Kirguistán y Tayikistán, frente a la crisis energética en Asia central

Joel Aguirre · 24 de agosto de 2026

Kirguistán y Tayikistán, frente a la crisis energética en Asia central

Kirguistán y Tayikistán, así como otros países de Asia central, están enfrentando una crisis energética. Esto debido a que ambos países dependen enormemente de energía hidroeléctrica para satisfacer la demanda energética; sin embargo, el cambio climático ha generado una serie de problemas debido a la drástica caída de los niveles de agua de los embalses. A la par, el aumento en la dificultad para importar combustible debido a factores como la guerra entre Rusia y Ucrania han dejado a estos países en una situación de gran vulnerabilidad.

Los gobiernos de Bishkek y Dushanbe se encuentran ante una crisis energética que revela una de las principales vulnerabilidades de Asia Central: la región posee importantes recursos energéticos, pero su distribución geográfica, su infraestructura heredada de la Unión Soviética y su dependencia de mercados externos hacen que algunos de sus Estados sean particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático así como a perturbaciones internacionales.

En 2026, esta vulnerabilidad se ha hecho evidente a través de dos crisis con causas separadas pero interconectadas. Por un lado, la generación eléctrica de Kirguistán y Tayikistán depende ampliamente de la energía hidroeléctrica, cuya capacidad está siendo presionada por la disponibilidad cada vez más irregular del agua. Por otro, ambos países dependen fuertemente de combustibles importados, especialmente de Rusia, cuya capacidad de exportación se ha visto afectada por la guerra con Ucrania.

La primera dimensión de la crisis es, por tanto, esencialmente de seguridad hídrica. A diferencia de otros países de la región como Kazajistán, Uzbekistán o Turkmenistán que tienen otras fuentes de producción energética como gas o petróleo, Kirguistán y Tayikistán dependen de la hidroelectricidad para satisfacer una proporción muy elevada de su demanda interna. Esta dependencia fue durante décadas una ventaja, debido a la abundancia de recursos hídricos provenientes de las montañas de Asia Central; sin embargo, el cambio climático está modificando las condiciones sobre las que se construyó este modelo.

Tensiones sobre el manejo del agua

La realidad actual es que en la región de Asia Central es posible observar los efectos de cambio climático, pues se enfrenta a una creciente variabilidad en los patrones de precipitación, el retroceso de glaciares y cambios en el volumen de agua de los principales ríos. Esto tiene una consecuencia particularmente importante para las relaciones entre países vecinos.

Sobre todo, a partir de los esfuerzos tayikos y kirguises de aumentar su capacidad de producción eléctrica. Para Bishkek y Dushanbé, proyectos de represas como Kambarata-1 en el río Naryn en Kirguistán y la represa Rogun en el río Vajsh en Tayikistán representan una oportunidad para reducir sus déficits eléctricos, generar ingresos mediante exportación de energía y disminuir su vulnerabilidad energética. Sin embargo, el proceso para poner en funcionamiento estas represas implica acaparar agua río arriba afectaría el acceso al agua en Kazajistán y Uzbekistán afectando sobre todo la economía agrícola de estos países, lo que genera tensiones sobre el manejo del agua.

La interdependencia se vuelve todavía más compleja porque Asia Central conserva una red eléctrica parcialmente interconectada, diseñada durante el periodo soviético para funcionar como un sistema común. Esto hace que una perturbación en la generación de estos dos países pueda repercutir sobre todo el sistema regional y es por ello que los problemas energéticos en Kirguistán ya han afectado a países vecinos como Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán. Esto lo vemos con los problemas recientes en la central hidroeléctrica de Toktogul, en Kirguistán, los cuales provocaron apagones en el sistema eléctrico regional de Asia Central.

Escasez de combustible, un problema político y social

Podemos considerar el problema de la producción eléctrica como una adversidad estructural de larga data. Sin embargo, estos países experimentan otra crisis simultánea: el acceso a combustible. Kirguistán y Tayikistán tienen una enorme dependencia de las importaciones de productos petrolíferos rusos; pues ambos países obtenían aproximadamente 90 % de sus suministros de combustible de Rusia. La guerra en Ucrania ha demostrado que esta dependencia constituye una vulnerabilidad estratégica. Los ataques ucranianos contra refinerías rusas han reducido la capacidad de refinación de Moscú y provocado problemas de abastecimiento. Como consecuencia, Rusia ha restringido sus exportaciones de gasolina, diésel y otros productos.

Y es que esto no es algo menor. La escasez de combustible puede convertirse rápidamente en un problema político y social, especialmente en países tan dependientes de las importaciones como Kirguistán y Tayikistán. El aumento de los precios de la gasolina y el diésel no afecta únicamente al transporte, pues incrementa también los costos de producción agrícola, distribución de alimentos y movilidad cotidiana, generando presiones inflacionarias que reducen el poder adquisitivo de las personas. De hecho, a nivel regional los precios de los combustibles en Asia Central ya han aumentado aun cuando los gobiernos buscan subsidiar y estabilizar los precios.

Para ambos gobiernos, garantizar el abastecimiento de combustible deja de ser entonces una cuestión estrictamente económica y se convierte en una cuestión de estabilidad política, pues mantener las gasolineras abastecidas, controlar los precios y evitar interrupciones en el transporte puede ser tan importante para preservar la estabilidad interna como garantizar el suministro eléctrico. Especialmente conforme se acerca el invierno y la escasez de combustible y electricidad se puede volver un tema de seguridad humana.

Dependencia de sistemas energéticos altamente interconectados, la principal vulnerabilidad

Para mitigar los efectos de esta escasez los gobiernos en Bishkek y Dushanbé han buscado alternativas a los combustibles rusos. Incluso han pedido apoyo a países como China, Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Bielorrusia y Azerbaiyán para garantizar un suministro estable de combustible. Y aunque China ha buscado satisfacer la demanda de los países de Asia Central, el problema recae en las redes logísticas para suministrar combustible a Kirguistán y Tayikistán, quienes no cuentan con la infraestructura para el transporte de combustible desde China. Por lo que continúan dependiendo de terceros para su seguridad energética. 

Asimismo, vemos como la respuesta de los países vecinos demuestra que el problema no se limita a Kirguistán y Tayikistán. Aún países productores de petróleo como Kazajistán ha endurecido considerablemente los controles fronterizos para impedir el contrabando de combustibles y proteger su propio mercado. Lo que muestra que la reducción de los suministros rusos y la creciente volatilidad de los mercados energéticos están generando presiones que trascienden a los países más dependientes de las importaciones.

En última instancia, la crisis energética de Asia Central revela que la principal vulnerabilidad de la región no es necesariamente la ausencia de recursos, sino la dependencia de sistemas energéticos altamente interconectados y expuestos a perturbaciones externas. Para Kirguistán y Tayikistán, la combinación de escasez hídrica, dependencia de la hidroelectricidad y dificultades para garantizar el suministro de combustibles puede convertirse en problemas de estabilidad económica, social y política. Al mismo tiempo, sus esfuerzos por alcanzar una mayor autonomía energética pueden generar tensiones con los países vecinos por el control del agua.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en producir más energía, sino en construir mecanismos regionales capaces de administrar conjuntamente agua, electricidad y combustibles. De lo contrario, el cambio climático y la creciente inestabilidad geopolítica podrían transformar las actuales vulnerabilidades energéticas en una fuente permanente de inseguridad para toda Asia Central.

Más sobre este blog