COVID-19: corrupción, impunidad y crimen organizado

blogeditor · 19 de mayo de 2020

COVID-19: corrupción, impunidad y crimen organizado

¿Qué harías si a tu comunidad llegan personas entregando despensas, las cuales llevan impresas la foto del “Chapo” u otro narcotraficante conocido? Es lo que me pregunté, al ver la noticia publicada el por El Universal el 17 de abril de 2020.

Durante esta pandemia SARS-COVID-19 hemos visto cómo los Estados han seguido diferentes modelos, en distintos momentos, para contener y mitigarla. También distintas respuestas político-económicas para enfrentar las consecuencias e impactos que se tendrán en las economías. Pero también se han desnudado las desigualdades que por años han existido y persistido, no solo en México, sino en todo el mundo, y la corrupción, impunidad y el crimen organizado que han estado incrustados desde hace años, fenómenos que se aprovechan de las falencias estatales ante situaciones sociales coyunturales como lo es ahora la pandemia.

Los Estados están obligados a proveer a tod@s l@s ciudadan@s condiciones mínimas para poder tener una vida digna que permita llevar a cabo proyectos de vida. Los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y cumplir con el compromiso de crear las facilidades para que, sin discriminación alguna, podamos acceder a la seguridad social, a la alimentación, al trabajo remunerado, al agua, a la educación, entre otros.

La coyuntura ha develado cómo los derechos económicos, sociales y culturales no han sido respetados ni reconocidos por igual, generando discriminación, exclusión y marginación. Su denegación ha afectado a un gran número de personas, generando consecuencias devastadoras; la carencia de agua potable en las comunidades, el acceso a la salud, a la educación, al trabajo remunerado dignamente en estos momentos ha descubierto las condiciones insalubres, la desnutrición, la pobreza, la desigualdad en la que viven día a día miles de personas.

Pero hoy quiero llamar a la reflexión sobre la responsabilidad de los Estados y los factores que fomentan la falta de reconocimiento y respeto de los derechos económicos, sociales y culturales, como lo son la corrupción, impunidad y el crimen organizado incrustado y a veces hasta normalizado en la sociedad.

La corrupción e impunidad son factores que potencian el no reconocimiento de derechos. Ambos fenómenos se ven favorecidos con la incrustación de personas en puestos públicos estratégicos, multiplicando las oportunidades para sus actos, consolidando de esta forma a determinados grupos de poder; tal y como sucede en estos momentos, ya que se están beneficiando de manera truculenta a grupos económicos con contrataciones millonarias para que brinden servicios y/o productos de salud, los cuales en muchas ocasiones están sobrevalorados o de bien son de mala calidad.

Es una realidad la falta de cumplimiento por parte de los Estados de proveer las condiciones básicas para el pleno desarrollo de las poblaciones, sobre todo de las más alejadas de las capitales y en donde la presencia del Estado es casi nula o nula. Son estas las condiciones reales que se viven día a día y con ellas grupos del crimen organizado se robustecen, porque la ausencia del Estado lo posibilita, lo consiente y lo admite.

En esta pandemia hemos visto acciones como las ocurridas en Guadalajara, ya que no pasa desapercibido que la hija del narcotraficante más buscado del mundo, con dinero producto del crimen, haya comprado y entregado despensas a personas necesitadas, quienes por carestía y falta de oportunidades para adquirirlas por sí mismas, las reciben.

La pandemia ha evidenciado y agudizado la falta de institucionalidad en muchas poblaciones en donde el Estado no existe, no es conocido. Es clara la ausencia de instituciones, sobre todo en las poblaciones más vulnerables y marginadas, donde grupos del crimen organizado suplen las necesidades básicas que deben ser solventadas estatalmente. Muchas de estas organizaciones criminales se sirven de estas falencias para crear condiciones básicas a favor de poblaciones, como electrificar, introducir agua potable, construir escuelas, o simplemente llevando despensas.

En realidad estas acciones son falsa filantropía, ya que por un lado los bienes económicos con los cuales han “beneficiado a las poblaciones” provienen de hechos ilícitos (narcotráfico, tráfico de armas, trata de personas) y por otro lado de esta manera pretenden convencer y comprar voluntades de personas, a quienes no les queda más que aceptar, y en muchas ocasiones introducirse en el mundo delincuencial o morir.

Estas situaciones son algunos de los escenarios con los que nos encontramos diariamente. No es algo nuevo, no estoy descubriendo el hilo negro, simplemente quiero señalar que no solo en tiempos del COVID5-19 ocurre, pero que con la pandemia se agudizan y se robustecen. Porque la corrupción e impunidad se sitúan de tal manera que, permiten que el crimen organizado actué y se mueva dentro de las sociedades.

No, no es normal. No, no debe ni tiene por qué ser así.

Así que aprovechemos para señalar, denunciar y luchar por seguir combatiendo la corrupción, la impunidad y el crimen organizado incrustado en nuestros países, porque merecemos un mundo más humano, más equitativo, más igualitario.

@CMDPDH