COVID-19: Los cinco errores del gobierno ante la epidemia

blogeditor · 12 de mayo de 2020

COVID-19: Los cinco errores del gobierno ante la epidemia

Apenas vamos en la séptima semana desde que se declaró la emergencia sanitaria por la epidemia generada por el COVID-19, y a más de 70 días desde el primer caso de contagio en México; sin embargo, la información sobre la existencia de este nuevo virus en la provincia de Wuhan, China, ya se viralizaba desde mediados del mes de enero. No obstante, la gran mayoría de los países del mundo prefirieron apostar a que el nuevo bicho no llegaría a su territorio.

México optó por tomar un acercamiento particularmente diferente al recomendado por la OMS y al cual se ciñeron la mayoría de los países. De cualquier forma, tuvimos dos meses para preparar, analizar, planear, tomar las medidas necesarias e implementar los protocolos adecuados para cuando el coronavirus finalmente llegara a nuestro territorio. No lo hicimos y en cambio preferimos tentar a la suerte y confiar en que nuestros genes y los “amuletos” serían suficientemente poderosos para detener el ataque de un virus con tintes neoliberales.

A estas alturas de la epidemia, supuestamente a pocos días de llegar “al pico” –aunque los pronósticos se van moviendo día a día–, y al mismo tiempo que logramos aplanar la curva como pocos países saben hacerlo, le quiero plantear, querido lector, lectora, lo que considero los cinco graves errores que este gobierno ha cometido y que eran fácilmente previsibles. Estoy seguro de que usted encontrará más, pero estos me parecen los más claros y contundentes:

1. Comunicación errática: Antes de que el virus llegara al territorio nacional ya sufríamos de una pandemia informativa, que nos llegaba por múltiples vías… La emergencia sanitaria llegó en medio de una gran confusión de mensajes desde el gobierno federal. Por un lado, el presidente convocaba a salir y comer en restaurantes, mientras que el subsecretario López-Gatell nos llamaba al “distanciamiento social” y las clases se suspendían y se adelantaban las vacaciones, pero las giras presidenciales no paraban. Casi todos los días estos mensajes contradictorios se iban sucediendo unos a otros: con las medidas adoptadas, con el uso o no de las mascarillas, con las cifras de contagios, entre otros temas. Si algo nos enseñan los expertos en comunicación es a ser consistentes en los mensajes para lograr una mayor efectividad. Ante este humor cambiante en la comunicación oficial se genera poca credibilidad en la información del gobierno y una gran confusión por parte de amplios sectores de la población que no saben bien a quién acudir al momento de una emergencia.

2. Falta de transparencia en la información oficial: Muy temprano en la epidemia se estandarizó un modelo de presentación/comunicación que se actualiza diariamente, pero que deja fuera cuestiones clave para comprender el modelo mexicano de monitoreo de la epidemia. Conforme se fue avanzando iban surgiendo las dudas sobre la metodología empleada por el modelo centinela. Un día el mapa que se iba tornando rojo cambió de color; otro día se generaban nuevas categorías que antes no existían, otro día nos decían que había un factor para multiplicar los casos estimados; otro día nos indican que ese factor es dinámico y que además está estratificado, así el modelo iba cambiando. El tema de fondo es que a la fecha no se ha ofrecido un documento detallado del modelo centinela que pueda ser replicado por la comunidad de científicos en México (y el mundo) para generar mayor certidumbre y conocimiento sobre la información ofrecida. Los datos no parece consistentes y quien los ha analizado señala patrones atípicos (aquí y aquí), pero no hay forma de corroborar el modelo si no se nos comparte toda la metodología empleada de forma transparente como debe hacer un gobierno democrático. ¿Y si el modelo no es el adecuado? ¿De qué tamaño es el error de estimación? ¿Cómo calcula el modelo a los asintomáticos? ¿Qué estamos haciendo para contabilizarlos? En fin, preguntas sin respuesta a la fecha que se escribe este artículo. 

3. Lentitud en la actuación del gobierno: Será el sereno pero las acciones emprendidas por el gobierno federal han ido llegando tarde. Esperaron al último minuto para liberar recursos para salir de emergencia a comprar equipo médico a China, cuando ya los contagios se multiplicaban en clínicas de varias ciudades. La falta de equipamiento del personal médico era evidente y nadie había movido un dedo. ¿Por qué razón? No tengo idea. Así, cada una de las decisiones del gobierno llegan tarde en vez de adelantarse a los hechos. En situaciones así hay que estar dos pasos adelante de todos los procesos y poder prever los múltiples escenarios. Por suerte no se trata de un terremoto (que no avisa) y estamos frente a un evento del que sabemos su existencia y posible arribo al país con dos meses de anticipación. Aún así se decidió que no era necesario prepararse y era mejor esperar. No se sorprenda, estimado lector, si sucede lo mismo con las medidas emergentes para recuperar la economía de lo que ya se anuncia como la peor crisis desde 1929. Urge acelerar la velocidad de reacción.

4. Subvalorar la crisis: Bajo la clásica premisa de todo estado paternalista y autoritario, donde el ciudadano se le percibe como a un menor de edad, todo este tiempo el principal mensaje del presidente ha sido que “no estamos en crisis y todo está bajo control” –a pesar de que la realidad no se ajuste al modelo–. De tal forma que subvalorar el impacto de la epidemia en la población, la sociedad, la economía, la política es quizá uno de los más graves errores del gobierno, que suele minimizarlo todo salvo las grandes obras estratégicas de esta administración. Todo pasa a un segundo plano si no se trata de esa enmohecida idea de un modelo de desarrollo porfiriano y cardenista. Subvalorar los posibles impactos de la epidemia de Covid-19 y sus posibles consecuencias económicas y sociales a nivel global es quizá el peor error del presidente desde el primer día que ese bicho extraño empezó su viaje para amenazar la tranquilidad de la gran mayoría de la población mundial de este 2020. De ese error, todavía no podemos conocer su saldo real. Será una prueba dura para todos los gobiernos.

5. Falta de integralidad en la respuesta: No queda claro que exista una cabeza que coordine eficazmente al gabinete en la acciones necesarias para detener la epidemia. Por otro lado, observamos un gabinete torpe, con poca agilidad de reacción, aletargado desde muy temprano en el sexenio, donde solo se percibe a un supersecretario (Marcelo Ebrard) tomar funciones y responsabilidades que no le corresponden, absorber tareas que deberían ser de otras Secretarías pero no lo hacen o no se los encargan. De tal forma que no se puede observar una estrategia integral para la atención de la epidemia, donde las acciones de salud vayan de las mano de las medidas de seguridad pública, de política social, de medidas económicas y laborales emergentes y de atención a los productores del campo (solo por mencionar algunas). Finalmente, se aprecia un gabinete desarticulado, mal coordinado y sin claridad en la ejecución de sus objetivos. Lo que da muestras de fallas en el liderazgo del equipo.

@rodaxiando