Redacción Animal Político · 9 de junio de 2024
Porque en cada historia que hemos transformado a lo largo de 28 años, encontramos el sentido de nuestra labor.
La movilidad es un acto inherente al ser humano; pero, con el tiempo, hemos levantado muros que dificultan el libre tránsito de las personas en su búsqueda por mejorar sus condiciones de vida ante la diversidad de problemas de sus comunidades de origen.
Las situaciones de discriminación, racismo y xenofobia dificultan la construcción de caminos y puentes hacia un futuro más esperanzador para aquellas personas que hoy se encuentran lejos de sus comunidades de origen pero que llegan a México en busca de un faro que ilumine su futuro. Por ello, hemos desarrollado programas, proyectos y servicios enfocados en las necesidades de las personas en movilidad, que van desde el asesoramiento legal, el apoyo psicosocial y los servicios para la integración local.
Trabajamos incansablemente para mitigar los desafíos que enfrentan aquellas personas que han dejado sus países de origen en busca de oportunidades y una vida mejor. Nos enorgullece nuestra capacidad para adaptarnos a las cambiantes condiciones y necesidades de las personas en movilidad, siempre guiados por los principios de dignidad, inclusión y respeto.
En el tejido de historias que compartimos en Sin Fronteras I.A.P, cada día somos testigos de cómo la esperanza emerge de las cenizas de la desesperación. Nuestra labor, se traduce en acciones donde la empatía y la colaboración de hoy alimentan las sonrisas de mañana, buscando siempre ser un faro de esperanza en medio de la oscuridad.
En el vibrante tapiz de la vida, las historias de Alejandra y de Antonio destacan como un destello de esperanza tejido por Sin Fronteras I.A.P. Estas dos historias que compartiremos resumen la colaboración de los diferentes actores involucrado para que las personas que atendemos cumplan sus objetivos, cambiamos sus nombres para resguardar su identidad y privacidad.
Después de varios años fuera de Nigeria y un transitar por otros países, Alejandra encontró en México un nuevo hogar. El camino no ha sido sencillo, la soledad que trae el transitar por país extraño y las dificultades para el acceso a la educación de su hijo, para regularizar su situación migratoria y para encontrar un empleo formaron un muro difícil de librar.
El acompañamiento legal le dio la oportunidad a su hijo de acceder a la educación, con el acompañamiento para su inserción laboral, encontró una fuente de empleo y la esperanza de salir adelante con su hijo. Hoy Alejandra está muy orgullosa de su transitar, de las personas que ha encontrado en el camino, de la comunidad que está formando en este nuevo hogar y de sentir paz y certeza por el acceso a sus derechos.
A sus 67 años, Antonio dejó atrás El Salvador en busca de nuevos horizontes en México. Aquí, encontró más que sabores exquisitos: descubrió su don para trabajar el vidrio y la madera en los talleres de la organización. El arte de armar lámparas se convirtió en su pasión, alumbrando no solo su taller, sino también su espíritu. Ahora Antonio no solo disfruta de la comida mexicana, sino que ha construido un rincón propio de creación, demostrando que la edad no limita los sueños.
Sus historias son un canto a la resiliencia y un recordatorio conmovedor de la transformación posible cuando se brinda apoyo y oportunidades. Si sientes la llamada a contribuir a tejer historias de esperanza, escríbenos a [email protected] o [email protected].
*Lizbeth Mendieta Venegas es encargada de Desarrollo Institucional y de Proyectos. (@SinFronterasIAP)