¿Cuál es la mejor estrategia para combatir el crimen en México? ¿La disuasiva o la incapacitante?

blogeditor · 29 de diciembre de 2011

¿Cuál es la mejor estrategia para combatir el crimen en México? ¿La disuasiva o la incapacitante?

Por Leticia Ramírez de Alba, Coordinadora del Programa de Seguridad Pública de México Evalúa

En 1995, Steven Levitt publicó un artículo en el que analiza algunas razones que podrían  explicar por qué los arrestos tienden a reducir el crimen, entre las cuales se encuentran la disuasión y la incapacitación de criminales. Con la primera presupone que los delincuentes potenciales tienen menos incentivos a cometer los delitos que presentan mayores tasas de arrestos. Con la segunda presume que los delincuentes dejan de cometer delitos cuando son atrapados y confinados.

La gran diferencia entre ambas es que la disuasión modifica los incentivos de los delincuentes potenciales: Reduce los incentivos a cometer los delitos en los que la probabilidad de ser arrestado es relativamente alta y, en algunos casos, aumenta los incentivos a cometer otros delitos similares que presentan tasas de arresto relativamente bajas. De acuerdo con Levitt, el efecto sustitución provocado por la disuasión se presenta generalmente en los delitos patrimoniales y en los delitos violentos. Por otro lado, la incapacitación elimina la posibilidad de comisión de delitos por parte de los delincuentes que son puestos en cautiverio. En otras palabras, la disuasión puede tener un efecto sustitución en la comisión de delitos (en vez de cometerse un delito se comete otro) y la incapacitación un efecto de supresión (ya no se cometen delitos).

El análisis de Levitt contempla información de 59 de ciudades de la Unión Americana para el periodo comprendido entre 1970 y 1992. Los resultados arrojaron que el efecto de la disuasión fue significativo para los delitos de robo, asalto agravado, robo en inmuebles, hurto y robo de auto; pero no para los delitos de homicidio y violación. Lo anterior significa que mayores tasas de arresto en estos crímenes no se tradujeron en menos homicidios y violaciones.  En lo que se refiere al efecto incapacitación, éste demostró ser significativo sólo para los casos de violación y robo.

¿Qué resultados se obtendrían en un ejercicio similar para el caso de México? Mi hipótesis es que ninguno de los dos efectos sería significativo. Lo anterior en virtud de que en nuestro país las estrategias se han enfocado más en el efecto incapacitación, dejado de lado el de disuasión. Y, hoy por hoy, las sanciones parecen no tener efectos incapacitantes en los delincuentes: Además de que hay una alta impunidad, los criminales que son confinados en los centros penitenciarios pueden seguir cometiendo delitos. No es extraño escuchar que los reclusos extorsionan y negocian secuestros vía telefónica. De acuerdo con cifras de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) correspondientes a septiembre de 2010, el 85 por ciento de las averiguaciones previas por este delito apuntaban a extorsiones realizadas desde los centros penitenciarios. Y, al parecer, las medidas tomadas por las autoridades para bloquear las señales telefónicas de estos centros no han sido muy exitosas.

Basta con revisar las noticias recientes. El 22 pasado de diciembre, el diario Reforma publicó que, a pesar de las inversiones en bloqueadores de señal telefónica, hizo contacto con un grupo de internos del Reclusorio Norte a través del Twitter y que realizó llamadas telefónicas con los mismos. Este ejemplo muestra que junto con las nuevas tecnologías deben implementarse estrategias anticorrupción al interior de los penales.

También hay evidencia que apunta a que las cárceles profesionalizan y vinculan a los criminales: En mayo de 2011, el diario Reforma publicó una nota con la siguiente declaración del Director del Instituto de Formación Profesional de la PGJDF, Juan José Olea: “El comportamiento criminal se aprende, se imita, hay bandas criminales que actúan por imitación; Daniel Arizmendi declaró que aprendió algunas mañas de Andrés Caletri, éste a su vez dijo que Ríos Galena le enseñó como tratar a los policías”.  Al estar en contacto continuo con otros criminales, los delincuentes aprenden nuevas formas de delinquir y a trabajar en equipo.

Tenemos un panorama en el que las estrategias de reclusión, que pretenden ser  incapacitantes,  no son efectivas ni eficientes y, además, tienen efectos contraproducentes. No solo no detienen la labor delictiva, sino que promueven su especialización. En adición a lo anterior, es un esquema de sanción muy costoso para la sociedad ya que los centros de readaptación social se mantienen con recursos públicos.

En el corto plazo, una estrategia de incapacitación para reducir el crimen no parece ser viable. Hoy no está funcionando y tomará mucho tiempo antes de lo haga. Para empezar, hoy México no tiene la capacidad para recluir más delincuentes. Los centros de readaptación están sobrepoblados. De acuerdo con el Quinto Informe de Labores de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, para julio de 2011 los centros penitenciarios tenían una capacidad para albergar 185 mil 121 reclusos y tenían una población de 227 mil 671 reclusos. Una población 22.7 por ciento superior a la de su capacidad.  Adicionalmente, hay mucha corrupción en los penales, la cual permite que los delincuentes continúen sus prácticas criminales.

Y, aunque hubiera más espacios para los delincuentes, el número de delitos que pueden procesar las policías, los ministerios públicos y los jueces es muy limitado. En el caso del homicidio, de acuerdo con cálculos propios basados en las Estadísticas Judiciales en Materia Penal, del total de homicidios ocurridos cada año, en promedio se sancionan 4 mil. ¿Qué pasa con el resto? Simplemente quedan impunes. Ante este panorama, en México, una opción viable para reducir las tasas criminales en el corto plazo es la disuasión. El reto es encontrar formas adecuadas de hacerlo que no continúen colapsando al sistema y que eviten que la disuasión de un tipo de delitos promueva la comisión de otros más graves.

En un estudio realizado para el caso de Bogotá, Colombia, el cual comprende el periodo 1994 – 2002, se encontró que los factores más importantes para reducir el homicidio y el atraco fueron el aumento de la tasa de capturas (arrestos) y el mejoramiento de la cultura ciudadana. Estos resultados muestran que la amenaza de la aprehensión es un elemento clave para la disuasión. Pero, también revelan que el componente de cultura ciudadana es esencial para frenar la ola de delitos.  Algunas estrategias anticrimen exitosas aplicadas en otros países han sido reseñadas por Eduardo Guerrero y Benjamín Lessing en la Revista Nexos y por Alejandro Hope en el sitio de Internet de Animal Político. La mayor parte de estas estrategias modifican los incentivos de los grupos más propensos a cometer delitos, sin tener que acudir a esquemas de incapacitación a través de la reclusión.

En México, los cambios en los incentivos pueden generarse aumentando la probabilidad de arresto, pero también pueden darse a través de la cultura ciudadana y del cambio de valores, así como de la mejora de la infraestructura pública y de la estructura de oportunidades para el desarrollo de la población. Todos estos elementos pueden convencer a los delincuentes potenciales de que no es una buena idea cometer crímenes.