Hoy tengo una brevísima reflexión con respecto al tema de coyuntura: el huracán Sandy que invade Nueva York y Washington D.C.
Independientemente de que todos debemos esperar que no la pasen tan mal los gringos y también nuestros compatriotas que están en esos dos lugares en estos momentos, el simple hecho de cómo han reaccionado las autoridades federales y locales con respecto al huracán es por demás interesante.
Si recordamos bien, en este momento hay un proceso electoral federal a punto de concluir
el próximo martes 6 de noviembre en Estados Unidos y justito antes, viene el huracán Sandy a armar el desmoder y a hacer que todos anden con el Yisusindamaud, todos.
Lo interesante es que el presidente Obama, que no está de más decir que anda en plena campaña con la intención de relegirse, está encabezando una gran movilización nacional que busca no sólo tranquilizar a la banda, sino también a orientarla sobre cómo hacer que no les vaya tan mal.
Muchos podrían de inmediato echar a andar la maquinaria del sospechosismo y decir que bueno, Obama está aprovechando la situación para aparecer hasta el hartazgo en los medios de comunicación y poder, de esta manera, capitalizar políticamente la tragedia. Otros podrían pensar en cambio, que es legítima su preocupación y que antes que ser un suspirante a relegirse, primero hay que ver por los suyos. Lo que si podemos decir es que mientras son peras o son manzanas, Don Obama le está echando candela al asunto y está concentrando en este momento todas sus energías en atender el desastre, cosa muy contraria a lo que hizo Bush cuando Katrina se la dejó ir sobre la ciudad de Nueva Orleans hace algunos años y la huesuda hizo su agosto.
Ahora bien, tal vez se pregunten ¿qué diablos tiene que ver la venida de Sandy sobre Nueva York y Washington con México? Pues que en Estados Unidos se toman medidas preventivas, es decir, antes de que la tragedia sea una realidad, medidas tomadas tanto por las autoridades federales y locales, como por los propios ciudadanos.
Con respecto a las gubernamentales, podemos ver sobre todo, el acondicionamiento de espacios públicos y privados para dar albergue a posibles damnificados o, inclusive, sólo para proteger a la población más vulnerable. También podemos ver las campañas de comunicación donde le explican a la gente qué diablos tienen que hacer para proteger sus bienes y sobre todo, a su familia. Pero lo más importante es que la autoridad se deja ver, se deja sentir y sobre todo, actúa.
Sobre las medidas de los ciudadanos podemos decir que si bien no faltan los loquitos que salen en pleno huracán a tomar fotos y videos, inclusive a surfear o hacer alguna estupidez mayor, la mayoría de la gente primero asegura sus propiedades y pertenencias, y no me refiero únicamente a poner protecciones en puertas y ventanas, sino a comprar un seguro. Y se preguntarán, ¿eso de qué diablos les sirve? Pues de mucho, porque en caso de que el huracán les desmadre su casa o desaparezcan sus pertenencias, un seguro les permitiría afrontar ese momento de crisis y financiar la reconstrucción de su casa o la reposición de sus pertenencias, es decir, no se quedarían con una mano adelante y la otra detrás.
Ahora bien, ¿qué diablos pasa en México cuando nos visita una comadreja huracanada como la méndiga Sandy? Pues que las autoridades brillan por su ausencia antes que llegue el huracán, de hecho, en muchas ocasiones son las primeras en desaparecer.
También es muy común que no se tomen las medidas necesarias para mitigar los efectos de un huracán. Nadie puede decir que se pueden evitar o que una estela de luz bicentenaria pueda detener los vientos huracanados, pero sí se puede financiar la infraestructura necesaria para reducir los daños causados por un chistecito como este.
¿Ejemplos? Invertir en drenaje, alcantarillado, diques y canales pluviales adecuados; impedir la construcción de casas y edificios en zonas de alto riesgo, como las orillas de los ríos y lagos, o en las laderas de cerros y montes. Además, implementar una adecuada campaña de comunicación y educación preventiva es importantísima y más cuando un huracán o una tormenta tropical está muy cerca.
En vez de eso, la mayoría de las autoridades, sobre todo las locales, se hacen que la virgen les habla y sólo acuden al “auxilio” de su población una vez que les llegó el agua al cuello o inclusive, ya perdieron todo. En ese momento, la autoridad local se vuelve el salvador, quien llena de despensas, materiales de construcción, electrodomésticos y promesas a los damnificados. Inclusive, hay autoridades locales que se han hecho expertas en solicitar, administrar y mapachearse, los recursos provenientes del Fondo de Desastres Naturales, conocido como FONDEN, quienes en un dos por tres, solicitan a la Secretaría de Gobernación declare zona de desastre natural su municipio o estado, para que de inmediato entre en operación el Plan DN-III y empiecen a fluir los recursos del fondo a raudales. Ha habido estados que si bien, viven en zonas que tienen altas posibilidades de sufrir daños por tormentas tropicales y huracanes, como Tabasco y Chiapas, se han vuelto los clientazos del FONDEN.
Con respecto a la banda, en México casi nadie tiene asegurada su casa y sus pertenencias, además de que son muy pocas las personas que toman las medidas preventivas necesarias para reducir el daño que un huracán o una tormenta tropical provoca.
Nos gusta hacernos mensos, pero en el momento en que el destino nos alcanza, entonces sí, imploramos a la Virgencita nos socorra y también al papá gobierno que nos ayuda, porque nuestra casita que estaba al lado del río, ya no está más. ¿Cuándo seremos de una vez por todas conscientes de que tanto autoridades como ciudadanos somos corresponsables de lo que nos pasa cuando el destino nos alcanza?
Por cierto, ¿han notado que a pesar del huracán, la banda gringa y tenochca que está en Nueva York y Washington están twitteando o feisbuqueando todo lo que pasa porque el servicio de internet SIGUE FUNCIONANDO? En cambio, aquí en México, llueve tantito y se desmadra el internet por una semana o más. Como dice Juanito, ¿WTF?