Convocados de México para el Mundial 2026: cuando el mensaje eclipsa a los protagonistas

Joel Aguirre · 3 de junio de 2026

Convocados de México para el Mundial 2026: cuando el mensaje eclipsa a los protagonistas

Por Rubén Alejandro Avendaño Bautista*

La presentación de los 26 jugadores convocados que representarán a México en el Mundial de 2026 debía ser un momento de afirmación, orgullo y confianza. Después de todo, se trata del grupo de futbolistas que tendrá la responsabilidad de representar al país en la Copa del Mundo que, además, tendrá a México como una de sus sedes.

Sin embargo, la conversación posterior al lanzamiento del video pareció concentrarse menos en los jugadores y más en la narrativa elegida para presentarlos. Y ahí es donde vale la pena detenerse.

Desde la comunicación estratégica, la pregunta más importante no es si una pieza audiovisual es emotiva o técnicamente sofisticada, sino si logra fortalecer el mensaje principal. En este caso, el objetivo parecía claro: presentar a los convocados. Paradójicamente, los convocados terminan siendo los personajes menos relevantes de la historia.

Durante gran parte del video se habla de México, de la unión, de la resiliencia, de la identidad nacional y de momentos difíciles que han marcado al país. Se construye una narrativa extensa sobre quiénes somos como sociedad, pero muy poco sobre quiénes son los futbolistas que llevarán la camiseta nacional.

El resultado es una pieza donde el contexto termina desplazando al mensaje principal

Otro elemento que genera cuestionamientos es la utilización de inteligencia artificial para recrear la voz de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Más allá de la discusión tecnológica, la decisión abre preguntas relevantes sobre la construcción simbólica de los mensajes.

¿Por qué recurrir a una figura fallecida para transmitir esperanza y orgullo nacional cuando existen miles de mexicanos y mexicanas contemporáneos que representan valores de esfuerzo, innovación, talento y superación en ámbitos como la ciencia, la cultura, el deporte, la educación o el emprendimiento?

La decisión parece reflejar una tendencia recurrente en la comunicación institucional mexicana: mirar hacia atrás para encontrar legitimidad emocional. La nostalgia es una herramienta poderosa, pero puede convertirse en una limitante cuando sustituye la capacidad de generar nuevos referentes. El problema no es Chespirito, sino lo que comunica la necesidad de recurrir a él.

También resulta cuestionable utilizar tragedias o momentos de profundo impacto social para construir una narrativa de unidad alrededor de un evento deportivo. La emoción necesita contexto, y la sensibilidad también.

Otro aspecto llamativo es la transferencia simbólica de responsabilidad que la narrativa parece depositar en la afición, en las familias y particularmente en los niños.

El mensaje insiste en que millones de personas estarán detrás del equipo, que el país acompañará a la selección y que la esperanza colectiva impulsará el esfuerzo de los jugadores.

Pero la pregunta inevitable es: ¿dónde queda la responsabilidad deportiva de quienes saltarán a la cancha?

La confianza en una selección no debería construirse únicamente desde la expectativa emocional de la afición, sino también desde los méritos, capacidades y compromiso de quienes la representan.

Resulta igualmente llamativo que la pieza cierre apelando a una cifra de 180 millones de mexicanos, cuando los datos demográficos actuales muestran una realidad distinta. Más allá de la precisión estadística, el recurso parece responder a una lógica donde el volumen emocional importa más que la exactitud del mensaje. Incluso aludiendo a los mexicanos que están fuera del país, no es un mensaje claro.

Cuando una marca atraviesa un momento de fortaleza, suele comunicar desde sus atributos presentes. Cuando enfrenta problemas de credibilidad, con frecuencia busca refugio en símbolos externos.

Las grandes selecciones suelen presentar a sus convocados mostrando a los jugadores, sus historias o el proyecto deportivo que representan. En cambio, la pieza mexicana parece buscar legitimidad en elementos externos: figuras del pasado, recuerdos colectivos y emociones históricas, como si el orgullo tuviera que venir de otros lugares y no del equipo mismo.

Quizá esa sea la reflexión más importante.

La comunicación no puede sustituir aquello que la realidad todavía no construye

Y cuando el mensaje necesita apoyarse más en la nostalgia que en los protagonistas, tal vez el problema no esté en la ejecución audiovisual, sino en la confianza que la marca intenta recuperar.

Porque, al final, una convocatoria mundialista debería hablar principalmente de los jugadores. Y en esta ocasión, se habló de casi todo… menos de ellos. 

Y, sin embargo, pese a todas estas contradicciones narrativas, hay algo que permanece intacto.

Cuando ruede el balón, millones de personas estarán atentas. Habrá familias reunidas frente al televisor, conversaciones en el trabajo, mensajes en grupos de WhatsApp y niños soñando con marcar el gol decisivo. Porque la emoción que despierta un Mundial trasciende a una convocatoria, una campaña o una estrategia de comunicación.

Quizás ahí reside la verdadera fortaleza del futbol.

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*Rubén Alejandro Avendaño Bautista es senior manager de Altazor Intelligence. Redes: @altazorintelligence