blogeditor · 23 de marzo de 2020
¿Teletrabajo?
¿Home office?
¿Trabajo en casa?
¿Trabajo remoto?
Fundación Avina es pionera en estas prácticas.
Les contamos un poco nuestra experiencia y esperamos que nuestros hallazgos y estrategias sean útiles para cualquiera que se esté adaptando laboralmente debido a la extraordinaria situación a la cual COVID-19 nos ha empujado.
Todo es posible, es cuestión de querer probar nuevas tácticas.
Hábitos
Por supuesto recomendamos que te sientas cómodx durante la jornada, pero es importante mantener la pijama restringida a la alcoba, conéctate con tu actividad laboral usando algo cómodo pero que no te invite a dormir.
Tu espacio de trabajo es primordial. Se dice que “puedes saber mucho de una persona por cómo guarda su espacio de trabajo”. Ojalá no nos juzguen severamente para muchxs de nosotrxs que guardamos “nuestro propio orden”.
Pero sí te exhortamos a que separes áreas; dónde comes, dónde descansas y dónde encontrarás mayor concentración y serás más productivx.
Crea espacios de tiempo definidos y trabaja en tareas concretas. Organiza tus actividades y fomenta tu concentración por los periodos que más te acomoden.
Elimina las interrupciones y ruido. El teléfono y las redes sociales representan constantes tentaciones que interrumpen el flujo de trabajo. Ayúdate a ti mismx y elimina esas distracciones por un rato.
Estírate, muévete, camina un poco. Dale un descanso a tu cuerpo de tanta silla. Si tienes una llamada, puedes tomarla de pie. Incluso si crees que será larga, puedes tomar una vuelta a la manzana (en estos tiempos de Coronavirus, claramente no recomendamos ésta última medida), pero se puede anotar para el futuro.
Cuida las relaciones, toma un café o un té con algún colega o alguien que esté cerca. De nuevo, esta recomendación está exclusivamente reservada para cuando no estemos en crisis de contingencia global.
La flexibilidad que puede ser nuestra aliada en muchas ocasiones al trabajar vía remota se puede convertir rápidamente en un yugo. La rutina te ayudará a mantener orden en tus tareas y evitar que caigas en una espiral de desorganización.
Armonía, busca el balance entre tu vida laboral y tu vida afectiva. Acuerda horarios con tus seres queridos para tener tiempo con ellos y atender a tu trabajo sin tener que descuidar a ninguno. Todo es cuestión de diálogo.
La recomendación no es tan estricta, sin embargo sí recomendamos comer sano y variado. Queremos pensar que a nadie le encanta comer diario enfrente de la computadora, entonces recomendamos hacer un tiempo específico para cocinar y disfrutar de tu comida. Tendrás tiempo para regresar a la computadora y terminar, pero primero va tu salud.
“Trabajas cuando quieres”, “no estás trabajando realmente si estás en casa”
¿Ah no? La rutina es una parte esencial para desmentir estas falsedades, trabajar a distancia por supuesto que es trabajo. Haz una lista de pendientes y tareas, prioriza y adelante con ello.
Cada quién.
Cada cabeza es un mundo, encuentra tu propio método. Es un desafío adaptarnos a una nueva forma de trabajo, sin duda es un cambio radical para aquellos a los que jamás han salido de un ámbito de oficina, pero este es el mejor momento para intentar nuevas dinámicas y sobre todo, encontrar una que te funcione a ti.
Siguiente escalón
Las reuniones.
Las famosas reuniones que pudieron haber sido un mail… pues ahora son una llamada.
Todxs sabemos que al final del día, estamos más cansadx y somos propensxs a poner menos atención. La hora de la comida, es decir entre 1 y 3 de la tarde para países latinoamericanos es idónea. Seguimos muy enfocadxs.
Las sesiones deben ser llevadas mediante pequeños pasos que sean claros. Al comunicar instrucciones de manera concreta y sencilla será mucho más probable que se entienda y se lleven a cabo.
Utiliza herramientas visuales, los participantes no se desconectarán mentalmente tan fácil.
Valida que todos estén entendiendo lo mismo, pregunta frecuentemente si están en la misma línea, si alguien tiene dudas y trata de hacer explícito cualquier acuerdo que se genere.
No hay manera de leer las expresiones de las personas tan fácilmente, y menos si es sólo una llamada sin video. Confía en la entonación, fíjate en las palabras que se usan y toma en cuenta su retroalimentación y participa.
Sí, ese fenómeno que experimentamos en la escuela también sucede en las dinámicas virtuales. A pesar de que el anfitrión esté explicando todo a detalle y lanzando propuestas e instrucciones, será común que las personas se queden calladas. Quedarse mirando al pizarrón en blanco y evadir participar se traslada al espacio virtual, ¿qué hacer? Comienza a romper esa barrera escribiendo tú mismx en la herramienta que estés usando o recordando en el chat que es un espacio seguro y se incita a colaborar.
Los silencios infinitos sucederán, pero se pueden romper al ser un poco más directx de lo usual. Modera explícitamente quién tiene la palabra y quién podría participar después. Al grano, todxs estamos ahí.
Cuando el teletrabajo asomaba como una opción para muchxs trabajadorxes, Avina fue una de las pioneras en este cambio de dinámica en el diseño de espacios laborales. Además de los aprendizajes aquí compartidos, es importante mencionar un aspecto más: las emociones. En tiempos de virtualidad como tendencia, ya sea como práctica adoptada o práctica solidaria (y obligada) en este contexto, es necesario hablar tanto de la productividad de tareas y la eficiencia en el uso de nuestro tiempo, como de hablar y cuidar emociones. Hoy asistimos a un quiebre en la normalidad, como la concebíamos en cuanto a vínculos. En tiempos de virtualidad y aislamiento, se hace necesario, volver a lo esencial. Debemos sostener y cultivar nuestras emociones de manera positiva, mantener a nuestro ecosistema cercano, próximo y lejano.
Si algo sabemos en Avina es que los impactos que buscamos generar nos incluyen en procesos colaborativos, que aún en la distancia física, nos enrolan en alcanzar el desarrollo sostenible. Eso es posible cuando identificamos que somos seres sintientes buscando impacto a gran escala con una agenda de acción compartida y una visión unificadora que promueva sociedades más justas, dignas, equitativas y solidarias y eso sólo es posible si nos reconocemos en cuatro pilares centrales: reconocernxs virtuales, amigxs del riesgo, fanáticxs del cuidado y flexibles.