blogeditor · 31 de marzo de 2020
Debimos saber
¿Por qué la pandemia de COVID-19 tomó al mundo por sorpresa si las evidencias y advertencias tienen más de 10 años? Gobierno, empresas y sociedades de todo el mundo se vieron sorprendidas y con una capacidad de respuesta muy limitada a la pandemia, a pesar de que tuvimos todos los avisos necesarios.
Incluso México tiene una experiencia propia y reciente con la epidemia de Influenza A H1N1 del 2009. No obstante todo lo anterior, a todo el mundo y a todos los sectores de la sociedad nos tomó desprevenidos y precariamente preparados para enfrentar esta crisis.
Más aún, en los últimos 4 años México (y en particular la Ciudad de México) ha enfrentado, al menos, siete eventos críticos de muy diversas naturalezas y que al parecer dejaron muy pocas lecciones aprendidas:
Pareciera que estos fenómenos no tienen mucho en común, sin embargo no es así. Todos son fenómenos de macro-escala que paralizan la economía y que generan graves afectaciones humanas. Además generan numerosas situaciones que no están previstas en los marcos regulatorios públicos y privados; ni siquiera en las normas sociales. También exacerban la desigualdad social y la polarización de la sociedad, y evidencian el anacronismo de nuestros marcos regulatorios y de la cultura empresarial y de gobierno.
Pero aún más grave es que, si los tomamos en conjunto, tienen un factor común adicional: cada vez suceden con más frecuencia. Sin contar fenómenos agudos cíclicos (tormentas, inundaciones, incendios forestales) a los que estamos un poco más acostumbrados, lo que estamos viendo es que la inestabilidad y los eventos de cambio profundos ahora son la norma.
No obstante, el marco de inestabilidad y estrés no está definido por estos eventos. Estos son fenómenos agudos; es decir que concentran en un periodo corto impactos de gran magnitud. detrás de estos fenómenos hay fenómenos crónicos de cambio que están operando constantemente (tabla muestra solo unos cuantos ejemplos).
Los fenómenos crónicos son aquellos que persisten en el tiempo y el incremento de sus impactos es gradual pero constante. Asimismo, son estos fenómenos que han venido exacerbándose con el incremento de la degradación ambiental y las presiones sociales. Pese a que los fenómenos agudos reciben mayor visibilidad, son solo la punta del iceberg. Son los crónicos los que en realidad están deteriorando nuestros sistemas socio-económicos y ambientales.
A su vez, son estos procesos los que generan un incremento en la inestabilidad y que eventualmente detonan fenómenos agudos no cíclicos. Por ejemplo, existe una conexión entre el brote de ébola del 2014 y la sobreexplotación de los recursos pesqueros de África occidental, y detrás de la caravana migrante está el incremento en la presión ejercida por el crimen organizado sobre la población civil de Centroamérica.
¿Y cómo responden las empresas en México a este entorno?
A penas hace 10 años enfrentamos el impacto de la pandemia de H1N1 que tuvo graves consecuencias económicas para el país. Hoy, pareciera que no quedó ninguna lección aprendida; ni como sociedad ni en las empresas ni en el gobierno.
Ante este ritmo constantemente acelerado de cambio en México seguimos tomando decisiones de corto plazo, basados en marcos teóricos, normativos y culturales rígidos y anticuados. Seguimos utilizando el pasado para predecir el futuro. Seguimos viendo el cambio como algo extraordinario. Seguimos planeando en función de los resultados que decidimos obtener (planeación por objetivos) y no en función de cómo está cambiando el entorno (planeación por escenarios).
Por eso ante la crisis las empresas responden de manera reactiva e improvisada. Carecen de mecanismos financieros para hacer frente a paros operativos y no cuentan con políticas o procedimientos solidarios que consideren las necesidades de los grupos más vulnerables de la cadena de valor. Sus modelos operativos y de negocio son rígidos; incapaces de adaptarse al cambio.
La respuesta es resiliencia
La definición más sucinta de resiliencia (tomada del Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo) es “la capacidad de un sistema (persona, organización, comunidad, ecosistema, país) de manejar el cambio y continuar desarrollándose”.
Resiliencia no es adivinar el futuro; se trata de desarrollar la capacidad de tomar un proceso de estrés para provocar la renovación y el pensamiento innovador de la sociedad. Para lograr esto hay 6 componentes que deben incorporarse en la mentalidad organizacional de las instituciones públicas y privadas de México:
* Carlos Viesca (@CAVILO_) es socio fundador de RINTERS, consultoría en sustentabilidad corporativa. Tiene 10 años de experiencia en investigación científica más 10 años de experiencia en consultoría. Ha asesorado a más de 20 empresas y firmas nacionales y multinacionales, de 13 diferentes sectores industriales. Algunos de sus temas de experiencia son planeación estratégica, sustentabilidad y responsabilidad corporativa, resiliencia y adaptación al cambio, gestión ESG, igualdad de género, inversión de impacto y emprendimiento.