hablar de responsabilidad no es solo hablar de leyes o de castigos. Es hablar de la mirada. De qué hacemos con lo que vemos. De cómo aprendimos a asociar imágenes con propiedad, con prestigio, con poder. Y, sobre todo, de cómo podemos desaprender esas ideas.

Romper la cadena es redefinir la mirada

Si vemos el mundo según lo que creemos, es hora de cambiar lo que creemos. No basta con dejar de reenviar imágenes. Hay que reaprender a mirar. Una imagen íntima no es una medalla, ni una broma, ni un objeto de colección. Es un acto de confianza que puede volverse arma si no se respeta.

Berger decía que “la forma en que vemos las cosas está condicionada por lo que sabemos”. Tal vez ha llegado el momento de saber algo diferente. De ver de otro modo. De dejar de poseer a través de la imagen, y empezar a respetar a través del acto de mirar.

*Cristina Salazar, Ed.D. (@CristinaSalazar) es docente y senior manager en Altazor Intelligence (@Altazor_Intell), agencia de investigación de mercados y opinión pública.