El costo de gobernar Monterrey a pedazos

Opinión y Análisis · 30 de octubre de 2026

El costo de gobernar Monterrey a pedazos

Por Juan Alejandro García Rodríguez*

Situémonos en un escenario donde una fábrica de productos de alto valor está a punto de quebrar. Para que el producto final salga a la venta, 16 áreas o departamentos diferentes deben trabajar en conjunto. Sin embargo, compiten entre ellas: líneas de producción, recursos humanos y gerencia tienen metas y presupuestos desconectados. Mientras unos departamentos son celosos de sus recursos, otros apenas sobreviven. El costo de trabajar en silos durante décadas tiene a la empresa al borde del colapso.

Este sistema complejo y fragmentado no es una ficción; es la realidad de la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM). Tenemos 16 municipios con una enorme heterogeneidad de recursos, un gobierno estatal que no necesariamente encaja con las metas de los municipios y casi 6 millones de habitantes en condiciones desiguales. Todo esto, operando sin un mecanismo real de coordinación y gobernanza.

El costo de trabajar en silos

La falta de planeación conjunta tiene consecuencias cuantificables. Mientras Guadalupe y San Nicolás pierden población aceleradamente, municipios periféricos como El Carmen han crecido un descontrolado 1,473 por ciento en 20 años. Esta franja periférica carece de infraestructura básica; en García, por ejemplo, según la Encuesta Así Vamos 2025, más del 70 por ciento de los habitantes han padecido cortes de agua potable en el último año.

En movilidad y vivienda, el rezago es evidente. Los tiempos de traslado en transporte público han aumentado casi una hora desde 2019 (Así Vamos 2025), y según el Programa Especial de Vivienda 2022-2027 de Nuevo Léon, arrastramos un déficit de vivienda social del 26 por ciento. En lugar de proveer espacios dignos para nuestra fuerza laboral, la poca vivienda que se construye se edifica en la periferia urbana, con baja densidad, con nulos o deficientes servicios y a horas de distancia de los centros de trabajo.

Si a esto sumamos que para 2040 seremos 7.5 millones de habitantes —un 36 por ciento más que en 2020— según estimaciones de Conapo, el costo de no hacer nada ante un escenario futuro con las mismas condiciones actuales (seguir con la inercia) es altísimo. A esto hay que sumar las inclemencias del cambio climático, posibles conflictos geopolíticos y crisis económicas venideras. La situación no parece alentadora.

Gobernar y gestionar la metrópoli

Entender la ciudad requiere aceptar que lo que se hace o se deja de hacer en San Pedro afecta a Juárez; lo que se planea bien o mal en Apodaca le impacta a General Zuazua. Las aglomeraciones urbanas funcionan bajo un “efecto mariposa” constante. Reconocer esto es el primer paso para mejorar el sistema urbano metropolitano y las condiciones de vida de sus habitantes.

Afortunadamente, la solución ya ha sido probada. Ciudades como Guadalajara, Medellín y Barcelona  lograron ponerse de acuerdo para tratar de transformar sus trayectorias de crecimiento, volviéndose más resilientes ante las crisis económicas y climáticas, gracias a un mecanismo formal de cooperación metropolitano. Sin embargo, la solución no se da de la noche a la mañana y hay diversas formas de implementarla. Pero hay pasos claros al inicio que muchas de las grandes metrópolis que han querido mejorar y salir adelante han implementado.

Una ley para aportar congruencia técnica

El primer paso para la Zona Metropolitana de Monterrey es impulsar la iniciativa de Ley de Coordinación Metropolitana que ahora transita en el Congreso y habilita la creación de un modelo de gobernanza, liderado de manera técnica por un Instituto de Planeación Metropolitana. Es natural que surjan temores de que un instituto así centralice el poder o genere más burocracia. Sin embargo, su función no es quitarle atribuciones técnicas, políticas ni presupuestales a los alcaldes o al gobernador, sino aportar congruencia técnica para alinear las decisiones sobre el territorio que compartimos, especialmente sobre los instrumentos de ordenamiento territorial que actualmente no dan cabida a que somos una ciudad de 16 municipios interconectados. Dejar de planear en silos es imperante.

Además, requerimos consensuar una visión de ciudad que integre a las 16 municipalidades, a los distintos niveles de gobierno, a las empresas y a la sociedad civil. Lo único que hace falta es voluntad política para equilibrar las decisiones entre lo técnico, lo político y el mercado. Una visión clara nos permitirá, de una vez por todas, discernir entre lo que suma o resta bienestar y productividad en cuanto a decisiones de infraestructura, políticas y programas.

Cada día que pasa sin coordinarnos y sin una visión metropolitana es una oportunidad perdida en bienestar y productividad. Es momento de que nuestros tomadores de decisiones se sienten a la mesa y reparen la maquinaria, antes de que esta gran fábrica que tanto orgullo nos da tenga que cerrar sus puertas definitivamente.♦ 

*Juan Alejandro García Rodríguez es el coordinador de la Comisión de Desarrollo Sustentable de Consejo Nuevo León, órgano rector de la planeación estratégica del Estado de Nuevo León. Funge como diseñador de políticas públicas de crisis climática, resiliencia, desarrollo urbano y movilidad, calidad del aire, entre otros temas complejos. Actualmente colidera esfuerzos de planeación metropolitana desde la prospectiva estratégica  y el diseño de mecanismos de gobernanza y coordinación metropolitana.

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