Criterios de utilidad social

blogeditor · 8 de octubre de 2013

Criterios de utilidad social

El austriaco Christian Felber (1972) publicó La economía del bien común, en 2010.  La edición en español es de la Editorial Deusto. La tesis central del texto es que a los valores propios del sistema capitalista (competitividad, rendimiento, crecimiento, beneficio) deben añadirse los valores sociales (ayuda, cooperación, solidaridad…)

De esta manera, la empresa “en lugar de regirse únicamente por sus resultados, lo hace por criterios de utilidad social”, como plantea Joseba Elola en la entrevista que le hace a Felber y que publicó en El País con el título de “Las empresas debe regirse por criterios de utilidad social”.

[contextly_sidebar id=”444468826769e0bea507bc28b097f5f1″]En los países ahora se tiende a sustituir el indicador de Producto Interno Bruto (PIB) por el de Producto del Bien Común (PBC) que mide no sólo el crecimiento económico sino también, entre otros factores, la calidad de la democracia, la política medioambiental, el reparto de la ganancia y la igualdad social.

De la misma manera el modelo de Felber propone que en las empresas no sólo se mida la producción de las ganancias sino también aspectos como el respeto al medio ambiente, la remuneración igual a hombres y mujeres, la creación de empleos y la no explotación de los trabajadores.

¿Qué incentivos reciben las empresas que se suman a la idea de la economía del bien común? Felber responde: “se sienten pioneros de una economía al servicio del ser humano. El balance del bien común es para ellos un instrumento de desarrollo organizativo: la evaluación ética de lo que están haciendo los lleva a una metamorfosis…”.

El modelo de Felber se basa en la apuesta por la democracia directa y asegura que “la cultura de la democracia directa está empezando, porque la gente se da cuenta de que los supuestos representantes no nos representan. Para mí la solución es democracia directa, referéndum, asambleas democráticas, para ciertos temas como el sistema económico, monetario, los medios de comunicación…”

La economía del bien común empieza “por los municipios del bien común, que organizan los procesos de participación ciudadana. El primero es el desarrollo del índice de calidad de vida municipal, para saber cuál es la meta. Y, segundo, las asambleas económicas democráticas, donde la ciudadanía define el orden económico, según sus preferencias, necesidades y valores”.

Felber es consciente que “la economía del bien común no es un modelo perfecto y acabado. Las cuestiones claves deben de ser debatidas por los ciudadanos”. A partir de la publicación del libro, hace ya tres años, se han sumado a la propuesta de la economía del bien común y los consecuentes criterios de utilidad social 1,277 empresas en el mundo. Cierto, son muy pocas, pero la idea se ha puesto en marcha.