Cuando México evalúa, México cambia

alejandrohopeeditor · 24 de marzo de 2012

Cuando México evalúa, México cambia

La política de seguridad en México es una zona libre de evidencia. Las instituciones poco registran, poco reportan y poco analizan sobre la situación del delito, la prevención y la justicia. Y eso significa que poco sabemos y poco entendemos y poco podemos diferenciar lo que funciona de lo que no, lo encomiable de lo criticable,  el gasto útil del perfecto despilfarro. En México, la guerra contra el delito está envuelta por una bruma espesa.

En ese entorno, los esfuerzos de medición, sistematización y procesamiento de datos son decisivos. Sin el trabajo de un puñado de especialistas y de unas cuantas organizaciones de la sociedad civil, nuestra ceguera sería total. Y de esas instituciones, pocas hacen tanto por transparentar lo opaco y medir lo difuso como México Evalúa. Edna Jaime y su extraordinario equipo hacen una labor monumental de arqueología de datos, de clasificación y ordenamiento, de evaluación y análisis, sin la cual sería casi imposible pensar y escribir y opinar sobre temas de seguridad y justicia en el país.

Si no me creen o si dudan de mi sinceridad debido a mi asociación profesional con México Evalúa, vayan a su página y formen su propio juicio: les aseguro que la calidad del trabajo de esa institución habla por sí misma.

Todo esto viene a cuento porque el lunes próximo, México Evalúa presentará un documento que va a ser una referencia básica en la conversación nacional sobre seguridad y justicia. Titulado “Seguridad y Justicia Penal en los estados: 25 indicadores de nuestra debilidad institucional”, el documento es la actualización y complemento de los índices de desempeño del sistema penal y de inseguridad ciudadana producidos en años previos por México Evalúa. Es una recopilación en cinco dimensiones y con desglose estatal de datos fundamentales sobre la seguridad y la justicia en el país. O, más bien, sobre la inseguridad y la injusticia: los datos componen un retrato espantoso de las condiciones de violencia que se viven en buena parte del país y de la incapacidad de las autoridades para establecer el imperio de la ley.

No adelanto de más para no liquidar el suspenso, pero les comento dos temas que me parecen sumamente trascendentales:

  • El documento provee una ilustración estadística inmejorable de un fénomeno del que he escrito en varias ocasiones: la impunidad genera violencia, pero también (y esto es crucial) la violencia alimenta la impunidad. En 2010, la tasa de homicidio se disparó 20.6%. En paralelo, la impunidad a nivel nacional en materia de homicidio doloso brincó siete puntos porcentuales, de un muy malo 73% a un desastroso 80% (nota: como referencia, en Estados Unidos el número comparable es 36%). Se trata en efecto de un maquina infernal: más homicidios generan más impunidad y más impunidad produce más cadáveres. Frenar esa espiral requiere, sí, de más capacidad de las autoridades para ubicar y castigar asesinos, pero también de menos asesinatos. Una política de prevención y disuasión del homicidio parece obligada.
  • El documento provee un amplio y aterrador retrato del sistema penitenciario, pero hay un dato que es sumamente revelador: a nivel nacional, uno de cada siete presos del orden local es reincidente. En Nuevo León y en el Distrito Federal, la proporción es uno de cada cuatro. Eso significa que las prisiones no cumplen con sus funciones elementales: no disuaden a sus internos y ciertamente no los rehabilitan. Es más, ni siquiera los incapacitan para cometer más delitos, como demostró de manera palmaria la masacre del penal de Apodaca.

En el reporte, hay muchos datos más, la mayoría lamentables, cuando no terroríficos. Pero, con todo, es un documento que inspira al optimismo, por una razón fundamental: mide y cataloga el desastre, y ese es siempre el primer paso para resolverlo.

Entonces, felicidades y gracias a Edna Jaime, a Leticia Ramírez de Alba, coordinadora del programa de seguridad pública, y a todo el equipo de México Evalúa por un trabajo extraordinario. Y a mis cinco lectores, les recomiendo decididamente que lean el documento de cabo a rabo apenas esté disponible. Les aseguro que será un gran uso de su tiempo.