Crimen organizado y democracia

Rubén Aguilar · 31 de mayo de 2011

Crimen organizado y democracia

El aumento de los asesinatos en México, Centroamérica y el Caribe está relacionado con conflictos al interior de los grupos del crimen organizado. De eso no hay duda, pero tampoco que hace relación, en buena medida, a la estrategia punitiva que impulsan los países para hacer frente al problema.

La política de “mano dura” no resuelve el problema y sí lo hace mayor, con el agravante -conflicto todavía mayor- de la violación de derechos ciudadanos fundamentales. El discurso de la “mano dura” implica, en muchos casos, retrocesos democráticos. Se utiliza como estrategia político-electoral, puede dar votos, pero no soluciona nada.

El problema de la inseguridad no es tal y sí de desarrollo. Expresa los niveles de madurez de las instituciones del Estado, no sólo del gobierno, y la capacidad de las mismas para hacerse valer y poner orden.

Los Estados Unidos son muy buen ejemplo y debería ser imitado. Es la sociedad donde más circulan y consumen drogas no hay violencia cuando tiene lugar la venta y compra de las drogas. El Estado asume que su consumo es un fenómeno social que estará siempre presente y lo que hace es poner las reglas y hacerlas valer, para que los vendedores -el crimen organizado- realicen la venta sin violencia y corrupción de la autoridad.

En los hechos implica una legalización de facto, aunque el discurso sea otro, y una “administración” de un problema social inherente a la sociedad. En la aceptación de esta realidad enfoca el problema desde donde puede hacerle frente, que es el enfoque de la salud pública y no de la seguridad nacional.

El problema del crimen organizado y su amenaza sobre la democracia tiene relación con los grados de desarrollo social, pero no lo explica del todo. Los Estados Unidos tienen altos niveles de desarrollo y a pesar de eso, o por eso, es el mayor consumidor del mundo, lo que provoca que cientos de miles de jóvenes se dediquen, como un empleo rentable, a vender drogas.

La manera de reducir la violencia y los efectos de la acción del crimen organizado sobre la democracia es asumir la necesidad de distinguir entre los negocios y la violencia-corrupción. En esta distinción es posible, por ejemplo, que para el caso de las drogas -pieza clave del enriquecimiento del crimen organizado- se dé camino a su legalización, para reducir sus ingresos.

El fortalecimiento de la democracia exige ideas nuevas, más allá del enfoque sólo punitivo, para hacer frente a la acción del crimen organizado. Ideas y propuestas que asuman la realidad y dimensión social de problemas nuevos que hacen relación a cambios culturales, como es el consumo de las drogas.