Corrupción y Nudismo

bloggeralfonsotames · 23 de abril de 2012

Corrupción y Nudismo

¿Qué es lo que impacta del reciente artículo del New York Times sobre la corrupción de Wal Mart y el gobierno de México? Si todos sabemos del alto nivel de corrupción en nuestras burocracias y también conocemos —aunque no se hable tanto— de la corrupción en las empresas nacionales y extranjeras, no sólo en sus relaciones con el gobierno sino también en sus relaciones con clientes y proveedores, ¿por qué ha trascendido tanto esta noticia? o peor aún ¿por qué entonces seguimos reeligiendo a los partidos que nos han dado gobiernos evidentemente corruptos o comprando a empresas corruptas?

¿Quienes mejor que los japoneses —con una sociedad tan compleja— para darnos dos conceptos que ilustran perfectamente este fenómeno, el Honne (本音)  y el Tatemae (建前)?

El Tatemae es el lenguaje exterior de las cosas, el apego a la ley y las normas. El Honne es el lenguaje interior, lo que realmente está pasando y que permanece oculto por un velo de pudor. La corrupción está presente en nuestras sociedades y es para muchos la cotidianidad en sus vidas aunque permanece escondida en el dominio del Honne. Cuando un ejecutivo o un político exige ventas o votos, por lo general lo hace sabiendo implícitamente que los resultados sólo se podrán obtener a través del soborno y la corrupción, no tiene que especificarlo ni quiere saber de ello, es algo que habita en el Honne. Así es como opera buena parte de la clase política y empresarial en México. En el caso de la política en particular, los políticos se hacen de colaboradores que saben “operar”.

Me platicaba un amigo que trabajó en la industria del cómputo de alto desempeño que sus jefes nunca especificaban ni querían saber de que forma se ganaban las licitaciones gubernamentales, sabían perfectamente que dentro de los costos por preparar las licitaciones iban integradas las “gestiones” —que por lo general incluyen sobornos— pero jamás preguntaban ni querían enterarse. Lo único que les importaba era que la cuota de ventas se alcanzara y cumplir en la evaluación de su desempeño para obtener sus bonos. Pero eso sí, en caso de que un ejecutivo de ventas fuera sorprendido en un acto ilegal, era cesado de la empresa —el Tatemae entraba en acción—.

Cuando un acto de corrupción alcanza la luz, los actores responden en el Tatemae, con el lenguaje exterior que todos esperamos y que se repite una y otra vez: “lo estamos investigando”, “no toleraremos actos de corrupción”, “se aplicará todo el peso de la ley”. Se montará un espectáculo habitual, algunas personas perderán su empleo, otras tocarán la cárcel y al final, como ya se esperaba, la gran mayoría de los casos terminarán en la impunidad. Es parte del sistema porque al final, el Tatemae es sólo una fachada. Ningún lugar como México para saber que la ley es casi un adorno.

¿Por qué entonces son noticia los casos de corrupción y soborno? Porque son episodios que por un breve momento nos permiten echar un vistazo a lo íntimo, a algo que se oculta y que no se enseña por vergüenza. Nos llama la atención y son noticia pero de la misma forma que es noticia una artista que accidentalmente enseña sus senos. El vídeo de Bejarano echando billetes en una maleta es equivalente al vídeo porno de Paris Hilton, son escenas íntimas que satisfacen el morbo porque nunca debieron salir a la luz.

Para combatir la corrupción es necesario entender que vivimos en una sociedad que no está interesada en castigarla. De esto no hay mejor prueba que el trato que se les da en las revistas sociales a los corruptos y su parentela. Los hijos y nietos de los políticos corruptos del ayer son respetables empresarios y socialités el día de hoy. El costo social que pagan los corruptos sigue siendo muy barato porque se les permite integrarse a la sociedad y por lo general se les ve con aspiración por sus “logros” económicos.

En la búsqueda de más transparencia hemos obviado el combate a la corrupción como un estilo de vida, como parte del Honne japonés. Probablemente aún no entendemos sus efectos profundamente destructivos en nuestra sociedad y en la economía. ¿De qué sirve pedir más transparencia si al conocer los casos de corrupción no nos importa castigarla? ¿Por qué los Moreira arrasan en Coahuila, el PRD en la delegación Cuauhtémoc, el PRI no pierde el Estado de México, se recompensa a Larrazabal o a César Nava o se le permite a Bejarano continuar haciendo política? ¿Por qué compramos las revistas Quien, Caras, etc. con sus artículos y cobertura de los personajes más detestables de la política y la sociedad mexicana? Recientemente, la revista Quien hizo una reseña de Elba Esther Gordillo donde la calificaba como “controvertido personaje”. Así no vamos a llegar muy lejos.

 

Alfonso Tamés
@alfonsotames

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