Cosas sin sentido

blogeditor · 20 de febrero de 2017

Cosas sin sentido

¿Es una sensación mía o cada vez que uno se enferma la medicina mágica es el conocidísimo e infaltable “TÉ”? La última vez que me enfermé muchos fueron los que me recomendaron esta sustancia y, aprovechando el tiempo de descanso enfermístico, analicé la frase: “Tómate un té”. Veamos….

-“Tomáte un té”. Imperativo escuchado generalmente en caso de dolor de garganta, panza, oído, nariz, uña o punta del cabello.

-“Tomá té, un té”. Otra versión de la anterior, más específica. Es más útil para personas que necesitan repeticiones.

-“(…) Tomate, un té (…)”. Versión utilizada como parte de una lista de cosas para comprar en el almacén.

-“Tomate unté”. Para expertos en el arte de las pizzas, en el cual untar tomate es muy necesario.

-“To, maté un té”. Por si alguna vez queremos avisarle a alguien llamado Tomás que destrozamos violentamente un saquito de té.

-“¡Tomá!!! ¡¡Te unté!!”. Al dirigirnos, después de ponerle mantequilla, a ese pan tostado rebelde que cada tanto aparece en nuestro desayuno o merienda.

-“Tom: até, unté…”. En caso de querer informarle a Tom que aprendimos a atar y a untar.

No sé por qué creo que al leer el título del post te imaginaste que acabaría hablando de Donald Trump, pero querido lector, hoy en día veo a Donald Trump hasta en la sopa. El hombre altivo, multimillonario, racista y populista es una fábrica de decir barbaridades, titulares automáticos que muestran su desatino ideológico y su sino mediático.

Pero te has preguntado ¿qué le pasa al mundo desde que Trump es presidente? Últimamente somos un ramo de quejas. Yo, me pondré de ejemplo, creo que me desayuné a mi tía la solterona amargada, porque no importa por qué, ni cómo, pero adultamente me quejo. Y hago comentarios irónicos todo el tiempo y creo que el mundo está contra mí. Y lo peor es que me veo reflejada en casi toda la gente que cruza en mi camino, pero hoy me levanté y me di cuenta del problema.

Lo que sucede, querida Maricela, es que perdiste la capacidad para disfrutar de esos detalles que tanto te gustaban, que te hacían reír. Te la pasas pendiente de las noticias y empezaste a preguntar “¿Por qué?” en lugar de “¿Por qué no?”. Y me doy pena.

No sé ustedes, pero yo no muchas veces necesito silencio. Pero cuando es una de esas vececitas, lo quiero por completo. No quiero voces ni palabras que. Sólo shhhhhhhhhh. Y no puedo. ¿Por qué nunca puede lograrse el maldito silencio?

Suelo mirar para arriba, no sé por qué. Quizás busco encontrar casualmente ese algo que cambie mi día, ese pedacito de espontaneidad que merezca ser recordado. No menos de tres veces al día levanto la ceja derecha experimentando extrañas expresiones que exigen explicaciones (in)existentes.

Entonces en estos tiempos tan revueltos la solución es dejar que el día acumule sólo momentos de felicidad, la falta de contraste va a hacer todo mucho más disfrutable.

Entonces, como decía un amigo mío, todo es cuestión de matices.

Y cito a Charles Sanders Peirce: “A menos que la verdad sea reconocida como pública – como aquella de la que cualquier persona podría convencerse si llevara su indagación suficientemente lejos -, no habrá nada capaz de impedir que cada uno de nosotros adopte creencias completamente fútiles de su propia cosecha que no serán creídas por los demás. Cada uno de nosotros podrá instaurarse en carácter de pequeño profeta, esto es, como un pequeño “chiflado”, una víctima semilúcida de su propia estrechez mental”.

¿Será que hay que empezar a hablar de las cosas sin sentido que nos pueden hacer simplemente sonreír?
¿Cómo tomar té?

 

@maricelarosales