blogeditor · 5 de septiembre de 2014
¿Murió ayer de un paro respiratorio o murió hace cuatro años de un accidente cerebro-vascular? Probablemente, Gustavo murió antes que la esperanza. Una certeza tenemos: él dejó de vivir hace mucho tiempo.
Desde que cayó (o ¿calló?) en coma, Cerati no pudo decidir nada. No tuvo la libertad de elegir entre saltarse esos cuatro años o someterse a un procedimiento médico hasta el final.
En Argentina el derecho a una muerte digna se aprobó en el 2012, este derecho establece que “toda persona que padezca una enfermedad irreversible, incurable o que se encuentre en estado terminal puede manifestar su voluntad en cuanto al rechazo de procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital cuando produzcan sufrimientos desmesurados”.
Gustavo no tuvo acceso a este derecho al que también se le podría denominar derecho a la no tortura, porque esta ley se aprobó en 2012 y él estuvo en coma desde 2010, pero además porque la legislación Argentina, como en casi todo el mundo incluido México, no contempla el derecho a la eutanasia entendido como las medidas que activamente se apliquen para evitar la prolongación de la vida artificial del paciente o evitar sufrimientos intensos causados por enfermedades incurables, degenerativas o una discapacidad grave.
Solamente en Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Suiza está regulado este derecho. Contrario a lo que pudiera pensarse, garantizar este derecho no ha representado una ola de prácticas de eutanasia en estos países. La revista médica The Lancet publicó un estudio que analiza esta práctica en Holanda (donde el derecho a la eutanasia se reconoció en 2002) y encontró que apenas el 2.8% de las muertes suscitadas en 2010 fueron resultado de la aplicación de la eutanasia.
Estos países han aprobado legislaciones responsables que establecen mecanismos estrictos de control como por ejemplo: que se cuenten con todos los diagnósticos e información necesaria, que se respete el derecho a la objeción de conciencia de los médicos que no quieran practicarla, pero sobre todo que el paciente exprese su voluntad de morir sin dolor de manera formal, libre, reiterada y en pleno uso de sus facultades mentales. En casos de accidentes cerebro-vasculares como el de Gustavo Cerati se prevén mecanismos para que las personas puedan anticipar su decisión en caso de enfrentarse a una situación así.
Es muy respetable la posición de muchas personas que por su religión creen que “Dios decide cuándo”, pero también es muy importante respetar la libertad y la decisión de los que no tenemos esas creencias y no queremos sufrir una agonía.
En la mayoría de los países no han entendido que vivir es un derecho y no una obligación y sobre todo que vivir es una decisión personal y no una decisión del Estado. Urge legislar por el derecho a la #EutanasiaYa para morir sin agonía, porque como decía el mismo Cerati: de morir, nada nos libra.