blogeditor · 9 de agosto de 2021
La falta de conciliación entre la vida laboral y la vida reproductiva ha significado agotamiento y deterioro de la salud física y mental para las mujeres, particularmente para las que son madres, quienes han tenido que desarrollar estrategias para encargarse del trabajo de cuidados de los hijos e hijas sin dejar de cumplir con sus obligaciones laborales.
Si bien antes de la pandemia quienes realizaban trabajo remunerado fuera del hogar echaban mano de sus redes familiares o de los servicios de estancias infantiles, ahora, en medio de la contingencia, para quienes tienen la fortuna de contar aún con un trabajo remunerado y que además pueda realizarse desde casa, la conciliación se vuelve un acto de malabarismo en aras de mantener en resguardo los ingresos y lograr estabilidad familiar.
Sin embargo, se necesita más que la voluntad y los esfuerzos sobrehumanos de las mujeres para conciliar la vida laboral y la vida reproductiva sin menoscabar la salud y los vínculos en sus múltiples dimensiones: se requieren políticas públicas que pongan al centro las necesidades de las mujeres y sus familias.
Las políticas conciliatorias o de corresponsabilidad buscan hacer frente a las situaciones de clara desigualdad que se generan de manera desproporcionada entre hombres y mujeres en la vida laboral, frente a las responsabilidades familiares y del hogar. Estas políticas promueven la implementación de una serie de medidas que faciliten tanto hombres como mujeres el hacerse cargo de sus diversas responsabilidades.
Aunque la conciliación implica acciones que favorecen la convivencia entre el trabajo del hogar y el trabajo remunerado, las políticas de conciliación no ponen especial atención en reasignar los roles dentro del hogar, es decir, no tienen una intención clara de integrar a los miembros de la familia del sexo masculino en labores como el cuidado de los hijos e hijas, ni buscan asumir que la conciliación compete a otros sectores de la sociedad.
En cambio, las políticas de corresponsabilidad sí pretenden incidir en la reasignación de responsabilidades familiares y del hogar, así como hacer énfasis en que la necesidad de conciliación no es un problema de las mujeres, sino que compete también a las y los empleadores, al Estado y a la sociedad.
Ejemplo de esto son las licencias de paternidad —que buscan integrar a los hombres en los trabajos de crianza—, así como la creación de instituciones o espacios para el cuidado de los hijos e hijas de madres y padres trabajadores, horarios más flexibles, permisos de paternidad para que los hombres tengan más tiempo para compartir con su familia y para incrementar su participación en las tareas de cuidados. Todo esto con el fin de establecer un equilibrio para ambos sexos y reducir la carga que representa la doble jornada para las mujeres.
Dado que en nuestro país, como en el resto de América Latina, persisten dos estereotipos muy arraigados que generan tensiones entre trabajo y familia —que las mujeres son responsables del cuidado de la familia, hijos e hijas como su principal tarea, y que las mujeres constituyen una fuerza de trabajo secundaria, cuyos ingresos son un complemento de los recursos generados por los hombres—, además de las políticas de corresponsabilidad es necesario emprender una transformación cultural para eliminar estos estereotipos de género, en la que se involucren tanto las instituciones del Estado, como las y los empleadores públicos y privados.
Asimismo, es importante entender que dichos estereotipos no coinciden con la realidad actual, pues desde hace muchas décadas las mujeres han ingresado al mercado laboral por dos razones principales: primero, porque tienen derecho y quieren hacerlo; segundo, porque las necesidades económicas las obligan a hacerlo. No obstante, la desigualdad estructural basada en dichos estereotipos genera que millones de mujeres pasen la vida cubriendo la jornada laboral y la del hogar en condiciones extenuantes, con alto nivel de estrés y sin lograr completamente su cometido.
Para que las mujeres dejen de debatirse entre tener un buen trabajo con un buen salario y prestaciones, y la posibilidad de dedicar tiempo a la convivencia familiar y hacerse cargo de las responsabilidades de crianza; para que no se vean obligadas a optar por tener salarios más bajos o menores oportunidades de crecimiento a cambio de flexibilidad y apoyo para la maternidad y las responsabilidades vinculadas a ella: ¡hablemos de corresponsabilidad!
Desde GIRE trabajamos para transformar las condiciones que hacen que persistan las desigualdades de género que afectan en mayor medida a las mujeres y acompañamos casos de familias que han emprendido un camino de acceso a la justicia en el ámbito de la conciliación entre la vida laboral y la reproductiva. Con ello, buscamos abonar a la creación de una sociedad más igualitaria. Si deseas conocer más sobre nuestra labor en esta materia, consulta nuestro sitio web.