blogeditor · 9 de julio de 2020
La pandemia ha traído retos previsibles y otros no tanto. Sabía que la soledad me iba a costar trabajo, pero no anticipé que la lavada de trastes también, por ejemplo. En lo profesional, como me enfoco en casos de asilo y deportación por antecedentes penales, sabía que el COVID-19 sería utilizado para marginar aún más a mis clientes. Lo que no anticipé es que también serviría para ponerle una pausa prolongada -si no es que un fin- a básicamente cualquier tipo de migración a los Estados Unidos. Incluyendo la de grupos que yo pensaba estaban más que protegidos.
Vayamos por partes. Desde que anunciaron el comienzo de la cuarentena en marzo, era obvio que mis clientes encarcelados estarían más expuestos al virus y que sus audiencias se retrasarían más, provocando que pasasen más tiempo en la cárcel (las dos cosas sucedieron).
También era previsible que el gobierno iba a encontrar la manera de erradicar el asilo político, algo que ha tratado de hacer desde el 2017. Finalmente, con el COVID-19 lo lograron. El 20 de marzo 2020, tras una orden de las autoridades sanitarias de Estados Unidos, la policía fronteriza empezó a impedir que la gente pidiera asilo en Estados Unidos. La orden significó que al menos 20,000 migrantes que hubiesen entrado a EEUU fueron echados a México, donde muchos se instalaron en asentamientos irregulares o “campamentos” de refugiados, todo consensuado por las autoridades de nuestro país.
Todo esto ha sido terrible, pero, como dije, anticipado. Esa anticipación ayuda no solo a prepararte en lo profesional -repensar estrategias de litigio, formar alianzas, etc.- pero también en lo emocional. Sabes que vas a ver mucho dolor y eso te ayuda a manejar el impacto del trauma. Sin embargo, lo que vino después sí me sorprendió y de cierta forma me ha paralizado.
El 22 de abril, Trump firmó la Proclamación 10014 cuyo propósito es restringir la migración familiar, que representa el 65% de la migración oficial al país. Las reglas exactas de quién puede traer a quién y cuánto toma son un tanto barrocas, pero lo básico es que los estadounidenses y los residentes permanentes tienen derecho a traer a Estados Unidos a ciertos familiares, por ejemplo a un esposo o una hija, si estos no son ciudadanos de EEUU. Trump siempre ha estado en contra de este sistema porque en su visión permite que un migrante traiga a familias enteras a EEUU (“la migración en cadena”). Así no funciona. Sin embargo, cambiar las leyes que permiten este tipo de migración ha sido imposible (no solo para Trump sino también para Obama y Bush). Con esta orden ejecutiva Trump puso en pausa este tipo migratorio casi por completo (hay excepciones para parejas e hijxs de ciudadanos estadounidenses).
Luego, a mediados de junio, el gobierno canceló hasta el fin de año -con ciertas excepciones- las visas H-1B, J-1 y L-1 entre otras. Estas visas son, principalmente para estudiantes, trabajos temporales, y profesionistas. La derecha de Estados Unidos ha despotricado en contra de la H-1B en especial porque creen que permite que los profesionistas extranjeros se roben trabajos locales al aceptar menores salarios a cambio de la visa (no hay evidencia de esto). Esto ha provocado que miles de personas, me incluyo, se encuentren en una gran incertidumbre laboral sin saber donde tendrán que vivir este año o el que sigue.
Finalmente, esta semana la administración decidió prohibir que los alumnos internacionales en Estados Unidos que tomarán clases en línea (porque sus escuelas así lo decidieron) se queden en el país. Hay muchos motivos por los que alguien querría quedarse aún si sus clases serán en línea: problemas de tomar clases en distintos husos horarios, la accesibilidad a ciertos recursos electrónicos difiere entre países, o el no poder incurrir el costo de mudarse de regreso por un año o semestre. Esta medida no es racional, ni económica ni humanamente.
Es imposible sobreestimar la angustia que estas decisiones han ocasionado en miles de familias que ahora están separadas indefinidamente o que no saben si podrán mudarse o regresar a EEUU como tenían planeado. Sin embargo a Trump no le importa. Tampoco le importa que estas políticas son una merma económica. Lo que sí le preocupa, por otro lado, es que hoy está contra las cuerdas en las encuestas electorales. Trump sabe que las medidas antimigrantes siempre le han servido para motivar a su base. No sé si prohibirle la entrada a estudiantes o profesionistas tiene el mismo caché en el imaginario Trumpista que el muro o hablar de los “ilegales”, pero Trump cree que no pierde nada intentándolo.
* Si estás en una situación en que no sabes si tu visa será revocada o te la van a dar, no tomes lo que está escrito acá como consejo legal y habla con un abogado. Hay muchas excepciones, así que es importante buscar asesoría para cada caso en específico.